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lunes, 5 de julio de 2021

Raffaella Carrá: la comunista que nos enseñó el ombligo y el cerebro

En sus canciones habló de homosexualidad, sadomasoquismo, goce y alegría. En su discurso reivindicó a la clase obrera. En su vida fue un icono incomparable de carisma, rebeldía y libertad. “Yo siempre voto comunista. En un conflicto entre trabajadores y empresarios, siempre estaré del lado de los trabajadores”, dijo.


Por Lorena G. Maldonado

Raffaella Carrá no era una mujer, sino una fuerza de la naturaleza: se la recuerda siempre enérgica y vital, incombustible, divertida, arrolladora, sensual, expectorante. Con su sola presencia recordaba a los demás que a este mundo hemos venido un rato, que tenemos derecho a gozar, que hay que arrancarse la placenta del conservadurismo, de la frigidez y del aburrimiento. Raffaella vive en los karaokes y en las discotecas, en las pistas de baile, en cada rincón del planeta donde una mujer mueve las pestañas y desplaza el aire, en cada baldosa en la que una chica tiene ganas de juego y lo hace saber, sin pudores, con alegría, con encanto inconmensurable.

Igual hacía años que no la veíamos, pero estaba: estaba cada vez que sonaba “para hacer bien el amor hay que venir al sur” y cada vez que recordaba que “lo importante es que lo hagas con quien quieras tú”. Ojo: ese verso ya era de una vanguardia espectacular en 1978 aquí en España, con el cadáver de Franco aún caliente y quitándonos aún la costra de casi cuarenta años de represión sexual y de machismo truculento. Veníamos de un mundo, de un país, donde ser mujer significaba convertirse por siempre en un ser reproductor y tierno, cuidador y sumiso, entregado a la cocina, a la costura, a los afectos familiares: un ser sin cuenta corriente ni planes, sin sueños ni ideas propias. Sólo una mascota, ser mujer. Sólo un satélite del hombre, del marido, del macho.

En esas estábamos cuando la muerte del dictador en la cama vino a colindar con el poderío de la Carrá, que nos invitaba al colchón para hacer cosas mucho más interesantes que morirse: besar, tocar, disfrutar. “Por si acaso se acaba el mundo / todo el tiempo he de aprovechar / corazón de vagabundo / voy buscando mi libertad”, cantaba la tremenda hembra agitando esa melena mítica color platino. “Tuve muchas experiencias / y he llegado a la conclusión / de que perdida la inocencia / en el sur se pasa mejor”. Si lo decía ella, iba a misa. Bueno: a misa y a todas partes.

En las manifestaciones feministas modernas, las chicas emulan a Aitana y a Ana Guerra de OT cuando entonaban lo de “yo decido el cuándo, el dónde y con quién”, pero Raffaella ya lo cantaba cuando el placer de la mujer y su autonomía sexual parecían animales mitológicos. Trajo tal aire fresco a este país esclavizado y estrecho -que olía ya a smoking room- que nunca podremos agradecérselo lo bastante.

El primer 'no es no'

Sus guiños atraviesan los siglos: su “hazlo con quien quieras tú” es hoy el clarísimo -y no exento de polémica- “no es no”. Interesante que la canción que más le molestó al Vaticano fuese, sin embargo, Tuca Tuca. Aquel baile desprejuiciado, coqueto y ferozmente moderno que se marcó con el italiano Alberto Sordi les sonó a los religiosos como recién llegado del infierno. Cuando le vieron el ombligo, los obispos se arañaron la cara: qué era eso de que una mujer enseñase la tripita. Hábrase visto. Ella, sin inmutarse: melenazo parriba, melenazo pabajo. No sólo no se le dislocaba el cuello con aquellos giros letales, sino que cada vez tenía la cabeza mejor puesta. 

Peor se hubiesen puesto los clérigos si hubiesen entendido las líneas secretas de 03 03 456, donde se refería a la masturbación femenina -una canción que también molestó y fue castrada en varios países-: “Mi dedo está enrojecido de tanto marcar, se mueve solo sobre mi cuerpo y marca sin parar”, cantaba la Carrá, haciendo un símil hilarante entre el dedo cansado de llamar al tipo que no le hace caso y el dedo cansado ya de masturbarse buscando su propio goce.

Qué esperaban de una mujer que rechazó al mismísimo Frank Sinatra o que pasó de la tontería de Hollywood -empezaba a petarlo en películas americanas cuando asumió que ese mundo no era para ella-: “A las cinco de la tarde cerraban los estudios y se alcoholizaban. Me sentía marciana, muy incómoda”. Querían convertirla en la nueva Sophia Loren o en una renovada Gina Lollobrigida. “No bebo ni me drogo: Hollywood no era para mí”, disparó.

Viva el sado y la purpurina

Defendió un sexo rupturista y novedoso para el mundo de entonces: como cuando en Santo, Santo confesaba que su marido era muy aburrido en la cama y que ella necesitaba más juerga. “Santo es mi marido, sale muy temprano y cuando es de noche vuelve destruido. Cuando vuelve al hogar, se tiende, y a la hora de amar, se duerme. La macroeconomía es su pasión, santo, santo, ¡yo ya no aguanto más!, el santo me engañó, ¿dónde está el sadismo, dónde el masoquismo, lo que él me prometió?”. Espectacular.

El armario de Raffaella era un jaleo: venga rojo, venga brilli-brilli, venga purpurina, venga campana loca, venga top imposible. Lógico: una guerrera como ella necesitaba uniforme pa’ matar. Para derribar estereotipos. Para visibilizar el erotismo de la mujer sin negar o minimizar por ello su lucidez. Ella decía que el reto era enseñarles a los hombres que “al cuerpo femenino lo sujetaba una cabeza”; que el físico de la mujer estaba conectado al cerebro, que no eran dos mundos aparte. Que se podía ser sexy y ser audaz. Que se podía ser erótica y brillante. Que, por suerte, nunca hubo que elegir. “Aquello no iba sólo de mostrar mi cuerpo, era hacer entender que el cuerpo de una mujer siempre está unido a su cabeza. La sensualidad no está reñida con la inteligencia, la simpatía, la ironía…”, expresaba.

Esta idea la ejemplificó con su misma vida, sin ir más lejos: aunque empezase dedicándose a la danza y a la actuación, pronto fue reclutada por la televisión porque era todo un animal expresivo. No bastaba su cara bonita ni su cuerpo desencadenado: la gente quería escucharla hablar, desarrollarse, bromear, reír, dar espectáculo. Cómo no iba a dar espectáculo Raffaela, por otra parte, si ella era su propio show andante. Con todo, nunca se dejó embaucar por las mieles de la pequeña pantalla. Nunca se doblegó, no le pudo la ambición. No entregó su vida a los focos. Fue siempre su jefa y la jefa de cualquiera que se le pusiera al lado.

Empleada de nadie

Así lo contaba en una entrevista: “Soy una mujer muy libre. Yo nunca he sido una empleada de la televisión. Cuando empecé mi carrera en los setenta y tuve mi primer gran éxito yo trabajaba haciendo un programa un año y retirándome a descansar durante dos. Y mis compañeros hombres me decían: "Si te vas, Rafaella, alguien tomará tu sitio". Y yo les decía: pues que lo tomen”, reía. “Una mujer puede desgastar su imagen más rápidamente porque siempre tiene que innovar con sus trajes, sus canciones… Es mucho más complicado que para un hombre. Esta vida de ir y volver era como tener un amante que cuando estaba, entraba en la familia. Pero luego se iba, porque yo no era una mujer casada con nadie”.

Siempre se sintió orgullosa de rechazar, desde sus inicios hasta hoy mismo, la idea del matrimonio. Quería tener un nombre y un apellido propio, no ser jamás “la esposa de”. “Prometer que vas a amar a alguien toda la vida es una promesa demasiado grande. Y yo odio romper promesas. Y a los abogados”, lanzaba. Viajaba. Aparecía y desaparecía, como el Guadiana. No daba explicaciones a nadie. Y siempre procuraba, ante todo, pasárselo en grande: ¿es que acaso estamos aquí para otra cosa?

Icono gay y comunista

La Carrá se convirtió en un icono gay no sólo por sus looks felizmente estrafalarios ni por su canto a la vida y a la libertad -como en Explota, explota; Rumore o Far l’Amore-, sino también por un tema llamado Lucas, revolucionario cuanto menos para la época -lo sacó en el año 1978-. Ahí hablaba de cómo se había enamorado de un chico que resultó ser gay. Todo esto lo contaba veladamente, claro. “Una tarde desde mi ventana / le vi abrazado a un desconocido / no sé quién era / tal vez un viejo amigo / desde ese día nunca más le he vuelto a ver”. Hablaba con ternura de ese modelo de hombre que aún no podía salir del armario y que tenía que fingir -engañándose a sí mismo o a los demás- que le gustaban las chicas. Hasta que un día, por fin, se dejaba ser, como en el Son amigos que cantaba Miguel Bosé también en esos tiempos. Irreverente.

Todo lo que tocaba Raffaella lo volvía viral incluso antes de que existiese el concepto “viral”. Triunfó en sus películas, en sus giras, en su papel de showgirl, en los programas de televisión que giraban alrededor de su figura carismática, divina y liberada: fue la chica favorita de España en los ochenta, y en Italia las familias enteras se reunían alrededor de la mesa para escucharla hablar, como a una profeta glam, pero, sin embargo, transversal. Con una rebeldía única que apelaba igual a la abuela que al niño. Se reconocía como una “adelantada a su época”.

Siempre se involucró, Raffaella. Siempre se mojó cuando a nadie le apetecía hacerlo. Y no sólo en lo que a feminismo se refiere, sino en cuanto a los derechos de la clase trabajadora: “Yo siempre voto comunista. En un conflicto entre trabajadores y empresarios, siempre estaré del lado de los trabajadores”. Se preocupaba con fruición de las condiciones en las que curraban sus bailarinas y bailarines. “Ser comunista implica un modo de vida y una responsabilidad muy grande”, alegó. No ha habido nadie que la haya desdicho hasta hoy. Raffaella nos enseñó el ombligo cuando nadie había visto uno. También la garganta, la palabra, la alegría, y el cerebro -cuando del cerebro femenino se cuestionaba hasta su existencia-. Ciao, bambina. Te echaremos siempre de menos.

martes, 28 de noviembre de 2017

Yashin

"Siempre vestido de negro, tenía un estilo despojado, una elegancia desnuda que desdeñaba la espectacularidad de los gestos que sobran"



Por Eduardo Galeano

Lev Yashin tapaba el arco sin dejar ni un agujero. Este gigante de largos brazos de araña, siempre vestido de negro, tenía un estilo despojado, una elegancia desnuda que desdeñaba la espectacularidad de los gestos que sobran. Él solía parar los disparos fulminantes alzando una sola mano, tenaza que atrapaba y trituraba cualquier proyectil, mientras el cuerpo permanecía inmóvil como una roca. Y sin moverse, también podía desviar la pelota con sólo echarle una mirada.

