miércoles, 26 de abril de 2017

El estadio Amsterdam Arena se llamará Johan Cruyff Arena

El cambio de nombre es un tributo al legendario jugador y entrenador holandés, que nació en Ámsterdam y se convirtió en uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos


El Amsterdam Arena cambiará su nombre por el de Johan Cruyff Arena en honor a la estrella holandesa que falleció en 2016 y que fue uno de los mejores jugadores en la historia del fútbol.

Este cambio de denominación fue presentado el día en el que Cruyff hubiera cumplido 70 años. La directiva del Amsterdam Arena, la directiva del AFC Ajax y el alcalde de Ámsterdam llegaron a un acuerdo el martes. Cruyff falleció en marzo de 2016.

Es un tributo al jugador nacido en Ámsterdam, uno de los hijos pródigos de la ciudad holandesa. En el comunicado del AFC Ajax es descrito como "el mejor jugador de Ámsterdam y de Holanda".



Cruyff, Jugador Europeo del Año en 1971, 1972 y 1974, siempre será recordado como el arquitecto de "fútbol total" que hizo triunfar al Ajax y a la selección holandesa a principios de los años 70.

Jugó en dos ocasiones en el Ajax y en el Barcelona, entre otros equipos. Anotó 392 goles en 704 partidos. Ganó la Copa de Europa tres años consecutivos en 1971, 1972 y 1973 y una serie de títulos domésticos antes de retirarse en 1984.

Con Holanda jugó 48 partidos y anotó 33 goles. Fue el capitán de su selección en la Copa Mundial de la FIFA de 1974, en la que llegó a la final antes de caer ante la República Federal de Alemania. En el Jubileo de la UEFA de 2004, la Real Federación Holandesa de Fútbol (KNVB) lo eligió como Jugador de Oro de Holanda.

Como entrenador levantó la Recopa de Europa de la UEFA de 1987 con el Ajax y la Copa de Europa de 1992 con el Barcelona.

En 2013, la UEFA le otorgó en reconocimiento a su contribución al fútbol europeo el Premio Presidente de la UEFA.

En agosto de 2013, la Fundación Johan Cruyff recibió el Premio Benéfico Mónaco de la UEFA de un millón de euros. Ha sido utilizado para promover el bienestar mental y físico de niños y jóvenes.

Tomado de http://es.uefa.org/member-associations/association=ned/news/newsid=2462365.html

jueves, 16 de febrero de 2017

Que se haga el busto de Camilo Torres

El Concejo de Bogotá ordenó en 1970 construir un busto de Camilo Torres Restrepo en su homenaje. "Puede ser un referente para la paz que está por construirse con el ELN", sostiene Antonio Sanguino


Por El Espectador

Se abre una posibilidad de que se haga cumplir el Acuerdo N° 22 de 1970, aprobado por el Concejo de Bogotá y a través del cual se ordenó construir en el barrio La Soledad un busto al sacerdote Camilo Torres Restrepo, sociólogo y miembro fundador de la guerrilla del ELN, para honrar su memoria.

Uno de ellos es Antonio Sanguino, desmovilizado del ELN y hoy concejal de Bogotá por la Alianza Verde, quien envió un derecho de petición al alcalde Enrique Peñalosa para preguntar por qué no se ha cumplido este mandato luego de 47 años.

“La figura de Camilo Torres Restrepo tiene todos los méritos para gozar del reconocimiento que le hizo el Concejo de Bogotá hace 47 años y ese acuerdo no lo pueden seguir desacatando, tanto por razones históricas como por razones legales. Por eso pedimos al alcalde que nos informe sobre el estado de cumplimiento del acuerdo y las decisiones que la administración tiene previstas para cumplirlo”, explicó el concejal.

Agregó que, de no existir planes para hacerlo, acudirá al Tribunal Administrativo de Cundinamarca para que los magistrados lo hagan cumplir, como lo disponen las normas legales del país y de la ciudad. “No estamos haciéndole un homenaje a la violencia. Camilo Torres puede ser un referente para la paz que está por construirse con el ELN”, anotó Sanguino.

Por su parte, el concejal Hollman Morris (Movimiento Progresistas) se sumará a esta cruzada, pues considera importante que se cumpla el acuerdo para reivindicar voces alternas a la memoria oficial de Bogotá. “Un principio de reconciliación es reconocer la memoria de todas las voces que desde diferentes sectores aportaron a la construcción del país. El legado del cura Camilo sigue vigente”, indicó.

