Adelanto de la emisión especial de la serie "Soy del pueblo".
sábado, 4 de enero de 2014
jueves, 19 de diciembre de 2013
viernes, 13 de diciembre de 2013
Nelson Mandela, el hombre detrás de la leyenda
El líder sudafricano falleció este 5 de diciembre luego de haber estado junto a su familia, tras haber sido hospitalizado en diversas ocasiones en los últimos meses por las recurrentes reincidencias de infección pulmonar. El luto en Sudáfrica permanecerá hasta después del funeral.
lunes, 25 de noviembre de 2013
La cumbia de los cien goles
Como en 1971, Santa Fe marca un centenar de anotaciones en la temporada.
En 1971, Santa Fe se fijó el objetivo de marcar cien goles durante la temporada. Parte de la campaña fue “La cumbia de los cien goles”, tema interpretado por Gabriel Romero con la agrupación Black Stars.
La canción fue prensada en un disco de acetato de 45 revoluciones por minuto y se vendió mano a mano con la música de los cantantes del momento.
Al son de la cumbia, el Expreso Rojo marcó 103 goles y con ellos consiguió su quinta estrella.
En 1971, Santa Fe se fijó el objetivo de marcar cien goles durante la temporada. Parte de la campaña fue “La cumbia de los cien goles”, tema interpretado por Gabriel Romero con la agrupación Black Stars.
La canción fue prensada en un disco de acetato de 45 revoluciones por minuto y se vendió mano a mano con la música de los cantantes del momento.
Al son de la cumbia, el Expreso Rojo marcó 103 goles y con ellos consiguió su quinta estrella.
lunes, 14 de octubre de 2013
viernes, 4 de octubre de 2013
Falleció el legendario General Giap, héroe de Vietnam
Por Cubadebate
El general Vo Nguyen Giap, figura central de la victoria de la guerra de Vietnam, murió a los 102 años, según informaron este viernes fuentes militares y familiares.
El general falleció por causas naturales en el Hospital Militar 108 de Hanoi.
“Murió por su avanzada edad, no debido a ninguna enfermedad”, aseguró una fuente militar del centro médico.
Giap estuvo en batallas significativas contra Estados Unidos como la ofensiva del Tet en 1968.
Vida heróica
Este legendario general vietnamita nació en la aldea de Una Xa, provincia de Quang Binh el 25 de agosto de 1911. Era hijo de un campesino que, aunque carecía de tierras, sabía leer y escribir y luchó toda su vida contra el régimen colonialista impuesto a su país.
En 1926, siendo aún muy joven, comenzó a luchar por la liberación de Vietnam en el instituto en el que estudiaba. Se incorporó al Menh Dang del Tan Viet y, dos años más tarde, al Quoc hoc, organizaciones clandestinas que realizaban agitación contra la ocupación extranjera.
En 1930 fue detenido y condenado a tres años de prisión, pero fue liberado algunos meses después.
En 1933 entró en la universidad de Hanoi, aunque dos años después le expulsaron por realizar agitación revolucionaria.
En la universidad conoció a Dang Xuan Khu, que más adelante adoptaría el seudónimo de Truong Chinh, el principal ideólogo del comunismo vietnamita. Fue él quien incorporó a Giap al Partido Comunista de Indochina.
En 1937 logró terminar sus estudios de Derecho en la universidad y comenzó dar clases de historia en un instituto de Hanoi, aunque en realidad se dedicaba a organizar a los profesores y alumnos en la lucha revolucionaria.
En 1939 publicó su primer libro, juntamente con Truong Chinh, titulado La cuestión campesina donde analizaban el papel que debían desempeñar los jornaleros del campo como aliados del proletariado vietnamita en el proceso revolucionario.
El año anterior se había casado con una tailandesa, Dang Thi Quang, también militante comunista, y cuando al año siguiente el Partido Comunista de Indochina fue prohibido, Giap escapó a China, donde conoció a Ho Chi Minh y estudió las tesis de Mao Zedong sobre la guerra popular prolongada y la guerra de guerrillas, que luego aplicaría magistralmente a su propio país.
Pero la policía francesa detuvo a su mujer y a su cuñada y las utilizó como rehenes para presionar a Giap y lograr que se entregara. La represión fue feroz: su cuñada fue guillotinada y su mujer condenada a cadena perpetua, muriendo en la prisión después de tres años a causa de las brutales torturas. Los verdugos también asesinaron a su hijo recién nacido, a su padre, a dos hermanas y a otros familiares.
En mayo de 1941 en la conferencia de Chingsi (China), junto con Ho Chi Minh, funda el Dong Minh (Liga Vietnamita para la Independencia), más conocido como Vietminh, para agrupar las fuerzas antijaponesas en un único frente de liberación nacional.
Ese mismo año Giap se traslada a las montañas del interior de Vietnam para iniciar la guerra de guerrillas. Allí estableció una alianza con Chu Van Tan, dirigente del Tho, un grupo guerrillero de una minoría nacional de Vietnam del noreste. Giap comenzó a construir el Tuyen Truyen Giai Phong Quan, un ejército capaz de expulsar al ocupante francés y sostener el programa del Vietminh.
Inició una campaña de dos años de propaganda armada y de reclutamiento, convirtiendo a los campesinos en guerrilleros con una combinación del entrenamiento militar y la formación política comunista. A mediados de 1945 tenía ya unos 10.000 hombres bajo su mando y pudo pasar a la ofensiva contra los japoneses que ocupaban todo el sudeste de Asia.