Se retiró del fútbol varias veces, siempre perseguido por las aclamaciones de gratitud, y varias veces volvió. Otro como él, no había. Durante más de un cuarto de siglo, el guardameta ruso detuvo más de cien penales y salvó quién sabe cuántos goles hechos. Cuando le preguntaron cual era su secreto, respondió que la fórmula consistía en fumarse un cigarrillo para calmar los nervios y echarse un trago fuerte para entonar los músculos.

*De "El fútbol a sol y sombra"

miércoles, 26 de abril de 2017

El estadio Amsterdam Arena se llamará Johan Cruyff Arena

El cambio de nombre es un tributo al legendario jugador y entrenador holandés, que nació en Ámsterdam y se convirtió en uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos


El Amsterdam Arena cambiará su nombre por el de Johan Cruyff Arena en honor a la estrella holandesa que falleció en 2016 y que fue uno de los mejores jugadores en la historia del fútbol.

Este cambio de denominación fue presentado el día en el que Cruyff hubiera cumplido 70 años. La directiva del Amsterdam Arena, la directiva del AFC Ajax y el alcalde de Ámsterdam llegaron a un acuerdo el martes. Cruyff falleció en marzo de 2016.

Es un tributo al jugador nacido en Ámsterdam, uno de los hijos pródigos de la ciudad holandesa. En el comunicado del AFC Ajax es descrito como "el mejor jugador de Ámsterdam y de Holanda".



Cruyff, Jugador Europeo del Año en 1971, 1972 y 1974, siempre será recordado como el arquitecto de "fútbol total" que hizo triunfar al Ajax y a la selección holandesa a principios de los años 70.

Jugó en dos ocasiones en el Ajax y en el Barcelona, entre otros equipos. Anotó 392 goles en 704 partidos. Ganó la Copa de Europa tres años consecutivos en 1971, 1972 y 1973 y una serie de títulos domésticos antes de retirarse en 1984.

Con Holanda jugó 48 partidos y anotó 33 goles. Fue el capitán de su selección en la Copa Mundial de la FIFA de 1974, en la que llegó a la final antes de caer ante la República Federal de Alemania. En el Jubileo de la UEFA de 2004, la Real Federación Holandesa de Fútbol (KNVB) lo eligió como Jugador de Oro de Holanda.

Como entrenador levantó la Recopa de Europa de la UEFA de 1987 con el Ajax y la Copa de Europa de 1992 con el Barcelona.

En 2013, la UEFA le otorgó en reconocimiento a su contribución al fútbol europeo el Premio Presidente de la UEFA.

En agosto de 2013, la Fundación Johan Cruyff recibió el Premio Benéfico Mónaco de la UEFA de un millón de euros. Ha sido utilizado para promover el bienestar mental y físico de niños y jóvenes.

Tomado de http://es.uefa.org/member-associations/association=ned/news/newsid=2462365.html

jueves, 16 de febrero de 2017

Que se haga el busto de Camilo Torres

El Concejo de Bogotá ordenó en 1970 construir un busto de Camilo Torres Restrepo en su homenaje. "Puede ser un referente para la paz que está por construirse con el ELN", sostiene Antonio Sanguino


Por El Espectador

Se abre una posibilidad de que se haga cumplir el Acuerdo N° 22 de 1970, aprobado por el Concejo de Bogotá y a través del cual se ordenó construir en el barrio La Soledad un busto al sacerdote Camilo Torres Restrepo, sociólogo y miembro fundador de la guerrilla del ELN, para honrar su memoria.

Uno de ellos es Antonio Sanguino, desmovilizado del ELN y hoy concejal de Bogotá por la Alianza Verde, quien envió un derecho de petición al alcalde Enrique Peñalosa para preguntar por qué no se ha cumplido este mandato luego de 47 años.

“La figura de Camilo Torres Restrepo tiene todos los méritos para gozar del reconocimiento que le hizo el Concejo de Bogotá hace 47 años y ese acuerdo no lo pueden seguir desacatando, tanto por razones históricas como por razones legales. Por eso pedimos al alcalde que nos informe sobre el estado de cumplimiento del acuerdo y las decisiones que la administración tiene previstas para cumplirlo”, explicó el concejal.

Agregó que, de no existir planes para hacerlo, acudirá al Tribunal Administrativo de Cundinamarca para que los magistrados lo hagan cumplir, como lo disponen las normas legales del país y de la ciudad. “No estamos haciéndole un homenaje a la violencia. Camilo Torres puede ser un referente para la paz que está por construirse con el ELN”, anotó Sanguino.

Por su parte, el concejal Hollman Morris (Movimiento Progresistas) se sumará a esta cruzada, pues considera importante que se cumpla el acuerdo para reivindicar voces alternas a la memoria oficial de Bogotá. “Un principio de reconciliación es reconocer la memoria de todas las voces que desde diferentes sectores aportaron a la construcción del país. El legado del cura Camilo sigue vigente”, indicó.

Por su parte, el exconcejal Carlos Bula, uno de los impulsores del acuerdo hace 47 años durante su militancia en la Anapo (Alianza Nacional Popular), pide al Distrito que se le dé cumplimiento el acuerdo como un gesto para encontrar la paz en el país. “Nadie podrá negar que Camilo es símbolo puro de la juventud colombiana, juventud tantas veces frustrada en la realización de sus ideas y sus ideales”, concluyó Bula.

El sacerdote Camilo Torres Restrepo fue un personaje clave para la política colombiana en la década del sesenta y que representó el descontento de la juventud nacional con la exclusión política que produjo la instauración del Frente Nacional. Además, fue un reconocido investigador social, egresado de la Universidad Católica de Lovaina y fundador en Colombia del primer Departamento de Sociología junto al investigador Orlando Fals Borda.

Fue profesor y capellán de la Universidad Nacional y docente de la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP). Además, realizó una amplia labor pastoral en las zonas marginales de la ciudad. Esta semana, que se cumplen 51 años de su muerte, en la capital se han realizado diversos eventos para resaltar su memoria, como el lanzamiento del libro "Camilo, entonces y ahora frente a creyentes y agnósticos" de Javier Giraldo.

viernes, 21 de octubre de 2016

Así fue el bautizo de la “Plaza Che Guevara”

El profesor Carlos Medina Gallego, en su novela “Al Calor del Tropel”, plasma la cotidianidad del movimiento estudiantil de los años 70. En uno de sus pasajes, narra cómo fue renombrada la plaza central de la Universidad Nacional de Colombia:


En los costados de la Plaza Francisco de Paula Santander, los estudiantes le maman gallo a su inmadurez y aburrimiento. Son algunos de los que bautizaron esa misma plaza “Che Guevara”.

No obstante, allá sobre el pedestal de concreto, como una venganza, el general los mira y se ríe, parece tener, a flor de labios, la frase célebre de “las armas nos dieron la independencia, las leyes nos darán la libertad”.

— “Una libertad que los estudiantes vemos cada día más lejos, más difícil de alcanzar porque el único presupuesto con que se cuenta para ello es el hambre, el analfabetismo, la insalubridad, el frío que produce la falta de vestido y vivienda. Y coma mierda, con eso nadie construye nada, ni una revolución porque se necesita además tener ideas”... había dicho Antonio una tarde sentado en uno de los costados de la plaza. Ese muchachito tierno que, apenas despuntando la vida, cambió la academia por la política, para convertirse, con el tiempo, en una carga de conciencia para aquellos que fueron sus amigos de conspiración, pero que no quisieron convertirse en sus compañeros de lucha...

— “Porque hermano, una cosa es trompiar acá con la policía y la otra es irse a mamar hambre al monte, nosotros no estamos para eso, hay cosas en las que uno no se debe meter y esa es una de ellas, acá uno tiene el merco y un cuarto donde arruncharse, allá se tiene a toda hora la repre a las espaldas...” aseguraba el santandereano una noche discutiendo en
residencias sobre cuál debía ser el papel del estudiante en el proceso de cambio social.

— Mire Antonio -le dijo- yo creo que uno cumple su papel acá a través de la denuncia y la agitación... el monte es para verracos, no para nosotros que somos unos habladores de mierda; que hacemos cosas para cumplir con nosotros mismos, pero hay veces que hasta una pedrea nos queda grande...

— Yo no estoy diciendo que nuestra participación en el proceso tenga que ser necesariamente en el monte, no. Nosotros podemos participar acá, desde la Universidad, pero hacerlo correctamente, creo que debemos pasar de la edad de piedra a la edad de la razón... hay que crear en la gente necesidad de organización, sentimientos de unidad...

— No hermanito... lo que pasa es que usted se nos está mamertiando.

— Pues si plantearse el problema de la organización es mamertiarse... me mamertié y listo.

Después de aquella noche nadie lo volvió a ver. Una tarde llego el negro hasta el sitio en que acostumbraba a reunirse el grupo: un árbol inmenso en una de las esquinas de la plaza. Allí, en torno a la sombra que producía, se sentaban a conversar; traía el periódico debajo del brazo y se le veía consternado; todos comenzaron a hacerle bromas que él pasó por alto, de repente dijo:

— Mataron a Antonio -y les entregó el periódico- los que nos mamertiamos fuimos nosotros, completó mientras miraba a Santander que parecía no importarle lo que sentía.

Días después llegó un Juglar a la plaza; traía el rostro pintado de color blanco y rosado, llevaba el overol con que acostumbraba trabajar, lo estudiantes comenzaron a acercarse al lugar que escogió para la función: una plataforma de concreto en mitad de la cual se levantaba el pedestal que sostenía el Santander de bronce; comenzó el espectáculo con un par de mimos que arrancaron carcajadas a los estudiantes... la plaza se fue llenando cada vez más.

La Mona descolgó la bocina, introdujo la moneda y marcó un número telefónico que tenía apuntado en un papel pequeño.

— Aló, ¿Automóvil Club de Colombia? Sí, miré señor, por qué no me hace un favor, me quedé varada acá en la autopista El Dorado, frente al ICA y no quiero dejar el carro por acá botado, porque está cerca a la Universidad y usted sabe cómo son los estudiantes. ¿Usted sería tan amable de mandarme una grúa para llevar el auto al taller?... sí, sí señor, claro que
estoy afiliada... ¿De verdad? ¡Ay! qué alegría, no sabe cuánto le agradezco, es usted muy amable... Sí, yo la espero... ¿Tarda mucho?... ¡Ah! bueno... muchas gracias, hasta luegüito... -Colgó la bocina y caminó dos cuadras hasta encontrar otra cabina telefónica y marcó un nuevo número.

— Aló... sí, mire señor, usted sería tan amable de enviarme una grúa a la calle 26 con carrera 40... sí, frente al ICA, bueno yo la espero, muchas gracias. -La Mona colgó el auricular y miro justo al frente de donde se encontraba; un pequeño grupo de estudiantes estaba sentado sobre el prado conversando animadamente; atravesó la calle y fue hasta ellos, al llegar al sitio comentó:

— En diez minutos deben estar llegando.

El juglar trepó al pedestal y se colocó sobre los hombros de Santander, sacó un pañuelo y se hizo el que lo sonaba, luego metió el dedo en la oreja y lo agitó como para remover la cera, mímicamente se dio a la tarea de llenar un tarro con la cera que supuestamente iba extrayendo de los oídos del General.