Por su parte, el exconcejal Carlos Bula, uno de los impulsores del acuerdo hace 47 años durante su militancia en la Anapo (Alianza Nacional Popular), pide al Distrito que se le dé cumplimiento el acuerdo como un gesto para encontrar la paz en el país. “Nadie podrá negar que Camilo es símbolo puro de la juventud colombiana, juventud tantas veces frustrada en la realización de sus ideas y sus ideales”, concluyó Bula.

El sacerdote Camilo Torres Restrepo fue un personaje clave para la política colombiana en la década del sesenta y que representó el descontento de la juventud nacional con la exclusión política que produjo la instauración del Frente Nacional. Además, fue un reconocido investigador social, egresado de la Universidad Católica de Lovaina y fundador en Colombia del primer Departamento de Sociología junto al investigador Orlando Fals Borda.

Fue profesor y capellán de la Universidad Nacional y docente de la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP). Además, realizó una amplia labor pastoral en las zonas marginales de la ciudad. Esta semana, que se cumplen 51 años de su muerte, en la capital se han realizado diversos eventos para resaltar su memoria, como el lanzamiento del libro "Camilo, entonces y ahora frente a creyentes y agnósticos" de Javier Giraldo.

viernes, 21 de octubre de 2016

Así fue el bautizo de la “Plaza Che Guevara”

El profesor Carlos Medina Gallego, en su novela “Al Calor del Tropel”, plasma la cotidianidad del movimiento estudiantil de los años 70. En uno de sus pasajes, narra cómo fue renombrada la plaza central de la Universidad Nacional de Colombia:


En los costados de la Plaza Francisco de Paula Santander, los estudiantes le maman gallo a su inmadurez y aburrimiento. Son algunos de los que bautizaron esa misma plaza “Che Guevara”.

No obstante, allá sobre el pedestal de concreto, como una venganza, el general los mira y se ríe, parece tener, a flor de labios, la frase célebre de “las armas nos dieron la independencia, las leyes nos darán la libertad”.

— “Una libertad que los estudiantes vemos cada día más lejos, más difícil de alcanzar porque el único presupuesto con que se cuenta para ello es el hambre, el analfabetismo, la insalubridad, el frío que produce la falta de vestido y vivienda. Y coma mierda, con eso nadie construye nada, ni una revolución porque se necesita además tener ideas”... había dicho Antonio una tarde sentado en uno de los costados de la plaza. Ese muchachito tierno que, apenas despuntando la vida, cambió la academia por la política, para convertirse, con el tiempo, en una carga de conciencia para aquellos que fueron sus amigos de conspiración, pero que no quisieron convertirse en sus compañeros de lucha...

— “Porque hermano, una cosa es trompiar acá con la policía y la otra es irse a mamar hambre al monte, nosotros no estamos para eso, hay cosas en las que uno no se debe meter y esa es una de ellas, acá uno tiene el merco y un cuarto donde arruncharse, allá se tiene a toda hora la repre a las espaldas...” aseguraba el santandereano una noche discutiendo en
residencias sobre cuál debía ser el papel del estudiante en el proceso de cambio social.

— Mire Antonio -le dijo- yo creo que uno cumple su papel acá a través de la denuncia y la agitación... el monte es para verracos, no para nosotros que somos unos habladores de mierda; que hacemos cosas para cumplir con nosotros mismos, pero hay veces que hasta una pedrea nos queda grande...

— Yo no estoy diciendo que nuestra participación en el proceso tenga que ser necesariamente en el monte, no. Nosotros podemos participar acá, desde la Universidad, pero hacerlo correctamente, creo que debemos pasar de la edad de piedra a la edad de la razón... hay que crear en la gente necesidad de organización, sentimientos de unidad...

— No hermanito... lo que pasa es que usted se nos está mamertiando.

— Pues si plantearse el problema de la organización es mamertiarse... me mamertié y listo.

Después de aquella noche nadie lo volvió a ver. Una tarde llego el negro hasta el sitio en que acostumbraba a reunirse el grupo: un árbol inmenso en una de las esquinas de la plaza. Allí, en torno a la sombra que producía, se sentaban a conversar; traía el periódico debajo del brazo y se le veía consternado; todos comenzaron a hacerle bromas que él pasó por alto, de repente dijo:

— Mataron a Antonio -y les entregó el periódico- los que nos mamertiamos fuimos nosotros, completó mientras miraba a Santander que parecía no importarle lo que sentía.