Junto con Ho Chi Minh, Giap dirigió sus fuerzas hacia Hanoi en agosto de 1945, y en septiembre Ho Chi Minh pudo proclamar la independencia de Vietnam, con Giap al mando del ejército revolucionario.
En la posterior guerra contra el colonialismo frances, Giap demostró la superioridad de la guerra popular sobre las fuerzas imperialistas obteniendo una espectacular victoria el 7 de mayo de 1954 en la decisiva batalla de Dien Bien Phu, una valle situado a unos 300 kilómetros al oeste de Hanoi en el que se habían atrincherado las fuerzas ocupantes francesas, confiadas en la protección de las montañas y en conseguir batir a las fuerzas revolucionarias cuando descendieran.
De los 15.094 mercenarios franceses que se agruparon en Dien Bien Phu, después de casi seis meses del sitio, solamente 73 lograron escapar del cerco, mientras que 5.000 murieron y 10.000 fueron capturados. Giap y el general Denhg lanzaron un asalto frontal a la guarnición que arrojó a los colonialistas franceses definitivamente de Indochina. El ejército de Giap y Denhg padeció la muerte de 25.000 combatientes.
Giap y Denhg derrotaron a los imperialistas con una acumulación logística extraordinaria y un uso eficaz de la artillería bien protegida. Los 60 cazabombarderos norteamericanos B-29 que acudieron en apoyo de la guarnición francesa, no lograron su objetivo, obligando a los imperialistas a diseñar un plan criminal elaborado por el almirante norteamericano Radford y el general francés Navarre consistente en arrojar bombas nucleares contra las fuerzas revolucionarias.
La campaña de Dien Bien Phu fue la primera gran victoria de un pueblo colonial y feudal, con una economía agrícola primitiva, contra un experimentado ejército imperialista sostenido por una industria y pujante moderna bélica. Los más concidos generales franceses (Leclerc, De Lattre de Tasigny, Juin, Ely, Sulan, Naverre) fracasaron uno tras otro frente a unas tropas integradas por campesinos pobres pero decididas a luchas hasta el final por su país y por el socialismo. Los gobiernos de París fueron cayendo también a medida que sus generales eran derrotados en los alejados arrozales, poniendo al descubierto la fragilidad de la IV República.
Vietnam resultó dividido y Giap fue nombrado ministro de Defensa del nuevo gobierno del Vietnam del norte que, al tiempo que continuaba la guerra popular, se esforzaba por construir una nueva sociedad socialista.
Como comendante del nuevo ejército popular, Giap dirigió la lucha en la guerra de Vietnam contra los nuevos invasores norteamericanos en el sur del país, que una vez más comenzó bajo la forma de guerra de guerrillas. Los primeros soldados estadounidenses murieron en Vietnam cuando el 8 de julio de 1959 el Vietcong atacó una base militar en Bien Hoa, al noreste de Saigon. Ese año más de 1.000 lacayos del imperialismo americano fueron ajusticiados por los guerrilleros del Vietcong y antes de 1961 otros 4.000 habían caido.
Cuatro presidentes americanos lucharon sucesivamente contra Vietnam, dejando el rastro de sangre de 57.690 mercenarios americanos ejecutados. Por parte vietnamita murieron 600.000 combatientes pero finalmente los Estados Unidos fueron obligados a salir del país en 1973. Dos años más tarde el país fue reunificado, cuando un tanque del ejército revolucionario embistió la valla de protección de la embajada americana, mientras los últimos imperialistas huían precipitadamente en un helicóptero por el tejado del edificio.
A partir de entonces Giap siguió siendo ministro de Defensa de Vietnam y miembro de pleno derecho del Politburo del Partido Comunista de Vietnam, cargo que ocupó hasta 1982.
Tras su cese, dirigió la Comisión de Ciencia y Tecnología, y en julio de 1992, le concedieron la orden de la estrella del oro, el honor más alto del nuevo Vietnam socialista.
El general Giap no sólo fue un maestro en el arte de dirigir la guerra revolucionaria, sino que además escribió sobre ella en 1961 su famosa obra “Guerra popular, ejército popular”, un manual de la guerra de guerrillas basado en su propia experiencia. En él establece los tres fundamentos básicos que debe disponer un ejército popular para lograr la victoria en la lucha contra el imperialismo: dirección, organización y estrategia. La dirección del Partido Comunista, una férrea disciplina militar y una línea política adecuada a las condiciones económicas, sociales y políticas del país.
Definió la guerra popular como “una guerra de combate para el pueblo y por el pueblo, mientras que la guerra de guerrillas es simplemente un método del combate. La guerra popular es un concepto más general. Es un concepto sintetizado. Es una guerra a la vez militar, económica y política”. La guerra popular no sólo la hace un ejército, por más que sea popular, sino que la hace todo el pueblo porque es imposible que un ejército revolucionario, por sí mismo, pueda lograr la victoria contra la reacción, sino que es todo el pueblo el que tiene que participar y ayudar en una lucha, que necesariamente debe ser prolongada.