"Ahí viene", señaló la Mona. Los estudiantes se incorporaron; ella se adelantó para hacerle el pare; la grúa se detuvo y en cuestión de segundos el chofer se vio rodeado de estudiantes que le obligaron a abandonar el volante del carro con la amenaza de "armas" que insinuaban debajo de periódicos y chompas. Un estudiante tomó la cabrilla y condujo el vehículo con el conductor hasta el interior de la Universidad. En el momento que la grúa irrumpió en la plaza, el Juglar tenía de caballito a Santander. Los estudiantes reaccionaron sorprendidos al ver la grúa desplazarse sobre la plaza hasta localizarse cerca de la estatua. Un estudiante la envió un lazo al Juglar para que la amarrara, éste la ató por el cuello, y descendió del pedestal. El carro comenzó a halar. La cabeza de Santander, con leyes y todo, se vino al piso, pero el cuerpo quedó en el lugar en que se encontraba.

El juglar subió nuevamente y amarró las cadenas de la grúa a la cintura de Santander, el chofer tomó el mando del vehículo y comenzó a halar lentamente hasta que Santander se vino al suelo, “sáquenlo a la veintiséis”, gritaban los estudiantes, y así lo hicieron. Santander fue izado en el puente peatonal de la Universidad sobre la autopista El Dorado y la plaza dejo de llevar su nombre para llamarse “Che Guevara”.

*Fragmento del libro “Al calor del Tropel”, de Carlos Medina Gallego

domingo, 9 de octubre de 2016

Monika Hertl, “la vengadora del Che Guevara”

La historia de la mujer que vengó el vil asesinato de esos grandes dirigentes revolucionarios, el Che Guevara e Inti Peredo


Por Hernando Calvo Ospina*

El coronel boliviano Roberto Quintanilla le hizo amputar las manos al recién asesinado Ernesto “Che” Guevara. Fue un terrible ultraje el que cometió ese 9 de octubre de 1967. Por ello se convirtió en el hombre más odiado de la izquierda en el mundo. Que en esa época era numerosa y radical.

Dos años después, el 9 de septiembre, le rompió la columna vertebral a culatazos al detenido Guido “Inti” Paredo, antes de asesinarlo. Inti, uno de los cinco sobrevivientes de la guerrilla del Che en Bolivia, era líder guerrillero.

Temiendo por su vida, el gobierno lo nombró cónsul en Hamburgo, Alemania.

El 1° de abril de 1971, hacia el medio día, fue ejecutado. Una elegante mujer en falda, esbelta, con una peluca rubia y de lentes le pegó tres tiros. Murió al instante. Para pedir la cita, ella se hizo pasar por australiana en busca de información turística. El mismo Quintanilla la atendió en su oficina. Luego de un forcejeo con la ya viuda, escapó sin dejar pistas certeras. Antes de salir del edificio soltó la peluca, el revólver y el bolso. Este contenía un trozo de papel donde se leía: “Victoria o muerte. ELN”.

La noticia dio la vuelta a la tierra. Muchísimos la celebraron. Una mujer en alguna parte dijo: “Para la venganza ningún camino es largo”

Por simple sospecha, la policía alemana sindicó a Monika Ertl. La gran prensa, como siempre, repitió y repitió. Entonces empezó la cacería.

Ella había llegado a Bolivia en 1953, cuando tenía quince años. Llegó con su madre y hermanas para juntarse a su padre Hans. Este llevaba tres años en Chiquitania, a unos cien kilómetros de Santa Cruz. Ahí, en esas planicies casi vírgenes, que hacen frontera con Brasil, se sintieron como conquistadores.

Hans, en particular, estaba escondido. Huido. Como fotógrafo y cineasta, durante la Segunda Guerra Mundial había sido uno de los grandes propagandistas del nazismo. Se le conocía como “El Fotógrafo de Rommel”, por haber servido mucho tiempo a este mariscal, uno de los hombres más poderosos del Tercer Reich.

Cuando las tropas soviéticas entraron a Berlín el 2 de mayo de 1945, derrotando a las nazis, Hans pudo huir ayudado por los servicios de espionaje militar estadounidenses y el Vaticano. A cambio, entregó la información que tenía.

No se sabe cómo él había adquirido tres mil hectáreas de terreno, pues cuando llegó a Bolivia su tesoro era una chaqueta. Era la misma que portaban los oficiales nazis, diseñada y fabricada por quien llegaría ser mundialmente famoso: Hugo Boss. Sus máquinas las operaban prisioneros franceses, principalmente.

Monika, entonces, había vivido su niñez entre la efervescencia del nazismo. Ahora, en Bolivia, como adolescente, su mundo debió ser totalmente diferente. Pero socialmente no lo fue tanto, porque su hogar era un ir y venir de nazis prófugos, aunque protegidos por Estados Unidos.

Monika se casó en 1958 con otro alemán y se fueron a vivir al norte de Chile, cerca a las minas de cobre. Casi diez años soportó la vida de hogar. Ver las desventuras de los mineros le hizo cambiar su visión del mundo y sus humanos. Se fue a vivir en La Paz y fundó un hogar para huérfanos. Crecida entre racistas, pasó a convivir en las comunas repletas de indígenas.

También empezaron sus contactos con la izquierda boliviana. Viajando en busca de financiamiento para su proyecto, hizo estrechas relaciones con la europea, principalmente alemana. Según su hermana Beatrix, Monika era “una mujer eléctrica con mucha adrenalina, que tenía un amplio abanico de amistades”.

Para ella el Che Guevara “había sido un Dios”, contó Beatrix. Su asesinato le había impactado y dolido terriblemente. Por tanto su integración al Ejército de Liberación Nacional, ELN, fue normal: había sido la guerrilla del Che. No fue una combatiente sino una miliciana encargada de apoyo logístico, tarea que implica más riesgos que estar en la montaña. Su nombre de guerra era “Imilla”, que en idioma aimara significa “niña india”.

Contó su hermana: “ella estaba decidida a cambiar el mundo”.

Desde un comienzo sus posiciones políticas le trajeron desacuerdos con el padre. A pesar de ello, él le permitía que usara una gran casa que la familia tenía en la capital. Lógicamente, ella la utilizó para esconder armas y guerrilleros. El día que Monika fue hasta “La Dolorosa”, como se llamaba la hacienda, a pedirle que le dejara construir ahí un campo de entrenamiento, Hans le ordenó que se largara para siempre. Durante los cuatro años de clandestinidad, le escribió a su familia solo una vez por año. Siempre les dijo que estaba bien. En 1969 fue su último correo: “Adiós, me voy y no me verán nunca más”. Así fue.

La casa de La Paz escondió a Inti Paredo. También fue testiga regular del apasionado romance que Monika mantuvo con el dirigente guerrillero. El se convirtió en su gran amor.

Desde la ejecución de Quintanilla ella pasaba más tiempo por fuera de Bolivia, especialmente en Cuba y Francia. Tenía un pasaporte argentino falso. A pesar de que varios servicios de inteligencia estaban tras su pista, encabezados por los alemanes y la CIA, se movía con cierta facilidad.

El ministro del Interior boliviano ofreció por ella una recompensa más alta que la prometida por el Che Guevara. Una vez el padre vio el cartel con los “terroristas” más buscados, así como su precio. Ella estaba. Dicen que eso le causó profunda vergüenza.

Había un hombre que la conocía muy bien: era el “Tío Klaus”. Así su padre le había enseñado a llamar a ese hombre que se decía comerciante y de apellido Altmann. Monika tardó muchos años en saber que su verdadero nombre era Klaus Barbie, un “criminal de guerra”. En 1943, durante la Segunda Guerra Mundial, había sido jefe de la tenebrosa Gestapo de Hitler en la ciudad francesa de Lyon. Torturó, asesinó o envió a los campos de concentración a unas cuatro mil personas. Por su crueldad se le llamó “El Carnicero de Lyon”. Al finalizar la conflagración los servicios de seguridad franceses lo quisieron detener, pero se había esfumado. Es que lo protegía un gran poder: la contrainteligencia del Ejército estadounidense (Counter Intelligence Corps, CIC). El asesino era importante por todo lo que sabía del espionaje soviético y de la resistencia organizada por el Partido Comunista francés. El CIC adujo que lo realizado por Barbie solo habían sido “actos de guerra”.

Con la ayuda del Vaticano, en 1951 fue enviado a Argentina, de donde pasó a Bolivia. Ahí obtuvo la nacionalidad, convirtiéndose en brazo derecho de la CIA y asesor de las dictaduras. Sí era un “comerciante”, como se le contaba a Monika, pero de cocaína y armas.

“Barbie sabía todos los movimientos de mi hermana, los tenía bien estudiados”, contó Beatrix. Claro, con los contactos que tenía era normal, pues se asegura que también colaboraba con la policía secreta alemana. Desde que Monika salió de Europa la última vez, e ingresó a Bolivia, venía siendo seguida.

Parece que durante unos pocos días Barbie le perdió el rastro en La Paz. Hasta que el criminal la volvió a ubicar en el centro de la ciudad. Ella iba vestida como una hippie o una gitana. El la reconoció por sus piernas esbeltas y desgarbadas y los lóbulos alargados de las orejas. Inmediatamente llamó al Ministerio del Interior para que se encargara del resto. Entonces se envió a los “negros”, como se le decía a los matones encargados del trabajo sucio.

Monika estaba acompañada de un argentino. Cuando llegaban a la casa de su padre una vendedora les advirtió del peligro: el lugar estaba allanado y el sector militarizado.

Tres días después, en El Alto, un municipio colindante con la capital, los ubicaron. Era el 12 de mayo de 1973. Aunque había sido una casa de seguridad, clandestina, estaba localizada por la policía. La guerrillera y su compañero resistieron el asalto hasta que se les acabó la munición. La policía informó que habían muerto en el combate. Años después, el padre dijo que a ella la habían torturado antes de asesinarla.

La familia se enteró por la prensa, pues fue portada en todos los diarios y noticieros. Las hermanas se comunicaron con la embajada alemana para reclamar el cadáver: apenas se movieron. Se contentaron con la respuesta del Ministerio del Interior: “ella tuvo cristiana sepultura”. Igual se les dijo a ellas. El padre no quiso mover un dedo.

Hasta hoy el cuerpo está desaparecido. Tan solo existe una placa rustica a la entrada de un cementerio en La Paz que dice: “Aquí yace Monika Ertl”.

Cuenta Beatrix que un día vio a Barbie en la calle. “Me saludó atentamente y dijo ‘qué pena lo que le sucedió a tu hermana, lo siento’. Yo ni sentí rencor hacia él. Solo queríamos su cadáver […] Yo no supe si fue él el que la mandó a asesinar”.

Barbie, al fin, fue extraditado a Francia en febrero de 1983. Murió encarcelado el 25 de septiembre de 1991.