Días después llegó un Juglar a la plaza; traía el rostro pintado de color blanco y rosado, llevaba el overol con que acostumbraba trabajar, lo estudiantes comenzaron a acercarse al lugar que escogió para la función: una plataforma de concreto en mitad de la cual se levantaba el pedestal que sostenía el Santander de bronce; comenzó el espectáculo con un par de mimos que arrancaron carcajadas a los estudiantes... la plaza se fue llenando cada vez más.

La Mona descolgó la bocina, introdujo la moneda y marcó un número telefónico que tenía apuntado en un papel pequeño.

— Aló, ¿Automóvil Club de Colombia? Sí, miré señor, por qué no me hace un favor, me quedé varada acá en la autopista El Dorado, frente al ICA y no quiero dejar el carro por acá botado, porque está cerca a la Universidad y usted sabe cómo son los estudiantes. ¿Usted sería tan amable de mandarme una grúa para llevar el auto al taller?... sí, sí señor, claro que
estoy afiliada... ¿De verdad? ¡Ay! qué alegría, no sabe cuánto le agradezco, es usted muy amable... Sí, yo la espero... ¿Tarda mucho?... ¡Ah! bueno... muchas gracias, hasta luegüito... -Colgó la bocina y caminó dos cuadras hasta encontrar otra cabina telefónica y marcó un nuevo número.

— Aló... sí, mire señor, usted sería tan amable de enviarme una grúa a la calle 26 con carrera 40... sí, frente al ICA, bueno yo la espero, muchas gracias. -La Mona colgó el auricular y miro justo al frente de donde se encontraba; un pequeño grupo de estudiantes estaba sentado sobre el prado conversando animadamente; atravesó la calle y fue hasta ellos, al llegar al sitio comentó:

— En diez minutos deben estar llegando.

El juglar trepó al pedestal y se colocó sobre los hombros de Santander, sacó un pañuelo y se hizo el que lo sonaba, luego metió el dedo en la oreja y lo agitó como para remover la cera, mímicamente se dio a la tarea de llenar un tarro con la cera que supuestamente iba extrayendo de los oídos del General.

"Ahí viene", señaló la Mona. Los estudiantes se incorporaron; ella se adelantó para hacerle el pare; la grúa se detuvo y en cuestión de segundos el chofer se vio rodeado de estudiantes que le obligaron a abandonar el volante del carro con la amenaza de "armas" que insinuaban debajo de periódicos y chompas. Un estudiante tomó la cabrilla y condujo el vehículo con el conductor hasta el interior de la Universidad. En el momento que la grúa irrumpió en la plaza, el Juglar tenía de caballito a Santander. Los estudiantes reaccionaron sorprendidos al ver la grúa desplazarse sobre la plaza hasta localizarse cerca de la estatua. Un estudiante la envió un lazo al Juglar para que la amarrara, éste la ató por el cuello, y descendió del pedestal. El carro comenzó a halar. La cabeza de Santander, con leyes y todo, se vino al piso, pero el cuerpo quedó en el lugar en que se encontraba.

El juglar subió nuevamente y amarró las cadenas de la grúa a la cintura de Santander, el chofer tomó el mando del vehículo y comenzó a halar lentamente hasta que Santander se vino al suelo, “sáquenlo a la veintiséis”, gritaban los estudiantes, y así lo hicieron. Santander fue izado en el puente peatonal de la Universidad sobre la autopista El Dorado y la plaza dejo de llevar su nombre para llamarse “Che Guevara”.

*Fragmento del libro “Al calor del Tropel”, de Carlos Medina Gallego

domingo, 9 de octubre de 2016

Monika Hertl, “la vengadora del Che Guevara”

La historia de la mujer que vengó el vil asesinato de esos grandes dirigentes revolucionarios, el Che Guevara e Inti Peredo


Por Hernando Calvo Ospina*

El coronel boliviano Roberto Quintanilla le hizo amputar las manos al recién asesinado Ernesto “Che” Guevara. Fue un terrible ultraje el que cometió ese 9 de octubre de 1967. Por ello se convirtió en el hombre más odiado de la izquierda en el mundo. Que en esa época era numerosa y radical.

