lunes, 2 de octubre de 2023

Se cumple el 50 aniversario de “Dark Side Of The Moon”, de Pink Floyd

El icónico álbum de la banda británica Pink Floyd marcó un hito en la historia de la música.


"The Dark Side of the Moon" es un icónico álbum de la banda británica Pink Floyd, lanzado en 1973. Este disco marcó un hito en la historia de la música y se ha convertido en una obra maestra que ha influido en varias generaciones de artistas y oyentes.

Este disco se sumerge en temas profundos de la vida humana, como la locura, el tiempo y la existencia. Su portada, diseñada por Storm Thorgerson, presenta un prisma de luz que se descompone en colores, lo que simboliza la exploración de la sicología humana y la búsqueda de la verdad a través de la música.

El álbum se compone de diez pistas interconectadas de manera fluida, creando una experiencia continua en la que las canciones corren sin interrupción. El uso innovador de efectos de sonido, sintetizadores, grabaciones de campo y voces procesadas contribuye a dar una atmósfera etérea y surrealista.

"The Dark Side of the Moon" abre con "Speak to Me", una introducción ambiental que establece el tono para el viaje que está por venir. La canción más reconocible del álbum, "Breathe", sigue con su inconfundible ritmo de guitarra y letras introspectivas sobre la vida y la fugacidad del tiempo. Otras pistas memorables son "Time", que explora la inevitabilidad del paso del tiempo, y "Money", con sus distintivos bajo y letras que critican la obsesión de la sociedad con el dinero. El álbum alcanza su punto culminante con "Brain Damage" y "Eclipse", dos pistas que exploran la locura y la percepción alterada.

La música de Pink Floyd en "The Dark Side of the Moon" es inmersiva y cautivadora. Los guitarristas David Gilmour y Roger Waters, el tecladista Richard Wright, el baterista Nick Mason y los efectos vocales de Clare Torry se unen para crear una experiencia auditiva única que va más allá de las convenciones musicales convencionales.

Este álbum es una obra maestra que aborda temas universales que siguen siendo relevantes hoy en día. Es una exploración profunda de la condición humana y la búsqueda de sentido en un mundo caótico. A lo largo de los años, ha demostrado ser una de las obras más influyentes en la historia del rock progresivo y ha dejado una marca indeleble en la música contemporánea. Su legado perdura como un monumento a la creatividad y la profundidad artística de Pink Floyd.

lunes, 5 de julio de 2021

Raffaella Carrá: la comunista que nos enseñó el ombligo y el cerebro

En sus canciones habló de homosexualidad, sadomasoquismo, goce y alegría. En su discurso reivindicó a la clase obrera. En su vida fue un icono incomparable de carisma, rebeldía y libertad. “Yo siempre voto comunista. En un conflicto entre trabajadores y empresarios, siempre estaré del lado de los trabajadores”, dijo.


Por Lorena G. Maldonado

Raffaella Carrá no era una mujer, sino una fuerza de la naturaleza: se la recuerda siempre enérgica y vital, incombustible, divertida, arrolladora, sensual, expectorante. Con su sola presencia recordaba a los demás que a este mundo hemos venido un rato, que tenemos derecho a gozar, que hay que arrancarse la placenta del conservadurismo, de la frigidez y del aburrimiento. Raffaella vive en los karaokes y en las discotecas, en las pistas de baile, en cada rincón del planeta donde una mujer mueve las pestañas y desplaza el aire, en cada baldosa en la que una chica tiene ganas de juego y lo hace saber, sin pudores, con alegría, con encanto inconmensurable.

Igual hacía años que no la veíamos, pero estaba: estaba cada vez que sonaba “para hacer bien el amor hay que venir al sur” y cada vez que recordaba que “lo importante es que lo hagas con quien quieras tú”. Ojo: ese verso ya era de una vanguardia espectacular en 1978 aquí en España, con el cadáver de Franco aún caliente y quitándonos aún la costra de casi cuarenta años de represión sexual y de machismo truculento. Veníamos de un mundo, de un país, donde ser mujer significaba convertirse por siempre en un ser reproductor y tierno, cuidador y sumiso, entregado a la cocina, a la costura, a los afectos familiares: un ser sin cuenta corriente ni planes, sin sueños ni ideas propias. Sólo una mascota, ser mujer. Sólo un satélite del hombre, del marido, del macho.

En esas estábamos cuando la muerte del dictador en la cama vino a colindar con el poderío de la Carrá, que nos invitaba al colchón para hacer cosas mucho más interesantes que morirse: besar, tocar, disfrutar. “Por si acaso se acaba el mundo / todo el tiempo he de aprovechar / corazón de vagabundo / voy buscando mi libertad”, cantaba la tremenda hembra agitando esa melena mítica color platino. “Tuve muchas experiencias / y he llegado a la conclusión / de que perdida la inocencia / en el sur se pasa mejor”. Si lo decía ella, iba a misa. Bueno: a misa y a todas partes.