Monika vengó el vil asesinato de esos grandes dirigentes revolucionarios, el Che e Inti, quienes también eran sus héroes. El fiscal de Hamburgo la acusó, pero cerró el caso sin poderlo resolver.

Cuando asesinaron a la guerrillera, gobernaba en Bolivia el dictador Hugo Banzer. Por coincidencia, él era vecino de los Ertl en la hacienda. El padre nunca quiso preguntarle por el cuerpo de quien un día fuera su hija preferida. Cuando no podía evadir el tema, solo decía: “si la mandó a matar, habrá tenido sus razones”.

*Periodista y escritor. Este texto hace parte del libro “Latinas de falda y pantalón”. Ediciones El Viejo Topo, Barcelona, 2015

martes, 7 de junio de 2016

Mohamed Ali, el activista

Objetor de conciencia contra la guerra de Vietnam y luchador contra la discriminación racial, fue tan certero con sus palabras como con sus puños


Falleció en Phoenix (Estados Unidos), a los 74 años de edad, el boxeador más destacado y reconocido de la historia. Nacido en Kentucky en 1942, fue llamado Cassius Clay, nombre que después cambió al de Mohamed Ali porque consideraba que el otro era “de esclavo”.

Fue campeón olímpico en 1960 y tres veces campeón del mundo de los pesos pesados, por lo que se convirtió en una leyenda del deporte, aunque no sólo se le reconoce por su carrera pugilística sino también por su activismo social.

En 1964, cuando ganó su primer título mundial, se convirtió en musulmán, se cambio de nombre e ingresó al movimiento “Nación del Islam”, que lideraba Malcolm X y que proponía la liberación de los guetos negros y el fin de la segregación racial. Ali consideraba que no podía profesar la misma religión de aquellos que habían esclavizado al pueblo afrodescendiente.

En sus primeros años de profesionalismo, venció a los principales boxeadores estadounidenses, incluyendo a Jerry Quarry, considerado “el orgullo de la América blanca”, en una pelea disputada en el Madison Square Garden de Nueva York.

Con sus victorias generó la fascinación de los espectadores, que admiraban su peculiar estilo de pelea. Ali combinaba un rítmico juego de piernas con un golpe demoledor. “Flotar como mariposa y picar como abeja”, era su consigna.

En 1967 fue otro hito en su carrera, cuando se negó a ingresar al Ejército, que en ese momento reclutaba jóvenes estadounidenses para llevarlos a luchar en la Guerra de Vietnam. La justicia lo condenó por insumisión y las autoridades deportivas lo expulsaron del boxeo y lo despojaron de su título.

A pesar de estar en el mejor momento de su carrera, Ali fue irrestricto en su postura de rehusarse a participar en una guerra contra los vietnamitas, “con los que no tengo problemas”, dijo el boxeador. Esto lo convirtió en figura de la objeción de conciencia y del movimiento antibélico. Por el caso ganó una histórica demanda en la Corte Suprema de Justicia. Luego de tres años fuera de los cuadriláteros, pudo regresar al boxeo.

En los años 70 llegó a la cima de su carrera con un combate ante George Foreman celebrado en Zaire, el 30 de octubre de 1974. En el vuelo antes de llegar a Kinshasa preguntó qué era lo que más odiaban en ese país. Le dijeron que a los belgas porque fueron quienes los colonizaron. Al llegar al aeropuerto dijo “Foreman es belga” ante la multitud que lo aclamó.

Con los aficionados de su lado, superó a Foreman en una histórica pelea y recuperó el título mundial, que defendió en cinco ocasiones consecutivas. Sólo lo perdió en 1978 ante Leo Spinks, a quien sin embargo venció en una revancha ese mismo año.

En ese momento optó por el retiro, en momentos en que los numerosos combates en los que participó le generaron graves problemas de salud. Excepcionalmente disputó otras peleas, hasta que colgó definitivamente los guantes en 1981. Luego se le diagnosticó Parkinson, una enfermedad degenerativa del sistema nervioso, que según los médicos fue causada por el boxeo.

A pesar del dinero y la fama que acumuló por dos décadas, siguió defendiendo la igualdad racial y los valores del Islam. En noviembre del 2002 visitó Afganistán como “Mensajero de paz” de las Naciones Unidas, en momentos en que Estados Unidos ocupaba ese país.

A Colombia vino en 1977 para disputar una pelea benéfica por la que no cobró un peso. También se reunió con Fidel Castro y fue muy cercano a Malcolm X, el asesinado activista estadounidense que inspiró a los “Panteras Negras”, movimiento de resistencia en esa nación.


Recibió el Premio Jalil Gibran del Instituto Árabe-Americano por su obra en favor del mundo en desarrollo y la Medalla por la Paz “Otto Hahn”, otorgada en Berlín. También inauguró en Louisville, su ciudad natal, un Centro que lleva su nombre para promover ideales humanitarios y culturales.

El Parkinson le paralizó el rostro y le puso las manos temblorosas. Pese a ello, encendió la llama olímpica en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, e impulsó una ley de reforma del boxeo que recibió su nombre.

A pesar de los estragos que su carrera deportiva causó en su salud, nunca renegó de ella ni se quejó por su situación. “Un hombre que no tiene el coraje de arriesgarse no logra nada en su vida”, dijo.

Con sus fuertes puños y sus polémicas palabras, se ganó la simpatía a lo largo de todo el mundo. Se convirtió en símbolo de las décadas de 1960 y 1970, de la lucha por los derechos civiles y de la oposición a la Guerra de Vietnam. Todo un campeón de los pueblos.

Oficina de Prensa Marcha Patriótica

viernes, 14 de noviembre de 2014

Rodolfo Walsh y la prensa proletaria

El periodista argentino impulsó varios proyectos informativos al servicio del pueblo que se convirtieron en referentes de la comunicación alternativa


Camilo Rueda Navarro

Rodolfo Walsh (1927-1977) fue un escritor, periodista y combatiente argentino desaparecido por la última dictadura militar gaucha. Sobresalió por su trabajo literario y por sus investigaciones “Operación Masacre” y “¿Quién mató a Rosendo?”, presentadas en formato de novela de no ficción, precursoras del “Nuevo Periodismo”.

Pero además de su obra literaria y sus destacados escritos, Walsh emprendió a lo largo de su vida varios proyectos de prensa proletaria, en particular durante su militancia en organizaciones peronistas en los últimos años de su vida. A pesar de su corta duración, fueron experiencias valiosas que aún sirven como referente para el periodismo alternativo y popular.

Además de Prensa Latina, la agencia creada en Cuba junto con otros periodistas como Jorge Masetti y Gabriel García Márquez, Walsh participó de proyectos como el Semanario CGT, el diario Noticias y la agencia Ancla.

El “Semanario CGT” 

El primero de mayo de 1968 nació el Semanario CGT, un periódico ideado por la Confederación General del Trabajo de los Argentinos (CGT de los Argentinos o CGTA) que aglutinaba al movimiento sindical que se negó a pactar con la dictadura de Juan Carlos Onganía.

Bajo la dirección de Walsh, el semanario se concibió como “el órgano de los trabajadores, con el que los trabajadores deben colaborar, enviando sus noticias, sus quejas y sus denuncias, colaborando para que llegue, como sea, al último rincón de la República”.

El Semanario CGT buscó ser una publicación con un diseño atractivo para el lector y que no apelara al lenguaje del panfleto para comunicarse con el pueblo trabajador.

Se buscaba una prensa “que estuviera bien escrita y mejor diagramada y sobre todo, que cada número no fuera un inventario de denuncias sino un testimonio de los hechos y del proceso histórico que los gesta”, explica Lilia Ferreyra, viuda de Walsh, sobre la experiencia de ese semanario.

Dicho periódico circulaba todos los jueves a un precio popular y en cada número Walsh publicaba los avances de sus investigaciones periodísticas, como el artículo “¿Quién mató a Rosendo García?”, una pesquisa que después se convertiría en uno de sus grandes trabajos.

Esos textos se convirtieron en el libro “¿Quién mató a Rosendo?” (1968), en el que Walsh relata el asesinato de Rosendo García, dirigente de la Unión Obrera Metalúrgica, ocurrido el 13 de mayo de 1966 en la confitería La Real, en la localidad de Avellaneda. Gracias a su investigación de los hechos y al testimonio de sobrevivientes, señaló al dirigente gremial Augusto Timoteo Vandor como responsable.

Pero el Semanario CGT no estaba exento de los problemas y las contradicciones políticas que vivía el movimiento obrero. El peronismo recomendó desmontar la CGT de los Argentinos, que luego terminaría aislada políticamente hasta su disolución, suerte que también corrió su semanario.

El diario “Noticias” 

En 1972, Walsh decide vincularse a las organizaciones politicomilitares de la izquierda peronista. Militó primero en las Fuerzas Armadas Peronistas y luego en los Montoneros.

Al año siguiente surge la ocasión de conjugar su oficio militante con el oficio periodístico. Se trata del proyecto de crear un periódico peronista, el diario Noticias, con el que se buscaba ganarle lectores a las grandes publicaciones y constituirse en una herramienta política amplia con una mirada de izquierda.

“La idea era sacar a la calle un producto bien editado, que fuera más allá de los tópicos de la militancia y pudiera meterse como una cuña en los problemas cotidianos del común de la gente”, registran los periodistas Hugo Montero e Ignacio Portela en su libro “Rodolfo Walsh: los años montoneros”.

Noticias vio la luz el 21 de noviembre de 1973 gracias a la labor de un equipo integrado por Walsh, Juan Gelman, Horacio Verbitsky y Francisco Urondo, entre otros.

Walsh tenía bajo su cargo la sección de Policiales, donde trataba temáticas como el surgimiento de las bandas paraestatales como la Alianza Anticomunista Argentina o “Triple A”, o la asistencia técnica y financiera que adelantaba la CIA en el país.

En Noticias, Walsh implementó algunos criterios periodísticos de interés, como los siguientes: a excepción de las columnas de opinión, las notas no iban firmadas y generalmente eran de construcción colectiva.

Además, la consigna para todo su equipo era salir a la calle y cotejar los datos con los partes policiales y los cables de las agencias de prensa, identificando contradicciones.

A la hora de redactar, evitaba las oraciones largas y rebuscadas. Más bien apelaba al mensaje conciso y directo, dejando el dato novedoso en la cabeza de la noticia. También eliminaba todas las metáforas e hipérboles en busca de un lenguaje directo y nítido, pues se trataba de llegar al público más popular posible.

Noticias llegó a tener un tiraje de 100.000 ejemplares, pero empezó a ser blanco de la guerra sucia. Una bomba estalló frente a la redacción, sus periodistas se convirtieron en objeto de seguimiento y finalmente recibió la orden de clausura por parte de las autoridades el 27 de agosto de 1974.

Ancla y “Cadena Informativa” 

Con el advenimiento de la dictadura militar (1976-1983), Walsh ideó e implementó dos proyectos informativos que lograron posicionarse a pesar de los rigores del régimen militar.

El primero fue la Agencia de Noticias Clandestina (Ancla), una herramienta comunicacional que le permitió a Walsh y a su equipo trabajar protegidos por la clandestinidad. Producía material periodístico que priorizaba la información dura y prescindía de la opinión y el panfleto agitativo.