Dos años después, el 9 de septiembre, le rompió la columna vertebral a culatazos al detenido Guido “Inti” Paredo, antes de asesinarlo. Inti, uno de los cinco sobrevivientes de la guerrilla del Che en Bolivia, era líder guerrillero.

Temiendo por su vida, el gobierno lo nombró cónsul en Hamburgo, Alemania.

El 1° de abril de 1971, hacia el medio día, fue ejecutado. Una elegante mujer en falda, esbelta, con una peluca rubia y de lentes le pegó tres tiros. Murió al instante. Para pedir la cita, ella se hizo pasar por australiana en busca de información turística. El mismo Quintanilla la atendió en su oficina. Luego de un forcejeo con la ya viuda, escapó sin dejar pistas certeras. Antes de salir del edificio soltó la peluca, el revólver y el bolso. Este contenía un trozo de papel donde se leía: “Victoria o muerte. ELN”.

La noticia dio la vuelta a la tierra. Muchísimos la celebraron. Una mujer en alguna parte dijo: “Para la venganza ningún camino es largo”

Por simple sospecha, la policía alemana sindicó a Monika Ertl. La gran prensa, como siempre, repitió y repitió. Entonces empezó la cacería.

Ella había llegado a Bolivia en 1953, cuando tenía quince años. Llegó con su madre y hermanas para juntarse a su padre Hans. Este llevaba tres años en Chiquitania, a unos cien kilómetros de Santa Cruz. Ahí, en esas planicies casi vírgenes, que hacen frontera con Brasil, se sintieron como conquistadores.

Hans, en particular, estaba escondido. Huido. Como fotógrafo y cineasta, durante la Segunda Guerra Mundial había sido uno de los grandes propagandistas del nazismo. Se le conocía como “El Fotógrafo de Rommel”, por haber servido mucho tiempo a este mariscal, uno de los hombres más poderosos del Tercer Reich.

Cuando las tropas soviéticas entraron a Berlín el 2 de mayo de 1945, derrotando a las nazis, Hans pudo huir ayudado por los servicios de espionaje militar estadounidenses y el Vaticano. A cambio, entregó la información que tenía.

No se sabe cómo él había adquirido tres mil hectáreas de terreno, pues cuando llegó a Bolivia su tesoro era una chaqueta. Era la misma que portaban los oficiales nazis, diseñada y fabricada por quien llegaría ser mundialmente famoso: Hugo Boss. Sus máquinas las operaban prisioneros franceses, principalmente.

Monika, entonces, había vivido su niñez entre la efervescencia del nazismo. Ahora, en Bolivia, como adolescente, su mundo debió ser totalmente diferente. Pero socialmente no lo fue tanto, porque su hogar era un ir y venir de nazis prófugos, aunque protegidos por Estados Unidos.

Monika se casó en 1958 con otro alemán y se fueron a vivir al norte de Chile, cerca a las minas de cobre. Casi diez años soportó la vida de hogar. Ver las desventuras de los mineros le hizo cambiar su visión del mundo y sus humanos. Se fue a vivir en La Paz y fundó un hogar para huérfanos. Crecida entre racistas, pasó a convivir en las comunas repletas de indígenas.

También empezaron sus contactos con la izquierda boliviana. Viajando en busca de financiamiento para su proyecto, hizo estrechas relaciones con la europea, principalmente alemana. Según su hermana Beatrix, Monika era “una mujer eléctrica con mucha adrenalina, que tenía un amplio abanico de amistades”.

Para ella el Che Guevara “había sido un Dios”, contó Beatrix. Su asesinato le había impactado y dolido terriblemente. Por tanto su integración al Ejército de Liberación Nacional, ELN, fue normal: había sido la guerrilla del Che. No fue una combatiente sino una miliciana encargada de apoyo logístico, tarea que implica más riesgos que estar en la montaña. Su nombre de guerra era “Imilla”, que en idioma aimara significa “niña india”.

Contó su hermana: “ella estaba decidida a cambiar el mundo”.

Desde un comienzo sus posiciones políticas le trajeron desacuerdos con el padre. A pesar de ello, él le permitía que usara una gran casa que la familia tenía en la capital. Lógicamente, ella la utilizó para esconder armas y guerrilleros. El día que Monika fue hasta “La Dolorosa”, como se llamaba la hacienda, a pedirle que le dejara construir ahí un campo de entrenamiento, Hans le ordenó que se largara para siempre. Durante los cuatro años de clandestinidad, le escribió a su familia solo una vez por año. Siempre les dijo que estaba bien. En 1969 fue su último correo: “Adiós, me voy y no me verán nunca más”. Así fue.