Como buen guerrillero, Giap sabía que el éxito de la victoria cuando hay una desproporción tan grande de fuerzas, se basa en al iniciativa, la audacia y la sorpresa, lo que exige que el ejército revolucionario se desplace continuamente. Destacó como un genio de la logística, capaz de movilizar continuamente importantes contingentes de tropas, siguiendo los principios de la guerra de movimientos. Lo hizo así contra los colonialistas franceses en 1951, infiltrando a un ejército entero a través de las líneas enemigas en el delta del río Mekong, y otra vez adelantando la ofensiva de Tet en 1968 contra los estadounidenses, cuando situó a millares de hombres y toneladas de aprovisionamientos para un ataque simultáneo contra 35 centros estratégicos del sur.
La batalla de Ia Drang (19 de octubre-27 de noviembre de 1965) fue una de las más importantes del combate para ambos bandos durante la guerra de liberación de Vietnam. Tras ella el general imperialista Westmoreland creyó que la movilidad aérea y la potencia de fuego en gran escala serían la respuesta a la estrategia de Giap, pero éste apostó a sus soldados tan cerca de las líneas americanas que los B-52 soltaban las bombas encima de sus propias filas.
Todavía hoy las tácticas guerrilleras de Giap constituyen una de las fuentes de estudio de las estrategias militares en el mundo.
lunes, 16 de septiembre de 2013
Hace 40 años: el primer viaje de Fidel a Vietnam
Dieciocho días inolvidables. Crónica de Juan Marrero, enviado especial de "Granma" a aquel histórico viaje.
Ya se habían logrado los acuerdos de París que abrían el camino a la paz en Viet Nam. El 12 de septiembre de 1973, hace 40 años, Fidel Castro encabezaba una delegación del Partido y el Gobierno de Cuba que llegaba a Hanoi, la capital de la República Democrática de Viet Nam. No lo hizo directamente desde La Habana, antes estuvo en Trinidad y Tobago, Guinea (Conakry), Argel, Bagdad y Nueva Delhi.
Como reportero del diario Granma tuve el privilegio de dar cobertura a todo el recorrido, aunque quedé con una insatisfacción que cuatro décadas no han podido borrar: ser excluido del pequeño grupo de periodistas cubanos que junto a Fidel traspasaron el Paralelo 17 y que en el sur de Viet Nam se reunieron con los combatientes del Ejercito de Liberación Nacional. Las razones de esto las explicaré más adelante.
Aquel histórico viaje comenzó en Puerto España, Trinidad y Tobago. Allí, en un pequeño hotel muy próximo al aeropuerto, Fidel sostuvo un encuentro con los primeros ministros de Trinidad y Tobago (Eric Williams), Jamaica (Michael Manley), Guyana (Forbes Burnham) y Barbados (Errol Barrow). Allí les agradeció la actitud de valentía que habían tenido esos países caribeños, meses antes, de establecer relaciones con Cuba, o sea al asumir una posición común en desobediencia a la política que había impuesto Estados Unidos a la mayoría de los países de la región.
Recuerdo algo importante de aquel encuentro. Fidel les habló de la necesidad que tenía los países de América Latina y el Caribe de integrarse y cooperar entre ellos. Y decía algo que entonces era solo un sueño: “Debemos tener una organización regional que defienda nuestros intereses sin los Estados Unidos”. No hubo que esperar demasiado. En este siglo XXI eso se materializó con la creación de la Comunidad Económica de Latinoamérica y el Caribe (CELAC).
En el mismo avión de Cubana de Aviación viajaron a Guinea (Conakry), Fidel, Manley y Burnham, quienes fueron recibidos por el líder africano Sekou Touré. Y, en el mismo avión, esos cuatro mandatarios llegaron a Argel el 6 de septiembre para participar en la IV Cumbre del Movimiento de Países No Alineados (NOAL). Ese encuentro, en el que participaron 70 países, se caracterizó en una primera etapa por un torrente de oratoria retórica, huidiza, anticomunista y derechista de varios Jefes de Estado y Gobierno que con ello trataron de asestarle un golpe mortal a los principios anticolonialistas, antiimperialistas, progresistas y democráticos del movimiento que comenzó a gestarse en Bandung.
Sus discursos en la tribuna y la sabiduría política del presidente de Argelia, Houari Boumediene, de Fidel Castro, de Indira Gandhi, de la India, del arzobispo Makarios, de Chipre, y de otros dirigentes impidieron que esa cumbre terminara en un fracaso. La tendencia anticomunista fue derrotada y los derechistas salieron desmoralizados y las fuerzas progresistas fortalecidas. Entre sus acuerdos más importantes estuvo el rechazo a la criminal agresión norteamericana y el apoyo a la heroica lucha de resistencia del pueblo de Viet Nam. Durante la cumbre varios países anunciaron su reconocimiento al Gobierno Provisional de Viet Nam del Sur. Otro acuerdo fue el respaldo al amenazado gobierno popular de Salvador Allende en Chile, cuyo canciller Clodomiro Almeida lo representó en la cumbre de Argel.
Tras concluir la cumbre, y efectuar una escala en Bagdad, donde Fidel sostuvo un encuentro con el presidente Saddam Hussein, el 11 de septiembre el IL-62 de Cubana de Aviación levantó vuelo hacia Nueva Delhi. Estando en el aire se reciben las primeras noticias sobre los trágicos acontecimientos que tienen lugar en Chile. Aproximadamente a las 6 de la tarde (hora de la India) se llega a la capital india, donde la delegación cubana recibe la confirmación sobre la muerte de Allende y que las fuerzas fascistas habían tomado el Palacio de la Moneda.