En las manifestaciones feministas modernas, las chicas emulan a Aitana y a Ana Guerra de OT cuando entonaban lo de “yo decido el cuándo, el dónde y con quién”, pero Raffaella ya lo cantaba cuando el placer de la mujer y su autonomía sexual parecían animales mitológicos. Trajo tal aire fresco a este país esclavizado y estrecho -que olía ya a smoking room- que nunca podremos agradecérselo lo bastante.

El primer 'no es no'

Sus guiños atraviesan los siglos: su “hazlo con quien quieras tú” es hoy el clarísimo -y no exento de polémica- “no es no”. Interesante que la canción que más le molestó al Vaticano fuese, sin embargo, Tuca Tuca. Aquel baile desprejuiciado, coqueto y ferozmente moderno que se marcó con el italiano Alberto Sordi les sonó a los religiosos como recién llegado del infierno. Cuando le vieron el ombligo, los obispos se arañaron la cara: qué era eso de que una mujer enseñase la tripita. Hábrase visto. Ella, sin inmutarse: melenazo parriba, melenazo pabajo. No sólo no se le dislocaba el cuello con aquellos giros letales, sino que cada vez tenía la cabeza mejor puesta. 

Peor se hubiesen puesto los clérigos si hubiesen entendido las líneas secretas de 03 03 456, donde se refería a la masturbación femenina -una canción que también molestó y fue castrada en varios países-: “Mi dedo está enrojecido de tanto marcar, se mueve solo sobre mi cuerpo y marca sin parar”, cantaba la Carrá, haciendo un símil hilarante entre el dedo cansado de llamar al tipo que no le hace caso y el dedo cansado ya de masturbarse buscando su propio goce.

Qué esperaban de una mujer que rechazó al mismísimo Frank Sinatra o que pasó de la tontería de Hollywood -empezaba a petarlo en películas americanas cuando asumió que ese mundo no era para ella-: “A las cinco de la tarde cerraban los estudios y se alcoholizaban. Me sentía marciana, muy incómoda”. Querían convertirla en la nueva Sophia Loren o en una renovada Gina Lollobrigida. “No bebo ni me drogo: Hollywood no era para mí”, disparó.

Viva el sado y la purpurina

Defendió un sexo rupturista y novedoso para el mundo de entonces: como cuando en Santo, Santo confesaba que su marido era muy aburrido en la cama y que ella necesitaba más juerga. “Santo es mi marido, sale muy temprano y cuando es de noche vuelve destruido. Cuando vuelve al hogar, se tiende, y a la hora de amar, se duerme. La macroeconomía es su pasión, santo, santo, ¡yo ya no aguanto más!, el santo me engañó, ¿dónde está el sadismo, dónde el masoquismo, lo que él me prometió?”. Espectacular.

El armario de Raffaella era un jaleo: venga rojo, venga brilli-brilli, venga purpurina, venga campana loca, venga top imposible. Lógico: una guerrera como ella necesitaba uniforme pa’ matar. Para derribar estereotipos. Para visibilizar el erotismo de la mujer sin negar o minimizar por ello su lucidez. Ella decía que el reto era enseñarles a los hombres que “al cuerpo femenino lo sujetaba una cabeza”; que el físico de la mujer estaba conectado al cerebro, que no eran dos mundos aparte. Que se podía ser sexy y ser audaz. Que se podía ser erótica y brillante. Que, por suerte, nunca hubo que elegir. “Aquello no iba sólo de mostrar mi cuerpo, era hacer entender que el cuerpo de una mujer siempre está unido a su cabeza. La sensualidad no está reñida con la inteligencia, la simpatía, la ironía…”, expresaba.

Esta idea la ejemplificó con su misma vida, sin ir más lejos: aunque empezase dedicándose a la danza y a la actuación, pronto fue reclutada por la televisión porque era todo un animal expresivo. No bastaba su cara bonita ni su cuerpo desencadenado: la gente quería escucharla hablar, desarrollarse, bromear, reír, dar espectáculo. Cómo no iba a dar espectáculo Raffaela, por otra parte, si ella era su propio show andante. Con todo, nunca se dejó embaucar por las mieles de la pequeña pantalla. Nunca se doblegó, no le pudo la ambición. No entregó su vida a los focos. Fue siempre su jefa y la jefa de cualquiera que se le pusiera al lado.

Empleada de nadie

Así lo contaba en una entrevista: “Soy una mujer muy libre. Yo nunca he sido una empleada de la televisión. Cuando empecé mi carrera en los setenta y tuve mi primer gran éxito yo trabajaba haciendo un programa un año y retirándome a descansar durante dos. Y mis compañeros hombres me decían: "Si te vas, Rafaella, alguien tomará tu sitio". Y yo les decía: pues que lo tomen”, reía. “Una mujer puede desgastar su imagen más rápidamente porque siempre tiene que innovar con sus trajes, sus canciones… Es mucho más complicado que para un hombre. Esta vida de ir y volver era como tener un amante que cuando estaba, entraba en la familia. Pero luego se iba, porque yo no era una mujer casada con nadie”.