Ancla se respaldaba en datos concretos y evitaba manipular la información con fines propagandísticos. Esta fue una generalidad de Rodolfo en su trayectoria periodística. “Los medios de información ideados por Walsh no se hacían eco de consignas y adjetivos despegados de la realidad”, explica su compañero de lucha Horacio Verbitsky.

Ancla tenía una red de colaboradores y con ellos recababa información sobre la represión de la junta militar. Renunció a tener un alcance masivo pero a cambio procuraba llegar a todas las redacciones de medios nacionales e internacionales y a un público clave, incluyendo a los propios mandos militares.

Los temas que abordó Ancla fueron la situación de los presos políticos, las rivalidades al interior de las fuerzas armadas y la censura en el periodismo argentino. Varios medios reprodujeron algunos de sus reportes.

Por su parte, Cadena Informativa fue un proyecto casi que personal. A partir de datos precisos, Walsh redactaba informes con los que buscaba “romper el cerco informativo” que había implantado la dictadura.

El primer número circuló en diciembre de 1976 y convocaba a su público lector a reproducirlo por diversos métodos y distribuirlo en forma de cadena para romper el aislamiento.

El 24 de marzo de 1977, al cumplirse el primer aniversario del golpe militar, Walsh publica su texto “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”, en el que denuncia los crímenes que venían cometiendo los militares. Al día siguiente, el periodista es cercado por los militares y muere baleado en la calle. Su cuerpo fue desaparecido.

Los informes de Ancla y de Cadena Informativa siguieron circulando por obra de sus compañeros hasta finales de 1977. Aunque algunos de sus escritos desaparecieron, su obra prevaleció y hoy es clave en la memoria histórica latinoamericana, todo un modelo para el periodismo popular.

sábado, 12 de julio de 2014

Argentina: En manos de un DT peronista y militante

Perfil de Alejandro Sabella, un entrenador setentero y que sueña con armar el equipo del pueblo.



Por Marcelo Rodriguez

Alejandro Sabella era derecho. Y era diez. En el fútbol, el código secreto del talento se mide por el lado más hábil para patear; los zurdos son los distintos, los elegidos. Era chico y era diez y era derecho y empezó a patear todos los días con la otra pierna, contra una pared. Hasta que Sabella se hizo zurdo. Y más grande, de izquierda.

“Militaba allá por el 73, cuando estaba en la facultad junto a mis compañeros. Ibamos los sábados a distintos barrios carenciados y trabajábamos en zanjas para levantar paredes, compartiendo jornadas con toda la juventud peronista y el resto de los movimientos populares”, recordó el entrenador de la selección argentina a la revista La Garganta Poderosa en la edición de este mes. No lo dijo en un lugar cualquiera. Sabella eligió el medio y el momento. Su grito de tapa fue ante comunicadores que viven en las villas Zavaleta y 31.


Como un costurero que cose pasado y presente, desnudó su costado político: el mensaje de quien declamó hace casi tres años que quería formar el equipo del pueblo. Una paradoja: al Mundial no llevará al jugador del pueblo. Carlos Tevez se quedó afuera aun con el viento a favor soplado por cierto sector político. Daniel Scioli hasta lo pidió públicamente. Sabella, sin embargo, se aferró a su manual: el todo por encima de las partes. El hombre que se define políticamente como “progresista” lo dejó en claro desde su comienzo como técnico de la Selección: repitió conceptos como “generosidad”, “humildad”, “sentido de pertenencia”. La liturgia peronista al servicio de un equipo moldeado con sus principios. Tevez fue la pieza incorregible.

Nacional y popular

Sabella estudió dos años de Abogacía en la UBA por culpa del fútbol. Si hubiese sido compatible con su profesión, su militancia habría tenido otro epicentro: la Facultad de Medicina. A Sabella le interesaba curar.

Ese espíritu de servicio lo refrendó cuando La Plata fue La Atlántida. Cubierta de agua, la ciudad soportó entre el 2 y el 3 de abril del año pasado su peor inundación. La casa de Sabella en Tolosa tiene dos plantas y fue una minisede para organizar la ayuda; el living donde ve y analiza partidos se llenó de ropa y alimentos para los evacuados. Un sentido práctico para enlazar con la teoría: “Siempre hay que ponerse en el lugar del otro”, dice.

A La Garganta Poderosa le recalcó que “el progresismo es una palabra muy amplia”. Y habló de la distribución de la riqueza, de una sociedad más justa e igualitaria. “Este gobierno es el que más ha pensado en un país más federal, más distributivo, para que puedan tener acogida los que menos tienen”, sentenció.

Sus declaraciones no son teñidas por el medio. En junio de 2012, en Olé le pidieron que eligiera un político. “Néstor Kirchner”, dijo. Aunque a principios de ese mismo año había señalado en El Gráfico que Chacho Alvarez había sido el último referente con el que se había identificado.

Cristina Fernández también forma parte de su colección de estampitas políticas: “No tuve el honor de hablar con la Presidenta. Me gusta políticamente, pero decir que tengo una charla pendiente con ella sería presuntuoso de mi parte”. Sabella busca referencias y milita por un grupo de jugadores que entre junio y julio será la patria. Un equipo unido y organizado.

La bandera

Si los únicos privilegiados son los niños, Messi es la concesión del entrenador que hace cuarenta años colgó en su casa un cuadro de Juan Domingo Perón. El niño mimado de Sabella no habla mucho pero dice demasiado en la cancha y con su actitud. En el entorno del técnico de la Selección cuentan que el diez interpreta la esencia de lo pretendido. Sabella conoce el doble juego: su futbolista fetiche ejercita su ego, pero es solidario; es millonario, pero tiene hambre; es el mejor del mundo, pero prioriza el equipo.

Messi es su Belgrano, el prócer que reivindica: “Allí tenemos la bandera creada por Manuel Belgrano”, dijo el 5 de agosto de 2011, cuando asumió, dentro de la sala de conferencias de la AFA. “El dio todo por la Patria, dejó su sueldo, murió pobre. Es el ejemplo a seguir: el de poner el bien común por encima del individuo”.

Perón y Verón

La placenta de su vida clase media no le impidió conocer la realidad más allá de sus comodidades. En su infancia vivió en Vidt y Paraguay, en Palermo, aunque considera a La Plata como su lugar en el mundo. Desde la capital de la provincia de Buenos Aires dio encendidos discursos cuando Estudiantes festejó un título local y uno internacional. En 2009 tomó el micrófono y en un sincretismo entre Perón y Raúl Alfonsín arengó al pueblo pincha, tras obtener la Libertadores: “Siento en mis oídos la más maravillosa música… la casa está en orden”. Un año más tarde, con la obtención del Apertura, salió al balcón del Palacio Municipal: “Somos un grupo de jugadores hermanados en la solidaridad. Estudiantes, una vez más, es Estudiantes de la patria”.

La identidad es lo intangible

La obsesión de un hombre y esa búsqueda definen a Sabella. Alguna vez lector de la revista El Descamisado, el técnico nac & pop nació en 1954. Recuerda la proscripción del peronismo y la convivencia “con esa cultura popular, el Perón vuelve, Perón vive. Esa escritura en las paredes”.

Cuando se fue de Estudiantes, Juan Sebastián Verón lo subió al bronce: “Es uno de esos personajes que quedan grabados en la historia del fútbol”. Sabella quisiera que no fuera sólo por los resultados deportivos.

Convicciones

En el pizarrón hay nombres; nombres de desaparecidos en democracia. Julio López, Luciano Arruga y Marita Verón son casos emblemáticos que Sabella marca con una tiza. En esa producción de la publicación integrada por 15 asambleas villeras, el DT habla, también, de los desaparecidos por la última dictadura: “Viví parte de esa militancia y siento que ellos han formado parte de una juventud idealista que pensaba en un país mejor y que trabajaba a beneficio del prójimo”.

Con esa impronta, trató de moldear a la Selección que en el Mundial de Brasil será la patria. La patria que Sabella abrazaba en los 70.

* Nota publicada originalmente en la edición impresa del Diario Perfil.

martes, 1 de julio de 2014

Recordamos a Perón a 40 años de su muerte

Juan Domingo Perón (8 de octubre de 1895 – 1 de julio de 1974), caudillo popular argentino.



Clip del programa De Zurda en su memoria.

sábado, 19 de abril de 2014

La soledad de América Latina

Discurso de Gabriel García Márquez al recibir el Premio Nobel de Literatura de 1982. Gabo, vestido con un traje típico caribeño, habló de las injusticias de la época con unas palabras que conmovieron al mundo.


Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen.

Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonio más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los cronistas de Indias nos legaron otros incontables. Eldorado, nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante largos años, cambiando de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos. En busca de la fuente de la Eterna Juventud, el mítico Alvar Núñez Cabeza de Vaca exploró durante ocho años el norte de México, en una expedición venática cuyos miembros se comieron unos a otros y sólo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantos misterios que nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierras de aluvión, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas de oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores nos persiguió hasta hace poco tiempo. Apenas en el siglo pasado la misión alemana de estudiar la construcción de un ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro.

La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia. El general Antonio López de Santana, que fue tres veces dictador de México, hizo enterrar con funerales magníficos la pierna derecha que había perdido en la llamada Guerra de los Pasteles. El general García Moreno gobernó al Ecuador durante 16 años como un monarca absoluto, y su cadáver fue velado con su uniforme de gala y su coraza de condecoraciones sentado en la silla presidencial. El general Maximiliano Hernández Martínez, el déspota teósofo de El Salvador que hizo exterminar en una matanza bárbara a 30 mil campesinos, había inventado un péndulo para averiguar si los alimentos estaban envenenados, e hizo cubrir con papel rojo el alumbrado público para combatir una epidemia de escarlatina. El monumento al general Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney comprada en París en un depósito de esculturas usadas.

Hace once años, uno de los poetas insignes de nuestro tiempo, el chileno Pablo Neruda, iluminó este ámbito con su palabra. En las buenas conciencias de Europa, y a veces también en las malas, han irrumpido desde entonces con más ímpetus que nunca las noticias fantasmales de la América Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda. No hemos tenido un instante de sosiego. Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas murió peleando solo contra todo un ejército, y dos desastres aéreos sospechosos y nunca esclarecidos segaron la vida de otro de corazón generoso, y la de un militar demócrata que había restaurado la dignidad de su pueblo. En este lapso ha habido 5 guerras y 17 golpes de estado, y surgió un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a cabo el primer etnocidio de América Latina en nuestro tiempo. Mientras tanto 20 millones de niños latinoamericanos morían antes de cumplir dos años, que son más de cuantos han nacido en Europa occidental desde 1970. Los desaparecidos por motivos de la represión son casi los 120 mil, que es como si hoy no se supiera dónde están todos los habitantes de la ciudad de Upsala. Numerosas mujeres arrestadas encintas dieron a luz en cárceles argentinas, pero aún se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares. Por no querer que las cosas siguieran así han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres en todo el continente, y más de 100 mil perecieron en tres pequeños y voluntariosos países de la América Central, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Si esto fuera en los Estados Unidos, la cifra proporcional sería de un millón 600 mil muertes violentas en cuatro años.