Les cuento que este periodista, quien había conocido a Allende cuando dio cobertura a su visita en Cuba, quedó profundamente impresionado y afectado. Pasé por un estado de crisis que me produjo vómitos constantes, diarreas y mareos. No pude salir de la habitación 11 (¿coincidencia?) que me asignaron en el moderno hotel Ashoka. No pude, pues, participar en las actividades que desarrolló Fidel esa noche en Nueva Delhi. Supe que a las 4 de la madrugada seguiríamos viaje a Hanoi. A eso de las 3 de la madrugada bajé a tomarme un te y le conté a Fundora y Robreño, que eran los jefes del grupo de prensa, lo que me pasaba. “En ese estado creo que tendrás que quedarte aquí en Delhi. Hablaré con la embajada”, me dijo Fundora. Volví a mi habitación y recogí mi maletín de mano. Salí a la calle y pedí al chofer del carro que me habían asignado que fuéramos para el aeropuerto. Fui de los primeros que subí al avión, un IL-18, pues el IL-62 debía quedarse en tierra ya que la pista de aterrizaje en Hanoi es corta. Cuando llegó Fundora, y cuando esperaba una fuerte reprimenda, lo que hizo fue preguntarme cómo seguía. “Mejor, le respondí, no podía perderme este viaje a Viet Nam”, país al que ya conocía pues tres años antes había estado en él como corresponsal de guerra. Al poco rato de levantar vuelo el avión, el equipo médico del Comandante me vio, me inyectó y desperté cuando llegué a Hanoi, en horas del mediodía.
La bienvenida a Fidel fue apoteósica. Centenares de miles de vietnamitas bajo una temperatura de más de 30 grados centígrados se alinearon a lo largo de diez kilómetros. Escribí en un primer despacho para Granma: “El calor ofrecido por el pueblo vietnamita a Fidel y a la comitiva oficial que lo acompaña sobrepasa el límite de lo descriptible. Hanoi está de fiesta…la visita de Fidel ha conmocionado a cada hombre y mujer, a cada joven y anciano, a cada niño. Hay que verlos en las calles ansiosos por ver a Fidel, hay que verlos desplegando pequeñas banderas de Viet Nam y Cuba al paso de la delegación cubana, hay que verlos gritando en español Viva Cuba, Viva Fidel. Estas expresiones llegan profundamente a nuestros corazones porque sabemos que brotan de rostros de héroes de la guerra, de forjadores de la victoria contra la agresión yanqui”.
Le Duan, primer secretario del Partido de los Trabajadores de Viet Nam, Pham Van Dong, primer ministro, y Vo Nguyen Giap, el héroe de Dien Bien Phu, dieron la bienvenida a Fidel en el aeropuerto. Por vez primera se usó en Viet Nam un auto descubierto para recibir a un Jefe de Estado o Gobierno que lentamente avanzó hasta el Palacio Presidencial. Y allí Fidel dijo: “Viet Nam es el más extraordinario ejemplo del espíritu revolucionario de un pueblo. Por eso hemos viajado desde Cuba, tan distante geográficamente, pero tan cerca en las ideas y en los sentimientos”. Ese mismo primer día comenzaron las conversaciones oficiales entre las delegaciones de Viet Nam y Cuba y hubo una cena de bienvenida a Fidel.
La visita se había programado para dos semanas, pero los acontecimientos en Chile determinaron fuese acortada.
El 13 de septiembre, Fidel visitó la casa en que vivió el presidente Ho Chi Minh, situada justamente al lado del Palacio Presidencial. Lo hizo acompañado por Pham Van Dong y Giap. Esa casa fue construida en los días en que los bombardeos yanquis a Hanoi fueron más intensos. Recorrió la habitación donde el tío Ho falleció el 1 de septiembre de 1969. Y allí, Pham Van Dong comentó: “El sueño más profundo de Ho Chi Minh era ir al sur. Pero en los últimos años de su vida él estaba muy delicado físicamente, y así y todo él nos pedía: “Quiero ir ahora al Sur para unirme a los combatientes”. También Fidel estuvo en el estuario, fuera de la casa, donde Ho Chi Minh acostumbraba a sentarse en los atardeceres y dar alimentos a sus peces.
El propio día Fidel estuvo en el Museo del Ejército Popular de Viet Nam. Y allí, ante una maqueta, Giap le explicó detalladamente la batalla de Dien Bien Phu, que se extendió por 55 días, y que puso fin al dominio colonial francés en Viet Nam. Fidel, como ha sido siempre su estilo, ansioso de conocer cada detalle, hizo numerosas preguntas al héroe vietnamita. Algunas de ellas: ¿Qué posibilidades tenían las fuerzas francesas de reforzar por tierra a Dien Bien Phu? ¿Por qué no intentaron reforzar por tierra? ¿Cómo hicieron el traslado de los abastecimientos a los defensores de Dien Bien Phu? ¿Cuántos cañones y piezas de artillería tenían? ¿Cómo era las trincheras? Haciendo gala de buena memoria, Giap recordaba con precisión cada cifra. Al final del encuentro, Giap impuso los sellos de combatientes de Dien Bien Phu a Fidel, a Carlos Rafael Rodríguez, a Osmany Cienfuegos, a Héctor Rodríguez Llompart, a Pepín Naranjo, a Melba Hernández, al embajador Raúl Valdés Vivó y a otros integrantes de la delegación cubana.