La casa de La Paz escondió a Inti Paredo. También fue testiga regular del apasionado romance que Monika mantuvo con el dirigente guerrillero. El se convirtió en su gran amor.

Desde la ejecución de Quintanilla ella pasaba más tiempo por fuera de Bolivia, especialmente en Cuba y Francia. Tenía un pasaporte argentino falso. A pesar de que varios servicios de inteligencia estaban tras su pista, encabezados por los alemanes y la CIA, se movía con cierta facilidad.

El ministro del Interior boliviano ofreció por ella una recompensa más alta que la prometida por el Che Guevara. Una vez el padre vio el cartel con los “terroristas” más buscados, así como su precio. Ella estaba. Dicen que eso le causó profunda vergüenza.

Había un hombre que la conocía muy bien: era el “Tío Klaus”. Así su padre le había enseñado a llamar a ese hombre que se decía comerciante y de apellido Altmann. Monika tardó muchos años en saber que su verdadero nombre era Klaus Barbie, un “criminal de guerra”. En 1943, durante la Segunda Guerra Mundial, había sido jefe de la tenebrosa Gestapo de Hitler en la ciudad francesa de Lyon. Torturó, asesinó o envió a los campos de concentración a unas cuatro mil personas. Por su crueldad se le llamó “El Carnicero de Lyon”. Al finalizar la conflagración los servicios de seguridad franceses lo quisieron detener, pero se había esfumado. Es que lo protegía un gran poder: la contrainteligencia del Ejército estadounidense (Counter Intelligence Corps, CIC). El asesino era importante por todo lo que sabía del espionaje soviético y de la resistencia organizada por el Partido Comunista francés. El CIC adujo que lo realizado por Barbie solo habían sido “actos de guerra”.

Con la ayuda del Vaticano, en 1951 fue enviado a Argentina, de donde pasó a Bolivia. Ahí obtuvo la nacionalidad, convirtiéndose en brazo derecho de la CIA y asesor de las dictaduras. Sí era un “comerciante”, como se le contaba a Monika, pero de cocaína y armas.

“Barbie sabía todos los movimientos de mi hermana, los tenía bien estudiados”, contó Beatrix. Claro, con los contactos que tenía era normal, pues se asegura que también colaboraba con la policía secreta alemana. Desde que Monika salió de Europa la última vez, e ingresó a Bolivia, venía siendo seguida.

Parece que durante unos pocos días Barbie le perdió el rastro en La Paz. Hasta que el criminal la volvió a ubicar en el centro de la ciudad. Ella iba vestida como una hippie o una gitana. El la reconoció por sus piernas esbeltas y desgarbadas y los lóbulos alargados de las orejas. Inmediatamente llamó al Ministerio del Interior para que se encargara del resto. Entonces se envió a los “negros”, como se le decía a los matones encargados del trabajo sucio.

Monika estaba acompañada de un argentino. Cuando llegaban a la casa de su padre una vendedora les advirtió del peligro: el lugar estaba allanado y el sector militarizado.

Tres días después, en El Alto, un municipio colindante con la capital, los ubicaron. Era el 12 de mayo de 1973. Aunque había sido una casa de seguridad, clandestina, estaba localizada por la policía. La guerrillera y su compañero resistieron el asalto hasta que se les acabó la munición. La policía informó que habían muerto en el combate. Años después, el padre dijo que a ella la habían torturado antes de asesinarla.

La familia se enteró por la prensa, pues fue portada en todos los diarios y noticieros. Las hermanas se comunicaron con la embajada alemana para reclamar el cadáver: apenas se movieron. Se contentaron con la respuesta del Ministerio del Interior: “ella tuvo cristiana sepultura”. Igual se les dijo a ellas. El padre no quiso mover un dedo.

Hasta hoy el cuerpo está desaparecido. Tan solo existe una placa rustica a la entrada de un cementerio en La Paz que dice: “Aquí yace Monika Ertl”.

Cuenta Beatrix que un día vio a Barbie en la calle. “Me saludó atentamente y dijo ‘qué pena lo que le sucedió a tu hermana, lo siento’. Yo ni sentí rencor hacia él. Solo queríamos su cadáver […] Yo no supe si fue él el que la mandó a asesinar”.