De Chile, país de tradiciones hospitalarias, ha huido un millón de personas: el 10 por ciento de su población. El Uruguay, una nación minúscula de dos y medio millones de habitantes que se consideraba como el país más civilizado del continente, ha perdido en el destierro a uno de cada cinco ciudadanos. La guerra civil en El Salvador ha causado desde 1979 casi un refugiado cada 20 minutos. El país que se pudiera hacer con todos los exiliados y emigrados forzosos de América Latina, tendría una población más numerosa que Noruega.

Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de las Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual éste colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad.

Pues si estas dificultades nos entorpecen a nosotros, que somos de su esencia, no es difícil entender que los talentos racionales de este lado del mundo, extasiados en la contemplación de sus propias culturas, se hayan quedado sin un método válido para interpretarnos. Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado. Si recordara que Londres necesitó 300 años para construir su primera muralla y otros 300 para tener un obispo, que Roma se debatió en las tinieblas de incertidumbre durante 20 siglos antes de que un rey etrusco la implantara en la historia, y que aún en el siglo XVI los pacíficos suizos de hoy, que nos deleitan con sus quesos mansos y sus relojes impávidos, ensangrentaron a Europa con soldados de fortuna. Aún en el apogeo del Renacimiento, 12 mil lansquenetes a sueldo de los ejércitos imperiales saquearon y devastaron a Roma, y pasaron a cuchillo a ocho mil de sus habitantes.

No pretendo encarnar las ilusiones de Tonio Kröger, cuyos sueños de unión entre un norte casto y un sur apasionado exaltaba Thomas Mann hace 53 años en este lugar. Pero creo que los europeos de espíritu clarificador, los que luchan también aquí por una patria grande más humana y más justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos haría sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo.

América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental.

No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa, parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural. ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a 3 mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad.

Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte. Una ventaja que aumenta y se acelera: cada año hay 74 millones más de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como para aumentar siete veces cada año la población de Nueva York. La mayoría de ellos nacen en los países con menos recursos, y entre éstos, por supuesto, los de América Latina. En cambio, los países más prósperos han logrado acumular suficiente poder de destrucción como para aniquilar cien veces no sólo a todos los seres humanos que han existido hasta hoy, sino la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios.

Un día como el de hoy, mi maestro William Faulkner dijo en este lugar: «Me niego a admitir el fin del hombre». No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que una simple posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.

Agradezco a la Academia de Letras de Suecia el que me haya distinguido con un premio que me coloca junto a muchos de quienes orientaron y enriquecieron mis años de lector y de cotidiano celebrante de ese delirio sin apelación que es el oficio de escribir. Sus nombres y sus obras se me presentan hoy como sombras tutelares, pero también como el compromiso, a menudo agobiante, que se adquiere con este honor. Un duro honor que en ellos me pareció de simple justicia, pero que en mí entiendo como una más de esas lecciones con las que suele sorprendernos el destino, y que hacen más evidente nuestra condición de juguetes de un azar indescifrable, cuya única y desoladora recompensa, suelen ser, la mayoría de las veces, la incomprensión y el olvido.

Es por ello apenas natural que me interrogara, allá en ese trasfondo secreto en donde solemos trasegar con las verdades más esenciales que conforman nuestra identidad, cuál ha sido el sustento constante de mi obra, qué pudo haber llamado la atención de una manera tan comprometedora a este tribunal de árbitros tan severos. Confieso sin falsas modestias que no me ha sido fácil encontrar la razón, pero quiero creer que ha sido la misma que yo hubiera deseado. Quiero creer, amigos, que este es, una vez más, un homenaje que se rinde a la poesía. A la poesía por cuya virtud el inventario abrumador de las naves que numeró en su Iliada el viejo Homero está visitado por un viento que las empuja a navegar con su presteza intemporal y alucinada. La poesía que sostiene, en el delgado andamiaje de los tercetos del Dante, toda la fábrica densa y colosal de la Edad Media. La poesía que con tan milagrosa totalidad rescata a nuestra América en las Alturas de Machu Pichu de Pablo Neruda el grande, el más grande, y donde destilan su tristeza milenaria nuestros mejores sueños sin salida. La poesía, en fin, esa energía secreta de la vida cotidiana, que cuece los garbanzos en la cocina, y contagia el amor y repite las imágenes en los espejos.

En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte. El premio que acabo de recibir lo entiendo, con toda humildad, como la consoladora revelación de que mi intento no ha sido en vano. Es por eso que invito a todos ustedes a brindar por lo que un gran poeta de nuestras Américas, Luis Cardoza y Aragón, ha definido como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía.

Muchas gracias.

viernes, 14 de marzo de 2014

Clara y Aída, forjadas en la adversidad

Ambas muestran su pretensión y hablan de una América Latina unida, feliz y con las mismas oportunidades para todos.


Por Armando Neira
Semana.com

Esta semana que termina tuvo tres imágenes poderosas. Una, en Santiago, durante la posesión de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, las también presidentas de Argentina y Brasil, Cristina Fernández y Dilma Rousseff, respectivamente, se hicieron a su lado, le levantaron sus brazos en señal de victoria y mientras sonreían felices recibían una ovación.


La otra también fue en esa capital, la toma de posesión de la nueva mandataria la hacía Isabel Allende, la menor de las descendientes del derrocado presidente Salvador Allende, en su condición de presidenta del Senado. “Es el triunfo de la vida sobre la muerte”, se escuchaba gritar a los manifestantes.


Y una tercera en Bogotá. Clara López y Aída Avella, máximas figuras del Polo Democrático Alternativo (PDA) y la Unión Patriótica (UP) se abrazaron al momento de anunciar su decisión de ir en una sola fórmula para las elecciones presidenciales del próximo 25 de mayo.

¿Qué tienen en común estas cinco mujeres? Sueñan con la justicia social, son de izquierda, han soportado mayúsculos sufrimientos pero ahí están, vivas, sonrientes, valientes. Han sido forjadas en la adversidad.

Cristina vio la dictadura, entre 1976-1983, que en su país desapareció a 30.000 personas; Dilma soportó la tortura en la represión de los militares brasileños. Fue detenida en 1970 y sufrió largas sesiones de maltrato, recibió azotes, fue golpeada hasta que le arrancaron un diente y durante muchas noches era brutalmente despertada en sesiones de simulación de fusilamiento. Michelle, hija de Alberto Bachelet, un general de la Fuerza Aérea, muerto en prisión por su lealtad a Salvador Allende; y de Ángela Jeria, con quien estuvo en la clandestinidad, soportó la tortura junto a su madre. Fue en 1975 cuando ambas fueron detenidas y conducidas a las cárceles más inhumanas. Isabel, por su parte, acompañó a su padre, Salvador Allende, durante el bombardeo al Palacio de La Moneda por parte de los golpistas que comandaba Augusto Pinochet.

Clara López Obregón (Bogotá, 1951) y Aída Abella Esquivel (Sogamoso, 1949) también han sufrido el embate de la violencia. En los años ochenta, por ejemplo, Clara fue asistente personal de Luis Carlos Galán y luego de Jaime Pardo Leal, ambos asesinados por la extrema derecha. Aída, igual desde esa década, es posible que sea la colombiana que a más entierros haya asistido en su vida. Ella ayudó a cargar el féretro de uno a uno sus compañeros de militancia de la Unión Patriótica. 4.000 muertos, todo un partido político desaparecido a punta de asesinatos.

Clara y Aída, empero, se diferencian de las primeras porque no tienen el poder. Es más, algunos analistas incluso apelan al realismo y argumentan que ellas solo formarán parte del paisaje en el tarjetón. Dilma, Michelle, Cristina son hoy las mujeres más poderosas de América Latina.

Y, sin embargo, en ese proceso de creer, de soñar, Clara y Aída continúan adelante. Y recuerdan que lo han intentado desde hace años. Ambas estuvieron en la Asamblea Nacional Constituyente. Clara fue la asistente de Horacio Serpa Uribe, uno de los copresidentes de tan trascendental órgano político. Y Aída cambió la v de su apellido por la b y esa circunstancia le permitió instalar la Constituyente, por ser la primera en orden alfabético. Aunque se hizo una nueva Carta Magna y ambas creyeron que el país sería distinto no ocurrió así. La violencia continuó. Las dos, entonces, buscaron el camino del exilio.

Clara volvió y tuvo una oportunidad magnífica para hacer historia. Llegó al poder junto con el alcalde Samuel Moreno a nombre del Polo en Bogotá. Sin embargo, la corrupción exterminó esa ilusión y de paso acabó con la buena imagen de su partido. Aída regresó y comprobó que la violencia en Colombia es un monstruo de mil cabezas. Fue víctima de un atentando que ella en principio adjudicó a la extrema derecha, pero que después se comprobó había sido obra del ELN, Ejército de Liberación Nacional.

Y a pesar de todo conservan la fe intacta. Este viernes han decidido unir sus nombres en medio de más adversidad: las encuestas que las mantienen rezagadas y los electores que les han dado la espalda como se comprobó en las elecciones del domingo 9 de marzo.  Los últimos sondeos para las elecciones presidenciales le auguraban a Clara apenas el 6 % en la intención de voto y a Aída el 1 %. El Polo obtuvo 300.000 votos menos en estas elecciones con respecto a las pasadas mientras que La UP sacó 99.000 votos con sus listas a Cámara y no logró elegir ningún candidato. Con estas cifras es una unión que al día de hoy no tiene opciones matemáticas siquiera de pasar a segunda vuelta. ¿Entonces para qué se hizo?

En ambas colectividades dicen que sí, que tienen vocación de poder y su intención es ganar las presidenciales y que por eso se presentan. Sin embargo, ponen el énfasis en el hecho de haber logrado una convergencia de la izquierda por primera vez en mucho tiempo. Califican este paso como un hito.

Esa unidad, argumentan, es el punto de partida para buscar un gran apoyo al proceso de paz, para que se logre una salida negociada al conflicto armado. Por eso, Clara y Aída se la van a jugar porque se firme un acuerdo entre el Gobierno de Santos y las FARC y para que después éste sea refrendado por todos los ciudadanos. Así mismo, trabajarán desde su candidatura para auspiciar la creación de una mesa de conversaciones entre el Gobierno que venga y el ELN. Se trata de aportar en la construcción de un país en donde a la gente no la maten por lo que piensa, en donde el adversario político tenga el derecho a expresarse en libertad sin que se le amenace, sin que se le persiga, sin que se lo hostigue.

Un país no para ellas sino lo más importante para sus hijos. Para que estos puedan actuar en política sin miedo, donde nunca más nadie tenga que levantarse en armas. Un país donde las generaciones por venir tengan propósitos comunes para beneficio de toda la sociedad y donde cada cual no ande por su lado. Esa es su ambiciosa apuesta. Es una mirada que va más allá de las elecciones. Y ambas muestran su pretensión y hablan de una América Latina unida, feliz y con las mismas oportunidades para todos. Donde todas las niñas, llámense Cristina, Michelle, Dilma, Isabel, Clara, Aida, sonrían, triunfantes, victoriosas.


jueves, 6 de marzo de 2014

Fanny de Navarro: "Toda una vida siguiendo al Tolima"


Fanny Puentes de Navarro (1920-2014) QEPD.