El 14 de septiembre, una parte del reducido grupo de periodistas, personal médico e incluso algunos integrantes del cuerpo de seguridad del Comandante en Jefe emprendimos camino hacia Haiphong, puerto de Viet Nam que durante muchos años fue centro de los ataques de la aviación norteamericana. Solo quedaron Santiago Álvarez e Iván Nápoles, del ICAIC, y el fotógrafo Pablo Caballero, de los Estudios Revolución, en Hanoi. Pensamos que éramos una avanzada y que detrás vendría la caravana de Fidel. Lo mismo que había ocurrido en Hanoi sucedió en Haiphong. Miles de gentes en las calles para dar la bienvenida a Fidel. En su nombre la recibimos los periodistas cubanos, entre ellos recuerdo a Ricardo Sáenz, de Juventud Rebelde, y a Carlos Mora, de Prensa Latina. Nos entregaron flores e incluso participamos en un mitin de masas de apoyo a Cuba.
Al día siguiente, supimos que Fidel, con una pequeña comitiva, había ido para el sur de Viet Nam. Mucho tiempo después, el compañero Valdés Vivó me explicó que por el adelanto del viaje y para garantizar la seguridad de Fidel hubo necesidad de reducir el grupo que iría al Sur. Fue una decisión entendible de los vietnamitas.
Regresamos a Hanoi, y casi al mediodía del 14 de septiembre nos trasladamos al aeropuerto para recibir a Fidel y a la comitiva cubana. Descendió de un avión An-24, se le veía feliz, y junto a la escalerilla lo recibió el general Giap, quien le dio un fuerte abrazo y, en español, decía: “Gran victoria de Cuba y Viet Nam”. Lo repitió tres veces.
Como periodista de Granma debía hacer algo para que nuestro pueblo tuviese la gran noticia del encuentro de Fidel con los combatientes de Viet Nam del Sur. Se me ocurrió, en el mismo aeropuerto, interrogar a Santiago Álvarez, capaz de sintetizar todo lo esencial que había ocurrido en los dos días del viaje al sur. Titulé la crónica El viaje de Fidel a Viet Nam y el documental “Los cuatro puentes”, que envié a La Habana el 16 de septiembre.
Empecé la crónica así: “Fidel Castro traspasó el paralelo 17, la artificial demarcación militar trazada por los imperialistas yanquis, y visitó las zonas liberadas por los patriotas de Viet Nam del Sur. Este sensacional acontecimiento se produjo durante el sábado, y fue conocido por la población de Hanoi en la mañana de hoy, poco antes de que Fidel descendiese en el aeropuerto de Gia Lam de un AN-24 que lo trajo de retorno desde la Cuarta Zona Militar. Al bajar del avión, el rostro de Fidel reflejaba una inmensa felicidad. No era para menos: acababa de materializar el hermoso sueño de avanzar por los lugares donde la guerra de agresión yanqui alcanzó sus niveles más destructivos y donde, al propio tiempo, las expresiones de heroísmo del pueblo de Viet Nam se sucedieron minuto tras minuto a lo largo de los últimos diez años en el combate contra el más poderoso y criminal imperialismo que ha conocido la humanidad”.
Santiago Álvarez, con esa locuacidad que lo caracterizaba, me contó sobre la experiencia vivida. Lo encontré casi irreconocible usando sobre su cabeza un casco verde que le obsequiaron los combatientes vietnamitas y sus ropas estaban salpicadas de barro rojo. Y aún con un estado de tensión elevado reconstruyó lo que pasó, escena por escena, momento por momento. Del encuentro de Fidel con tres héroes de las milicias en Vinh Linh, de los cráteres abiertos por las bombas yanquis, de la destrucción de caminos y puentes que hicieron difícil avanzar la caravana de jeeps y ómnibus empleados, del cruce del río Ben Hai que corre junto a la ficticia línea del paralelo 17, de la visita a la base de Doc Mien, que formó parte del complejo estratégico electrónico de Estados Unidos, de la colina 241, que los imperialistas llamaban la base Carol, y donde Fidel habló a los combatientes, de la asistencia brindada por nuestros médicos a cuatro trabajadores vietnamitas a los que explotó una bomba mientras labraban la tierra.
Santiago se proponía titular su documental “Los cuatro puentes”. ¿Por qué?, le pregunté, y me respondió: “Ese titulo me lo sugirió el paso por cerca de Dong Ha. Allí hay tres puentes sobre el río Cam Lo. El primero fue construido por los franceses, representa el colonialismo y está hoy destruido; el segundo, construido por los norteamericanos representa el neocolonialismo y también está destruido; el tercero, es obra de los vietnamitas y por él cruzaron Fidel y su delegación, está nuevecito, es modesto, sobre pontones, pero sobre él pasan todos los vietnamitas. “¿Y cuál es el cuarto puente, Santiago? ”Ese es el que yo llamo El Puente de la Solidaridad y de la Amistad con Viet Nam. Ese existe desde hace muchos años por aire, por mar, por tierra, por la radio, por la prensa, por el cine, por los comités de solidaridad de todo el mundo”.