Barbie, al fin, fue extraditado a Francia en febrero de 1983. Murió encarcelado el 25 de septiembre de 1991.

Monika vengó el vil asesinato de esos grandes dirigentes revolucionarios, el Che e Inti, quienes también eran sus héroes. El fiscal de Hamburgo la acusó, pero cerró el caso sin poderlo resolver.

Cuando asesinaron a la guerrillera, gobernaba en Bolivia el dictador Hugo Banzer. Por coincidencia, él era vecino de los Ertl en la hacienda. El padre nunca quiso preguntarle por el cuerpo de quien un día fuera su hija preferida. Cuando no podía evadir el tema, solo decía: “si la mandó a matar, habrá tenido sus razones”.

*Periodista y escritor. Este texto hace parte del libro “Latinas de falda y pantalón”. Ediciones El Viejo Topo, Barcelona, 2015

lunes, 26 de septiembre de 2016

El Woodstock del Yarí

En todo un festival por la paz se convirtió la X Conferencia de las FARC, reunión que ratificó su conversión en movimiento político legal


Agencia Colombiana de Prensa Alternativa

La música, el reencuentro y las esperanzas de paz fueron componentes esenciales de la Décima Conferencia Nacional Guerrillera, celebrada del 17 al 23 de septiembre en los Llanos del Yarí.

Con motivo de esta cumbre, cada noche se presentaron variados grupos que pusieron el evento al nivel de los mejores festivales musicales del país. Un “Woodstock fariano”.

El Woodstock de 1969 fue un festival musical celebrado en una granja de Nueva York y que albergó a miles de jóvenes que se oponían a la guerra y profesaban el amor. Con el tiempo se convirtió en ícono de la cultura hippie y del movimiento por la paz.

Una versión macondiana se ha vivido en los Llanos del Yarí, región ubicada en los límites de Caquetá y Meta, y donde en el pasado se libraron sangrientas batallas del conflicto que hoy está quedando atrás.

Artistas de la talla de Alfredo Gutiérrez y Aries Vigoth deleitaron al público presente, compuesto por guerrilleros, periodistas y pobladores civiles de la región.

Ritmos como reggae y cumbia sonaron en la tarima principal del Parque La Nueva Colombia, escenario levantado para albergar la última conferencia de las FARC, que ratificó el acuerdo de paz y que definió su paso a movimiento político a partir del 2017.

También pasaron por el escenario grupos como Alerta Kamarada, Latin Latas y Sistema Sonoro Skartel, que sintonizaron muy bien con un público más bien acostumbrado a otros ritmos. Y además sonaron los tradicionales temas de protesta social de Los Hermanos Escamilla y Carlos Lugo.

La delegación fariana también tuvo su espacio en las noches musicales, con Los Rebeldes del Sur, la orquesta de música tropical creada por el Bloque Sur hace 17 años.

En medio de cada presentación, familias enteras que viajaron al Yarí aprovecharon la ocasión para reencontrarse con sus parientes enlistados en las FARC y que no veían hace muchos años.


También se vio a los principales comandantes de las FARC, como Iván Márquez, que cantó a dúo con Vigoth; Jesús Santrich, que disfrutó de cada concierto; y el propio Timoleón Jiménez (jefe máximo de la organización).

La X Conferencia fue clausurada el 23 de septiembre con un mensaje de paz. Aunque ese día no terminó este Woodstock criollo, pues con motivo de la firma protocolaria del acuerdo de paz se organizó el concierto “Abriendo caminos de paz”.

A esta presentación fueron invitados el Binomio de Oro, Doctor Krápula, Jhon Alex Castaño, la Orquesta Aragón y Totó La Momposina. Un cartel de altura para celebrar la firma de la paz junto con centenares de guerrilleros y pobladores de la región del Yarí, que pasará a ser uno de los escenarios donde se empezó a construir la nueva Colombia, en paz y reconciliación.

martes, 7 de junio de 2016

Mohamed Ali, el activista

Objetor de conciencia contra la guerra de Vietnam y luchador contra la discriminación racial, fue tan certero con sus palabras como con sus puños


Falleció en Phoenix (Estados Unidos), a los 74 años de edad, el boxeador más destacado y reconocido de la historia. Nacido en Kentucky en 1942, fue llamado Cassius Clay, nombre que después cambió al de Mohamed Ali porque consideraba que el otro era “de esclavo”.