Por Lyda Cruz

En una pequeña tienda ubicada en el centro de la ciudad del Espinal, vive una de las más acérrimas seguidoras del Deportes Tolima. Hoy a sus casi 90 años, no ha parado de sufrir y gozar con el vinotinto de sus amores.

Se enamoró del fútbol, por allá por los 60s, y desde entonces, no ha dejado un solo instante de seguirle los pasos a aquel que llama ¡el Tolima grande!

Hablamos con ella en el Espinal, y nos contó algunos de los recuerdos memorables que tiene de aquel Tolima del pasado:

Lyda Cruz: ¿Hace cuánto es hincha del Deportes Tolima?

Fanny De Navarro: Toda mi vida he sido hincha del Deportes Tolima. Adoro al Tolima, siempre quiero que gane.

L C: ¿Cuál fue el jugador más importante que hubo en los inicios del Deportes Tolima?

F d N: En esa época habían muy buenos jugadores, recuerdo a Ariel Gandulfo, El “Caraña” Gonzáles, Marcos Coll, y el goleador Víctor Hugo del Río. Claro que hay muchos de los que no recuerdo el nombre, pero fueron jugadores con los que se tuvo un muy buen comienzo, y un progreso extraordinario.

L C: ¿Cuándo fue la primera vez que vio jugar al Deportes Tolima?

F d N: En el año 70, fui a un partido en Ibagué, junto con mi esposo; jugaba con Santa Fe, y recuerdo una anécdota, Santa Fe nos estaba llenando de goles, y los Bogotanos decían:”ahora si bailen el bunde”, y de pronto salió un tipo que les dijo:” canallas, si siguen así les meto un tiro”, y los tipos desaparecieron. Esa fue la primera vez que vi jugar al Tolima, porque antes siempre lo seguía por la radio.

L C: ¿Alguna vez viajó a otras ciudades a ver al Tolima?

F d N: Muchas veces; fui a Pereira, a Cali, a Bogotá, a un partido con Millonarios, cuando jugaba Sapuca; recuerdo que ese día ganamos un gol a cero.

L C: ¿Cuál ha sido para usted el momento más glorioso del Deportes Tolima?

F d N: Cuando fue campeón dirigido por el “Chiqui” García.

L C: ¿Para usted cuál ha sido el jugador más representativo de toda la historia del Tolima?

F d N: El Tolima en toda su historia ha tenido jugadores sobresalientes. Recuerdo al “pica piedra” Castillo, un jugador de apellido Castellanos, que era un goleador igual que del Río, que cada que el Tolima necesitaba un gol, el entraba y lo hacía; por supuesto Sapuca, Marcos Coll, en fin, el Tolima siempre ha contado con muy buenos jugadores.

L C: ¿Qué sintió el día que el Tolima se coronó campeón?

F d N: Ese día lloré de alegría, sentí al Tolima grande, y me sentía orgullosa de ser tolimense, y cada que llamaban a mi casa, decía: “LLAMA A LA CASA DE UN HINCHA DEL DEPORTES TOLIMA QUE ES EL CAMPEON”.

L C: ¿Cree usted que el Tolima de éste semestre tiene con qué ser campeón?

F d N: Sí, claro que sí, sólo que a veces los árbitros juegan en contra y le meten mucho la mano, no se si es porque los mandan o que sea lo que pase, de todos modos hay árbitros que le tienen antipatía al Tolima.

L C: ¿Qué no le gusta del Tolima actual?

F d N: A veces, el juego defensivo del Tolima, hacen un gol y se meten atrás; y otras veces me parece que los jugadores que deja en el banco, son los que necesita el equipo, eso queda demostrado cuando ellos entran, que lo dejan todo en la cancha y sudan la camiseta. Le meten berraquera.

L C: ¿Cómo ve las nuevas generaciones de jugadores del Deportes Tolima?

F d N: Son muy buenas, hay un buen futuro. Mejía por ejemplo, es un jugador sobresaliente, con pinta de crack. Lastima que hayan dejado ir a Darwin Quintero, era otro que estaba haciendo una carrera brillante en el Tolima, es un muy buen jugador. De todas maneras, creo que hay un buen semillero el en Tolima, y que hay que saberlo cultivar.

L C: ¿Cuándo fue la última vez que vio jugar al Tolima?

F d N: Sigo todos los partidos, por radio y televisión, el último que escuche fue el último que jugaron, contra Chico, pero al último que fui fue el año pasado, frente al Medellín, ese día ganamos 3 a 1.

L C: Por último, ¿qué les dice a los nuevos hinchas del Tolima?

F d N: Les digo que colaboren yendo al estadio, que es un equipo grande del que debemos sentirnos orgullosos porque es lo que nos representa a los tolimenses, a la raza pijao, y es una muy buena representación.

Publicado originalmente el 15 de octubre del 2008 en http://humborysuspelachivas.com/

domingo, 5 de enero de 2014

Murió Eusebio, la "Pantera Negra" del fútbol

El esplendido delantero portugués murió a los 71 años. Fue conocido como la "Pantera Negra" por su agilidad, velocidad y potencia con Benfica y Portugal. Colgó los botines en 1978.


Por Barry Hatton 
Agencia AP

Eusebio, el sensacional delantero portugués que superó la pobreza de su niñez en África para convertirse en uno de los grandes futbolistas de la historia, falleció el domingo, informó su club Benfica. Tenía 71 años.

Eusebio da Silva Ferreira nació en Mozambique cuando ese país africano todavía era una colonia portuguesa. Luego fue conocido como la "Pantera Negra" por su agilidad, velocidad y potencia durante su época de oro en la década de 1960 con Benfica y la selección portuguesa.

La mayor de sus gestas fue conducir a Portugal al tercer lugar en el Mundial de 1966. Recibió el Balón de Oro en 1965 y en dos ocasiones (1968 y 1973) ganó la Bota de Oro al máximo goleador europeo. Según la FIFA, marcó 679 goles en 678 partidos oficiales.

Eusebio falleció en su casa de un problema cardiaco a las 3.30 a.m. del domingo, dijo su biógrafo José Malheiro. "Su salud estaba muy mal", declaró a reporteros. El futbolista ingresó al hospital varias veces el año pasado para ser atendido de problemas respiratorios y del corazón.

Cristiano Ronaldo, el capitán de la selección portuguesa que juega en el Real Madrid, comentó en su página de Facebook: "Eusebio siempre eterno, descansa en paz", mientras que el ex capitán portugués Luis Figo, Jugador del Año de la FIFA en 2001, tuiteó: "El rey!! Gran pérdida para todos nosotros! El más grande!!"

"En este triste día de la muerte (de Eusebio)... prefiero verlo como inmortal", declaró José Mourinho, el entrenador portugués del Chelsea, a la Radiotelevisao Portuguesa.

El gobierno portugués decretó tres días de luto nacional y dispuso que las banderas ondeen a media asta. La Federación Portuguesa de Fútbol ordenó que se guarde un minuto de silencio antes de los partidos del domingo en la Copa de Portugal.

En un mensaje por cadena nacional de televisión, el presidente portugués Aníbal Cavaco Silva elogió "la simpatía y humildad" de un hombre que nunca dejó que la fama se le subiera a la cabeza. "Su talento le dio alegría a generaciones, inclusive para quienes no estaban vivos en los momentos más gloriosos de su carrera", dijo el mandatario.

Los elogios hacia Eusebio no se hicieron esperar en el mundo del fútbol.

"El fútbol ha perdido una leyenda. Eusebio siempre tendrá su lugar entre los grandes", dijo el presidente de la FIFA, Joseph Blatter.

Otro astro del balompié, el alemán Franz Beckenbauer, dijo en Twitter: "Uno de los jugadores más grandes del fútbol ha fallecido".

Sus goles más famosos fueron los cuatro que anotó contra Corea del Norte en los cuartos de final de la Copa del Mundo de 1966. Con su equipo abajo 3-0, el artillero se encargó de remontar el marcador con sus cuatro dianas para conducir a Portugal a una victoria por 5-3.

En una épica final de la Copa de Europa ante Real Madrid en 1962, cuando una tripleta de Ferenc Puskas parecía darle el título al equipo español, Eusebio anotó los últimos dos goles con los que Benfica completó la remontada en la victoria 5-3 que le permitió repetir como campeón continental.

Eusebio nació en Maputo, la capital de Mozambique, durante la Segunda Guerra Mundial. Se crió en la pobreza extrema, pero su talento para el fútbol llamó la atención de Benfica que lo fichó a los 18 años.

Su popularidad en Portugal era de tal magnitud que en 1964, cuando clubes italianos ofrecieron por su ficha cifras impensadas para la época, el entonces dictador del país Antonio Salazar decretó que el delantero era un "tesoro nacional", lo que significaba que no podía ser vendido al extranjero.

Portugal perdió en semifinales 2-1 contra Inglaterra, un encuentro en el que Eusebio anotó el único gol de su selección con un penal a los 82 minutos. La Pantera Negra salió llorando de la cancha, una imagen que sólo acrecentó el cariño que le tenía el pueblo portugués.

De todas formas, fue el máximo artillero del torneo con nueve dianas, y su partido contra Corea del Norte lo hizo inmortal para los hinchas portugueses.

En ese duelo en Goodison Park en Liverpool, Portugal tuvo un comienzo de pesadilla y perdía 3-0 después de 23 minutos.

"Nos tomaron por sorpresa", recordó Eusebio en una entrevista con la AP en el Mundial de 2010 en Sudáfrica. "Recuerdo bien lo que (el compañero Antonio) Simoes dijo cuando perdíamos 3-0. Decía, 'mientras no perdamos por cuatro goles, todavía podemos remontar'. Y tenía razón".

Eusebio encabezó la legendaria remontada al encarar repetidamente a la defensa norcoreana, y marcó cuatro goles en poco más de 30 minutos.

Después de sus dos primeros goles, sacó la pelota de la red, corrió hasta el centro del campo y puso el balón en el punto central para reanudar la acción. Empató el marcador a los 56 y luego hizo su cuarto desde el punto de penal, cuando la zaga norcoreana ya estaba totalmente desmoralizada.

"Ese fue el mejor partido de mi vida con la camiseta de Portugal", señaló Eusebio. "Me marcó para siempre".

Eusebio anotó 41 goles en 64 partidos con la selección.

Un grupo de 100 expertos reunidos por la FIFA eligió en 1998 a Eusebio como uno de los 10 mejores futbolistas de la historia.

"Sólo hay dos negros en la lista: Pelé y yo", comentó Eusebio sobre esa distinción. "Lo considero como una gran responsabilidad, porque estoy representando a Africa y Portugal, mi segundo hogar".