El 18 de septiembre salimos de Hanoi. Se hicieron escalas técnicas en Calcuta y Delhi –aquí se tomó nuevamente el IL-62–, y después en Praga y Gander. Fidel habló en varios aeropuertos con la prensa. Junto con la visita a Viet Nam y la cumbre de No Alineados, muy presente estuvo el tema de la tragedia ocurrida en Chile. Denunció la participación norteamericana en el complot para derrocar a Allende, los métodos fascistas de los militares golpistas y la valentía y dignidad del presidente Allende que lo convertiría en una bandera de lucha para el pueblo chileno.
Treinta y seis horas después estaríamos en La Habana. Fueron 18 días muy productivos e inolvidables.
Tomado de Cubadebate
Ya se habían logrado los acuerdos de París que abrían el camino a la paz en Viet Nam. El 12 de septiembre de 1973, hace 40 años, Fidel Castro encabezaba una delegación del Partido y el Gobierno de Cuba que llegaba a Hanoi, la capital de la República Democrática de Viet Nam. No lo hizo directamente desde La Habana, antes estuvo en Trinidad y Tobago, Guinea (Conakry), Argel, Bagdad y Nueva Delhi.
Como reportero del diario Granma tuve el privilegio de dar cobertura a todo el recorrido, aunque quedé con una insatisfacción que cuatro décadas no han podido borrar: ser excluido del pequeño grupo de periodistas cubanos que junto a Fidel traspasaron el Paralelo 17 y que en el sur de Viet Nam se reunieron con los combatientes del Ejercito de Liberación Nacional. Las razones de esto las explicaré más adelante.
Aquel histórico viaje comenzó en Puerto España, Trinidad y Tobago. Allí, en un pequeño hotel muy próximo al aeropuerto, Fidel sostuvo un encuentro con los primeros ministros de Trinidad y Tobago (Eric Williams), Jamaica (Michael Manley), Guyana (Forbes Burnham) y Barbados (Errol Barrow). Allí les agradeció la actitud de valentía que habían tenido esos países caribeños, meses antes, de establecer relaciones con Cuba, o sea al asumir una posición común en desobediencia a la política que había impuesto Estados Unidos a la mayoría de los países de la región.
Recuerdo algo importante de aquel encuentro. Fidel les habló de la necesidad que tenía los países de América Latina y el Caribe de integrarse y cooperar entre ellos. Y decía algo que entonces era solo un sueño: “Debemos tener una organización regional que defienda nuestros intereses sin los Estados Unidos”. No hubo que esperar demasiado. En este siglo XXI eso se materializó con la creación de la Comunidad Económica de Latinoamérica y el Caribe (CELAC).
En el mismo avión de Cubana de Aviación viajaron a Guinea (Conakry), Fidel, Manley y Burnham, quienes fueron recibidos por el líder africano Sekou Touré. Y, en el mismo avión, esos cuatro mandatarios llegaron a Argel el 6 de septiembre para participar en la IV Cumbre del Movimiento de Países No Alineados (NOAL). Ese encuentro, en el que participaron 70 países, se caracterizó en una primera etapa por un torrente de oratoria retórica, huidiza, anticomunista y derechista de varios Jefes de Estado y Gobierno que con ello trataron de asestarle un golpe mortal a los principios anticolonialistas, antiimperialistas, progresistas y democráticos del movimiento que comenzó a gestarse en Bandung.
Sus discursos en la tribuna y la sabiduría política del presidente de Argelia, Houari Boumediene, de Fidel Castro, de Indira Gandhi, de la India, del arzobispo Makarios, de Chipre, y de otros dirigentes impidieron que esa cumbre terminara en un fracaso. La tendencia anticomunista fue derrotada y los derechistas salieron desmoralizados y las fuerzas progresistas fortalecidas. Entre sus acuerdos más importantes estuvo el rechazo a la criminal agresión norteamericana y el apoyo a la heroica lucha de resistencia del pueblo de Viet Nam. Durante la cumbre varios países anunciaron su reconocimiento al Gobierno Provisional de Viet Nam del Sur. Otro acuerdo fue el respaldo al amenazado gobierno popular de Salvador Allende en Chile, cuyo canciller Clodomiro Almeida lo representó en la cumbre de Argel.
Tras concluir la cumbre, y efectuar una escala en Bagdad, donde Fidel sostuvo un encuentro con el presidente Saddam Hussein, el 11 de septiembre el IL-62 de Cubana de Aviación levantó vuelo hacia Nueva Delhi. Estando en el aire se reciben las primeras noticias sobre los trágicos acontecimientos que tienen lugar en Chile. Aproximadamente a las 6 de la tarde (hora de la India) se llega a la capital india, donde la delegación cubana recibe la confirmación sobre la muerte de Allende y que las fuerzas fascistas habían tomado el Palacio de la Moneda.