Fue campeón olímpico en 1960 y tres veces campeón del mundo de los pesos pesados, por lo que se convirtió en una leyenda del deporte, aunque no sólo se le reconoce por su carrera pugilística sino también por su activismo social.

En 1964, cuando ganó su primer título mundial, se convirtió en musulmán, se cambio de nombre e ingresó al movimiento “Nación del Islam”, que lideraba Malcolm X y que proponía la liberación de los guetos negros y el fin de la segregación racial. Ali consideraba que no podía profesar la misma religión de aquellos que habían esclavizado al pueblo afrodescendiente.

En sus primeros años de profesionalismo, venció a los principales boxeadores estadounidenses, incluyendo a Jerry Quarry, considerado “el orgullo de la América blanca”, en una pelea disputada en el Madison Square Garden de Nueva York.

Con sus victorias generó la fascinación de los espectadores, que admiraban su peculiar estilo de pelea. Ali combinaba un rítmico juego de piernas con un golpe demoledor. “Flotar como mariposa y picar como abeja”, era su consigna.

En 1967 fue otro hito en su carrera, cuando se negó a ingresar al Ejército, que en ese momento reclutaba jóvenes estadounidenses para llevarlos a luchar en la Guerra de Vietnam. La justicia lo condenó por insumisión y las autoridades deportivas lo expulsaron del boxeo y lo despojaron de su título.

A pesar de estar en el mejor momento de su carrera, Ali fue irrestricto en su postura de rehusarse a participar en una guerra contra los vietnamitas, “con los que no tengo problemas”, dijo el boxeador. Esto lo convirtió en figura de la objeción de conciencia y del movimiento antibélico. Por el caso ganó una histórica demanda en la Corte Suprema de Justicia. Luego de tres años fuera de los cuadriláteros, pudo regresar al boxeo.

En los años 70 llegó a la cima de su carrera con un combate ante George Foreman celebrado en Zaire, el 30 de octubre de 1974. En el vuelo antes de llegar a Kinshasa preguntó qué era lo que más odiaban en ese país. Le dijeron que a los belgas porque fueron quienes los colonizaron. Al llegar al aeropuerto dijo “Foreman es belga” ante la multitud que lo aclamó.

Con los aficionados de su lado, superó a Foreman en una histórica pelea y recuperó el título mundial, que defendió en cinco ocasiones consecutivas. Sólo lo perdió en 1978 ante Leo Spinks, a quien sin embargo venció en una revancha ese mismo año.

En ese momento optó por el retiro, en momentos en que los numerosos combates en los que participó le generaron graves problemas de salud. Excepcionalmente disputó otras peleas, hasta que colgó definitivamente los guantes en 1981. Luego se le diagnosticó Parkinson, una enfermedad degenerativa del sistema nervioso, que según los médicos fue causada por el boxeo.

A pesar del dinero y la fama que acumuló por dos décadas, siguió defendiendo la igualdad racial y los valores del Islam. En noviembre del 2002 visitó Afganistán como “Mensajero de paz” de las Naciones Unidas, en momentos en que Estados Unidos ocupaba ese país.

A Colombia vino en 1977 para disputar una pelea benéfica por la que no cobró un peso. También se reunió con Fidel Castro y fue muy cercano a Malcolm X, el asesinado activista estadounidense que inspiró a los “Panteras Negras”, movimiento de resistencia en esa nación.


Recibió el Premio Jalil Gibran del Instituto Árabe-Americano por su obra en favor del mundo en desarrollo y la Medalla por la Paz “Otto Hahn”, otorgada en Berlín. También inauguró en Louisville, su ciudad natal, un Centro que lleva su nombre para promover ideales humanitarios y culturales.

El Parkinson le paralizó el rostro y le puso las manos temblorosas. Pese a ello, encendió la llama olímpica en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, e impulsó una ley de reforma del boxeo que recibió su nombre.

A pesar de los estragos que su carrera deportiva causó en su salud, nunca renegó de ella ni se quejó por su situación. “Un hombre que no tiene el coraje de arriesgarse no logra nada en su vida”, dijo.

Con sus fuertes puños y sus polémicas palabras, se ganó la simpatía a lo largo de todo el mundo. Se convirtió en símbolo de las décadas de 1960 y 1970, de la lucha por los derechos civiles y de la oposición a la Guerra de Vietnam. Todo un campeón de los pueblos.