Con Benfica ganó 11 títulos de la liga portuguesa, cinco Copas de Portugal, y al día de hoy es el mejor futbolista que ha pasado por las Aguilas. Una estatua suya de bronce, a punto de patear un balón, adorna el exterior del Estadio da Luz del club de Lisboa.

Luego de cinco operaciones en las rodillas, Eusebio jugó su último partido con Benfica en 1975. Luego pasó los últimos años de su carrera en Norteamérica con Monterrey de México y equipos de Boston, Toronto y Las Vegas, hasta que colgó los botines en 1978.

Famoso por su buena voluntad, Eusebio permaneció vinculado al Benfica como asistente luego de su retiro, y viajó con la selección portuguesa como embajador deportivo.

Le sobreviven su esposa Flora, dos hijas y varios nietos.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Nelson Mandela, el hombre detrás de la leyenda


El líder sudafricano falleció este 5 de diciembre luego de haber estado junto a su familia, tras haber sido hospitalizado en diversas ocasiones en los últimos meses por las recurrentes reincidencias de infección pulmonar. El luto en Sudáfrica permanecerá hasta después del funeral.

viernes, 4 de octubre de 2013

Falleció el legendario General Giap, héroe de Vietnam


Por Cubadebate

El general Vo Nguyen Giap, figura central de la victoria de la guerra de Vietnam, murió a los 102 años, según informaron este viernes fuentes militares y familiares.

El general falleció por causas naturales en el Hospital Militar 108 de Hanoi.

“Murió por su avanzada edad, no debido a ninguna enfermedad”, aseguró una fuente militar del centro médico.

Giap estuvo en batallas significativas contra Estados Unidos como la ofensiva del Tet en 1968.

Vida heróica

Este legendario general vietnamita nació en la aldea de Una Xa, provincia de Quang Binh el 25 de agosto de 1911. Era hijo de un campesino que, aunque carecía de tierras, sabía leer y escribir y luchó toda su vida contra el régimen colonialista impuesto a su país.

En 1926, siendo aún muy joven, comenzó a luchar por la liberación de Vietnam en el instituto en el que estudiaba. Se incorporó al Menh Dang del Tan Viet y, dos años más tarde, al Quoc hoc, organizaciones clandestinas que realizaban agitación contra la ocupación extranjera.

En 1930 fue detenido y condenado a tres años de prisión, pero fue liberado algunos meses después.

En 1933 entró en la universidad de Hanoi, aunque dos años después le expulsaron por realizar agitación revolucionaria.

En la universidad conoció a Dang Xuan Khu, que más adelante adoptaría el seudónimo de Truong Chinh, el principal ideólogo del comunismo vietnamita. Fue él quien incorporó a Giap al Partido Comunista de Indochina.

En 1937 logró terminar sus estudios de Derecho en la universidad y comenzó dar clases de historia en un instituto de Hanoi, aunque en realidad se dedicaba a organizar a los profesores y alumnos en la lucha revolucionaria.

En 1939 publicó su primer libro, juntamente con Truong Chinh, titulado La cuestión campesina donde analizaban el papel que debían desempeñar los jornaleros del campo como aliados del proletariado vietnamita en el proceso revolucionario.

El año anterior se había casado con una tailandesa, Dang Thi Quang, también militante comunista, y cuando al año siguiente el Partido Comunista de Indochina fue prohibido, Giap escapó a China, donde conoció a Ho Chi Minh y estudió las tesis de Mao Zedong sobre la guerra popular prolongada y la guerra de guerrillas, que luego aplicaría magistralmente a su propio país.

Pero la policía francesa detuvo a su mujer y a su cuñada y las utilizó como rehenes para presionar a Giap y lograr que se entregara. La represión fue feroz: su cuñada fue guillotinada y su mujer condenada a cadena perpetua, muriendo en la prisión después de tres años a causa de las brutales torturas. Los verdugos también asesinaron a su hijo recién nacido, a su padre, a dos hermanas y a otros familiares.

En mayo de 1941 en la conferencia de Chingsi (China), junto con Ho Chi Minh, funda el Dong Minh (Liga Vietnamita para la Independencia), más conocido como Vietminh, para agrupar las fuerzas antijaponesas en un único frente de liberación nacional.

Ese mismo año Giap se traslada a las montañas del interior de Vietnam para iniciar la guerra de guerrillas. Allí estableció una alianza con Chu Van Tan, dirigente del Tho, un grupo guerrillero de una minoría nacional de Vietnam del noreste. Giap comenzó a construir el Tuyen Truyen Giai Phong Quan, un ejército capaz de expulsar al ocupante francés y sostener el programa del Vietminh.

Inició una campaña de dos años de propaganda armada y de reclutamiento, convirtiendo a los campesinos en guerrilleros con una combinación del entrenamiento militar y la formación política comunista. A mediados de 1945 tenía ya unos 10.000 hombres bajo su mando y pudo pasar a la ofensiva contra los japoneses que ocupaban todo el sudeste de Asia.

Junto con Ho Chi Minh, Giap dirigió sus fuerzas hacia Hanoi en agosto de 1945, y en septiembre Ho Chi Minh pudo proclamar la independencia de Vietnam, con Giap al mando del ejército revolucionario.

En la posterior guerra contra el colonialismo frances, Giap demostró la superioridad de la guerra popular sobre las fuerzas imperialistas obteniendo una espectacular victoria el 7 de mayo de 1954 en la decisiva batalla de Dien Bien Phu, una valle situado a unos 300 kilómetros al oeste de Hanoi en el que se habían atrincherado las fuerzas ocupantes francesas, confiadas en la protección de las montañas y en conseguir batir a las fuerzas revolucionarias cuando descendieran.

De los 15.094 mercenarios franceses que se agruparon en Dien Bien Phu, después de casi seis meses del sitio, solamente 73 lograron escapar del cerco, mientras que 5.000 murieron y 10.000 fueron capturados. Giap y el general Denhg lanzaron un asalto frontal a la guarnición que arrojó a los colonialistas franceses definitivamente de Indochina. El ejército de Giap y Denhg padeció la muerte de 25.000 combatientes.

Giap y Denhg derrotaron a los imperialistas con una acumulación logística extraordinaria y un uso eficaz de la artillería bien protegida. Los 60 cazabombarderos norteamericanos B-29 que acudieron en apoyo de la guarnición francesa, no lograron su objetivo, obligando a los imperialistas a diseñar un plan criminal elaborado por el almirante norteamericano Radford y el general francés Navarre consistente en arrojar bombas nucleares contra las fuerzas revolucionarias.

La campaña de Dien Bien Phu fue la primera gran victoria de un pueblo colonial y feudal, con una economía agrícola primitiva, contra un experimentado ejército imperialista sostenido por una industria y pujante moderna bélica. Los más concidos generales franceses (Leclerc, De Lattre de Tasigny, Juin, Ely, Sulan, Naverre) fracasaron uno tras otro frente a unas tropas integradas por campesinos pobres pero decididas a luchas hasta el final por su país y por el socialismo. Los gobiernos de París fueron cayendo también a medida que sus generales eran derrotados en los alejados arrozales, poniendo al descubierto la fragilidad de la IV República.

Vietnam resultó dividido y Giap fue nombrado ministro de Defensa del nuevo gobierno del Vietnam del norte que, al tiempo que continuaba la guerra popular, se esforzaba por construir una nueva sociedad socialista.

Como comendante del nuevo ejército popular, Giap dirigió la lucha en la guerra de Vietnam contra los nuevos invasores norteamericanos en el sur del país, que una vez más comenzó bajo la forma de guerra de guerrillas. Los primeros soldados estadounidenses murieron en Vietnam cuando el 8 de julio de 1959 el Vietcong atacó una base militar en Bien Hoa, al noreste de Saigon. Ese año más de 1.000 lacayos del imperialismo americano fueron ajusticiados por los guerrilleros del Vietcong y antes de 1961 otros 4.000 habían caido.


Cuatro presidentes americanos lucharon sucesivamente contra Vietnam, dejando el rastro de sangre de 57.690 mercenarios americanos ejecutados. Por parte vietnamita murieron 600.000 combatientes pero finalmente los Estados Unidos fueron obligados a salir del país en 1973. Dos años más tarde el país fue reunificado, cuando un tanque del ejército revolucionario embistió la valla de protección de la embajada americana, mientras los últimos imperialistas huían precipitadamente en un helicóptero por el tejado del edificio.

A partir de entonces Giap siguió siendo ministro de Defensa de Vietnam y miembro de pleno derecho del Politburo del Partido Comunista de Vietnam, cargo que ocupó hasta 1982.

Tras su cese, dirigió la Comisión de Ciencia y Tecnología, y en julio de 1992, le concedieron la orden de la estrella del oro, el honor más alto del nuevo Vietnam socialista.

El general Giap no sólo fue un maestro en el arte de dirigir la guerra revolucionaria, sino que además escribió sobre ella en 1961 su famosa obra “Guerra popular, ejército popular”, un manual de la guerra de guerrillas basado en su propia experiencia. En él establece los tres fundamentos básicos que debe disponer un ejército popular para lograr la victoria en la lucha contra el imperialismo: dirección, organización y estrategia. La dirección del Partido Comunista, una férrea disciplina militar y una línea política adecuada a las condiciones económicas, sociales y políticas del país.

Definió la guerra popular como “una guerra de combate para el pueblo y por el pueblo, mientras que la guerra de guerrillas es simplemente un método del combate. La guerra popular es un concepto más general. Es un concepto sintetizado. Es una guerra a la vez militar, económica y política”. La guerra popular no sólo la hace un ejército, por más que sea popular, sino que la hace todo el pueblo porque es imposible que un ejército revolucionario, por sí mismo, pueda lograr la victoria contra la reacción, sino que es todo el pueblo el que tiene que participar y ayudar en una lucha, que necesariamente debe ser prolongada.

Como buen guerrillero, Giap sabía que el éxito de la victoria cuando hay una desproporción tan grande de fuerzas, se basa en al iniciativa, la audacia y la sorpresa, lo que exige que el ejército revolucionario se desplace continuamente. Destacó como un genio de la logística, capaz de movilizar continuamente importantes contingentes de tropas, siguiendo los principios de la guerra de movimientos. Lo hizo así contra los colonialistas franceses en 1951, infiltrando a un ejército entero a través de las líneas enemigas en el delta del río Mekong, y otra vez adelantando la ofensiva de Tet en 1968 contra los estadounidenses, cuando situó a millares de hombres y toneladas de aprovisionamientos para un ataque simultáneo contra 35 centros estratégicos del sur.

La batalla de Ia Drang (19 de octubre-27 de noviembre de 1965) fue una de las más importantes del combate para ambos bandos durante la guerra de liberación de Vietnam. Tras ella el general imperialista Westmoreland creyó que la movilidad aérea y la potencia de fuego en gran escala serían la respuesta a la estrategia de Giap, pero éste apostó a sus soldados tan cerca de las líneas americanas que los B-52 soltaban las bombas encima de sus propias filas.

Todavía hoy las tácticas guerrilleras de Giap constituyen una de las fuentes de estudio de las estrategias militares en el mundo.