Les cuento que este periodista, quien había conocido a Allende cuando dio cobertura a su visita en Cuba, quedó profundamente impresionado y afectado. Pasé por un estado de crisis que me produjo vómitos constantes, diarreas y mareos. No pude salir de la habitación 11 (¿coincidencia?) que me asignaron en el moderno hotel Ashoka. No pude, pues, participar en las actividades que desarrolló Fidel esa noche en Nueva Delhi. Supe que a las 4 de la madrugada seguiríamos viaje a Hanoi. A eso de las 3 de la madrugada bajé a tomarme un te y le conté a Fundora y Robreño, que eran los jefes del grupo de prensa, lo que me pasaba. “En ese estado creo que tendrás que quedarte aquí en Delhi. Hablaré con la embajada”, me dijo Fundora. Volví a mi habitación y recogí mi maletín de mano. Salí a la calle y pedí al chofer del carro que me habían asignado que fuéramos para el aeropuerto. Fui de los primeros que subí al avión, un IL-18, pues el IL-62 debía quedarse en tierra ya que la pista de aterrizaje en Hanoi es corta. Cuando llegó Fundora, y cuando esperaba una fuerte reprimenda, lo que hizo fue preguntarme cómo seguía. “Mejor, le respondí, no podía perderme este viaje a Viet Nam”, país al que ya conocía pues tres años antes había estado en él como corresponsal de guerra. Al poco rato de levantar vuelo el avión, el equipo médico del Comandante me vio, me inyectó y desperté cuando llegué a Hanoi, en horas del mediodía.
La bienvenida a Fidel fue apoteósica. Centenares de miles de vietnamitas bajo una temperatura de más de 30 grados centígrados se alinearon a lo largo de diez kilómetros. Escribí en un primer despacho para Granma: “El calor ofrecido por el pueblo vietnamita a Fidel y a la comitiva oficial que lo acompaña sobrepasa el límite de lo descriptible. Hanoi está de fiesta…la visita de Fidel ha conmocionado a cada hombre y mujer, a cada joven y anciano, a cada niño. Hay que verlos en las calles ansiosos por ver a Fidel, hay que verlos desplegando pequeñas banderas de Viet Nam y Cuba al paso de la delegación cubana, hay que verlos gritando en español Viva Cuba, Viva Fidel. Estas expresiones llegan profundamente a nuestros corazones porque sabemos que brotan de rostros de héroes de la guerra, de forjadores de la victoria contra la agresión yanqui”.
Le Duan, primer secretario del Partido de los Trabajadores de Viet Nam, Pham Van Dong, primer ministro, y Vo Nguyen Giap, el héroe de Dien Bien Phu, dieron la bienvenida a Fidel en el aeropuerto. Por vez primera se usó en Viet Nam un auto descubierto para recibir a un Jefe de Estado o Gobierno que lentamente avanzó hasta el Palacio Presidencial. Y allí Fidel dijo: “Viet Nam es el más extraordinario ejemplo del espíritu revolucionario de un pueblo. Por eso hemos viajado desde Cuba, tan distante geográficamente, pero tan cerca en las ideas y en los sentimientos”. Ese mismo primer día comenzaron las conversaciones oficiales entre las delegaciones de Viet Nam y Cuba y hubo una cena de bienvenida a Fidel.
La visita se había programado para dos semanas, pero los acontecimientos en Chile determinaron fuese acortada.
El 13 de septiembre, Fidel visitó la casa en que vivió el presidente Ho Chi Minh, situada justamente al lado del Palacio Presidencial. Lo hizo acompañado por Pham Van Dong y Giap. Esa casa fue construida en los días en que los bombardeos yanquis a Hanoi fueron más intensos. Recorrió la habitación donde el tío Ho falleció el 1 de septiembre de 1969. Y allí, Pham Van Dong comentó: “El sueño más profundo de Ho Chi Minh era ir al sur. Pero en los últimos años de su vida él estaba muy delicado físicamente, y así y todo él nos pedía: “Quiero ir ahora al Sur para unirme a los combatientes”. También Fidel estuvo en el estuario, fuera de la casa, donde Ho Chi Minh acostumbraba a sentarse en los atardeceres y dar alimentos a sus peces.
El propio día Fidel estuvo en el Museo del Ejército Popular de Viet Nam. Y allí, ante una maqueta, Giap le explicó detalladamente la batalla de Dien Bien Phu, que se extendió por 55 días, y que puso fin al dominio colonial francés en Viet Nam. Fidel, como ha sido siempre su estilo, ansioso de conocer cada detalle, hizo numerosas preguntas al héroe vietnamita. Algunas de ellas: ¿Qué posibilidades tenían las fuerzas francesas de reforzar por tierra a Dien Bien Phu? ¿Por qué no intentaron reforzar por tierra? ¿Cómo hicieron el traslado de los abastecimientos a los defensores de Dien Bien Phu? ¿Cuántos cañones y piezas de artillería tenían? ¿Cómo era las trincheras? Haciendo gala de buena memoria, Giap recordaba con precisión cada cifra. Al final del encuentro, Giap impuso los sellos de combatientes de Dien Bien Phu a Fidel, a Carlos Rafael Rodríguez, a Osmany Cienfuegos, a Héctor Rodríguez Llompart, a Pepín Naranjo, a Melba Hernández, al embajador Raúl Valdés Vivó y a otros integrantes de la delegación cubana.
El 14 de septiembre, una parte del reducido grupo de periodistas, personal médico e incluso algunos integrantes del cuerpo de seguridad del Comandante en Jefe emprendimos camino hacia Haiphong, puerto de Viet Nam que durante muchos años fue centro de los ataques de la aviación norteamericana. Solo quedaron Santiago Álvarez e Iván Nápoles, del ICAIC, y el fotógrafo Pablo Caballero, de los Estudios Revolución, en Hanoi. Pensamos que éramos una avanzada y que detrás vendría la caravana de Fidel. Lo mismo que había ocurrido en Hanoi sucedió en Haiphong. Miles de gentes en las calles para dar la bienvenida a Fidel. En su nombre la recibimos los periodistas cubanos, entre ellos recuerdo a Ricardo Sáenz, de Juventud Rebelde, y a Carlos Mora, de Prensa Latina. Nos entregaron flores e incluso participamos en un mitin de masas de apoyo a Cuba.