Oficina de Prensa Marcha Patriótica

viernes, 11 de marzo de 2016

Los Rolling Stones en Bogotá

La noche en que 45.000 personas sacaron la lengua con Rolling Stones. "Hola, rolos", dijo Mick Jagger en concierto en El Campín



Por Carlos Solano

“Se siente bien estar aquí... Se siente bien estar en cualquier parte”, celebró en broma Keith Richards al hablarle al público bogotano. Una forma de celebrar que sigue vivo, y que los Rolling Stones siguen ahí, en ese mundo que crearon de su propio rock and roll.

El concierto de la emblemática banda británica que se apoderó de la tarima dispuesta en el estadio El Campín, con un listado de sus mejores éxitos, en una cita que sus fanáticos colombianos habían soñado durante 50 años.

Una mezcla de niños, jóvenes, treintañeros y hasta sesentones acudieron al encuentro y en el ambiente se respiraba ansiedad, mientras en los camerinos esperaban Mick Jagger, Keith Richards, Ron Wood y Charlie Watts.

Segundos antes de que la banda saltara al escenario, las pantallas proyectaron un video con un mapa que reunía en un solo collage decenas de instantes de la historia de los Stones, pasando por cada una de sus carátulas y después se ubicaba en el mapa a Bogotá.



Luego de arrancar con Jumpin’ Jack Flash (inusual forma de comenzar con respecto al resto de la gira, solo lo hicieron así en otro concierto), Mick Jagger saludó al público y enseguida la banda prosiguió con otro clásico infaltable: It's Only Rock n’ Roll. Después vinieron unas palabras inesperadas: “Hola, Bogotá; hola, Colombia; hola, rolos”, pronunció en español el cantante antes de Tumbling Dice.

Desde la medianoche del miércoles, el grupo les pidió a sus fanáticos votar por una canción entre cuatro opciones, como la elegida para ser exclusiva de los colombianos. Su solicitud se fue sorpresivamente por un panorama muy especializado, contando así con que el público bogotano conociera todas sus canciones: estaban cuatro exponentes de su lado más country, como Sweet Virginia, Let It Bleed, Far Away Eyes y Dead Flowers.

Esta última canción fue la elegida por votación, y, para tocarla, Jagger tomó la guitarra acústica.

Luego vino la gran sorpresa: el cantante colombiano Juanes se les unió para tocar Beast of Burden en guitarra y voz, lo que puso a vibrar de la emoción al público.

Después vino Honky Tonk Women y, en una pausa, Jagger aprovechó para narrar que la agrupación visitó el emblemático Museo de Botero. “Comimos obleas, nos bajamos un aguardiente y nos dio guayabo, luego nos llevó un carro de policía al hotel”, contó, en un español muy practicado.

Luego, Richards tomó la guitarra acústica y el micrófono para cantar You Got the Silver, junto a Wood, y el concierto cobró otra dimensión.

Antes de comenzar Paint It Black, Jagger bromeó con el público, expresando: “La banda aporta a la economía de su país: Ronnie toma a diario ocho tazas de café colombiano”, y todos en El Campín rieron.

Pero la energía se elevó luego de ver a Jagger bailando. Sus movimientos se volvían con cada canción más exorbitantes y sorprendentes, como si la edad no fuera limitante.

Llegó entonces el turno de los solos, y Ron Wood se lució de forma impresionante en Midnight Rambler y Miss You, y Jagger seguía bailando.

Por algunos momentos, Richards se alejaba de las notas en la forma usual de las canciones tan conocidas por el público, lo que de alguna forma le agregaba un halo melancólico al concierto de una banda con un promedio de edades de 71 años.

Además, desfilaron canciones como Wild horses, Before They Make Me Run, Gimme Shelter, Sympathy for the Devil, Start Me Up y Brown Sugar, que trajeron todo lo mejor de la era brillante de la banda en los 60 y 70.

Pero luego vendría You Can't Always Get What You Want -con la compañía del Coro de la Universidad Javeriana, al que presentó Jagger- y Satisfaction para cerrar una noche que cumplió miles de sueños.

Cabe señalar que la apertura del evento la realizó la banda colombiana Diamante Eléctrico, quienes tocaron bajo una fuerte lluvia, la segunda después del que cayó en la tarde en la capital colombiana.

"Bogotá es del putas", de vuelta en su español, despidió Jagger la noche.