Al día siguiente, supimos que Fidel, con una pequeña comitiva, había ido para el sur de Viet Nam. Mucho tiempo después, el compañero Valdés Vivó me explicó que por el adelanto del viaje y para garantizar la seguridad de Fidel hubo necesidad de reducir el grupo que iría al Sur. Fue una decisión entendible de los vietnamitas.
Regresamos a Hanoi, y casi al mediodía del 14 de septiembre nos trasladamos al aeropuerto para recibir a Fidel y a la comitiva cubana. Descendió de un avión An-24, se le veía feliz, y junto a la escalerilla lo recibió el general Giap, quien le dio un fuerte abrazo y, en español, decía: “Gran victoria de Cuba y Viet Nam”. Lo repitió tres veces.
Como periodista de Granma debía hacer algo para que nuestro pueblo tuviese la gran noticia del encuentro de Fidel con los combatientes de Viet Nam del Sur. Se me ocurrió, en el mismo aeropuerto, interrogar a Santiago Álvarez, capaz de sintetizar todo lo esencial que había ocurrido en los dos días del viaje al sur. Titulé la crónica El viaje de Fidel a Viet Nam y el documental “Los cuatro puentes”, que envié a La Habana el 16 de septiembre.
Empecé la crónica así: “Fidel Castro traspasó el paralelo 17, la artificial demarcación militar trazada por los imperialistas yanquis, y visitó las zonas liberadas por los patriotas de Viet Nam del Sur. Este sensacional acontecimiento se produjo durante el sábado, y fue conocido por la población de Hanoi en la mañana de hoy, poco antes de que Fidel descendiese en el aeropuerto de Gia Lam de un AN-24 que lo trajo de retorno desde la Cuarta Zona Militar. Al bajar del avión, el rostro de Fidel reflejaba una inmensa felicidad. No era para menos: acababa de materializar el hermoso sueño de avanzar por los lugares donde la guerra de agresión yanqui alcanzó sus niveles más destructivos y donde, al propio tiempo, las expresiones de heroísmo del pueblo de Viet Nam se sucedieron minuto tras minuto a lo largo de los últimos diez años en el combate contra el más poderoso y criminal imperialismo que ha conocido la humanidad”.
Santiago Álvarez, con esa locuacidad que lo caracterizaba, me contó sobre la experiencia vivida. Lo encontré casi irreconocible usando sobre su cabeza un casco verde que le obsequiaron los combatientes vietnamitas y sus ropas estaban salpicadas de barro rojo. Y aún con un estado de tensión elevado reconstruyó lo que pasó, escena por escena, momento por momento. Del encuentro de Fidel con tres héroes de las milicias en Vinh Linh, de los cráteres abiertos por las bombas yanquis, de la destrucción de caminos y puentes que hicieron difícil avanzar la caravana de jeeps y ómnibus empleados, del cruce del río Ben Hai que corre junto a la ficticia línea del paralelo 17, de la visita a la base de Doc Mien, que formó parte del complejo estratégico electrónico de Estados Unidos, de la colina 241, que los imperialistas llamaban la base Carol, y donde Fidel habló a los combatientes, de la asistencia brindada por nuestros médicos a cuatro trabajadores vietnamitas a los que explotó una bomba mientras labraban la tierra.
Santiago se proponía titular su documental “Los cuatro puentes”. ¿Por qué?, le pregunté, y me respondió: “Ese titulo me lo sugirió el paso por cerca de Dong Ha. Allí hay tres puentes sobre el río Cam Lo. El primero fue construido por los franceses, representa el colonialismo y está hoy destruido; el segundo, construido por los norteamericanos representa el neocolonialismo y también está destruido; el tercero, es obra de los vietnamitas y por él cruzaron Fidel y su delegación, está nuevecito, es modesto, sobre pontones, pero sobre él pasan todos los vietnamitas. “¿Y cuál es el cuarto puente, Santiago? ”Ese es el que yo llamo El Puente de la Solidaridad y de la Amistad con Viet Nam. Ese existe desde hace muchos años por aire, por mar, por tierra, por la radio, por la prensa, por el cine, por los comités de solidaridad de todo el mundo”.
El 18 de septiembre salimos de Hanoi. Se hicieron escalas técnicas en Calcuta y Delhi –aquí se tomó nuevamente el IL-62–, y después en Praga y Gander. Fidel habló en varios aeropuertos con la prensa. Junto con la visita a Viet Nam y la cumbre de No Alineados, muy presente estuvo el tema de la tragedia ocurrida en Chile. Denunció la participación norteamericana en el complot para derrocar a Allende, los métodos fascistas de los militares golpistas y la valentía y dignidad del presidente Allende que lo convertiría en una bandera de lucha para el pueblo chileno.
Treinta y seis horas después estaríamos en La Habana. Fueron 18 días muy productivos e inolvidables.
Tomado de Cubadebate
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