Siempre se sintió orgullosa de rechazar, desde sus inicios hasta hoy mismo, la idea del matrimonio. Quería tener un nombre y un apellido propio, no ser jamás “la esposa de”. “Prometer que vas a amar a alguien toda la vida es una promesa demasiado grande. Y yo odio romper promesas. Y a los abogados”, lanzaba. Viajaba. Aparecía y desaparecía, como el Guadiana. No daba explicaciones a nadie. Y siempre procuraba, ante todo, pasárselo en grande: ¿es que acaso estamos aquí para otra cosa?

Icono gay y comunista

La Carrá se convirtió en un icono gay no sólo por sus looks felizmente estrafalarios ni por su canto a la vida y a la libertad -como en Explota, explota; Rumore o Far l’Amore-, sino también por un tema llamado Lucas, revolucionario cuanto menos para la época -lo sacó en el año 1978-. Ahí hablaba de cómo se había enamorado de un chico que resultó ser gay. Todo esto lo contaba veladamente, claro. “Una tarde desde mi ventana / le vi abrazado a un desconocido / no sé quién era / tal vez un viejo amigo / desde ese día nunca más le he vuelto a ver”. Hablaba con ternura de ese modelo de hombre que aún no podía salir del armario y que tenía que fingir -engañándose a sí mismo o a los demás- que le gustaban las chicas. Hasta que un día, por fin, se dejaba ser, como en el Son amigos que cantaba Miguel Bosé también en esos tiempos. Irreverente.

Todo lo que tocaba Raffaella lo volvía viral incluso antes de que existiese el concepto “viral”. Triunfó en sus películas, en sus giras, en su papel de showgirl, en los programas de televisión que giraban alrededor de su figura carismática, divina y liberada: fue la chica favorita de España en los ochenta, y en Italia las familias enteras se reunían alrededor de la mesa para escucharla hablar, como a una profeta glam, pero, sin embargo, transversal. Con una rebeldía única que apelaba igual a la abuela que al niño. Se reconocía como una “adelantada a su época”.

Siempre se involucró, Raffaella. Siempre se mojó cuando a nadie le apetecía hacerlo. Y no sólo en lo que a feminismo se refiere, sino en cuanto a los derechos de la clase trabajadora: “Yo siempre voto comunista. En un conflicto entre trabajadores y empresarios, siempre estaré del lado de los trabajadores”. Se preocupaba con fruición de las condiciones en las que curraban sus bailarinas y bailarines. “Ser comunista implica un modo de vida y una responsabilidad muy grande”, alegó. No ha habido nadie que la haya desdicho hasta hoy. Raffaella nos enseñó el ombligo cuando nadie había visto uno. También la garganta, la palabra, la alegría, y el cerebro -cuando del cerebro femenino se cuestionaba hasta su existencia-. Ciao, bambina. Te echaremos siempre de menos.

martes, 15 de septiembre de 2020

El Paro Cívico de 1977: cuando toda Bogotá se movilizó por primera vez


El paro de hace 43 años no solo fue significativo por sus dimensiones, sino también por las consecuencias que trajo para la vida política del país.

Por María Flórez

En la Bogotá de 1977 cientos de personas llevaron a cabo una de las acciones de protesta más importantes en la historia del país: el Paro Cívico Nacional, organizado para el 14 de septiembre por convocatoria del movimiento sindical. Los habitantes de la ciudad, agobiados por los bajos ingresos y la inflación, salieron a las calles para exigirle al gobierno que aumentara los salarios, congelara los precios de productos básicos, otorgara derechos sindicales a los trabajadores estatales y levantara el Estado de Sitio.

Pasadas cuatro décadas, esa movilización se ha comparado con las multitudinarias marchas del pasado 21 de noviembre. El Paro de 1977 no solo fue significativo por sus dimensiones, sino también por las consecuencias que trajo para la vida política del país.

Tras su desarrollo, el Estado afianzó aún más la concepción de que la protesta social era una amenaza que debía ser conjurada; por su parte, las insurgencias avanzaron en la decisión de fortalecer su presencia en las ciudades y la sociedad civil tejió redes de organizaciones en los barrios para continuar exigiendo la garantía de sus derechos.

Transcurridos 43 años desde ese estallido popular, resulta interesante reflexionar sobre los hechos de entonces para aportar a los debates actuales sobre la movilización social y el derecho a la ciudad. 
 
La antesala del Paro

Los habitantes de los barrios empobrecidos de Bogotá, en la segunda mitad de la década de los setenta, atravesaban una difícil situación económica. Las familias tenían que vivir con bajos salarios o de trabajos informales, al tiempo que el Estado desmontaba los subsidios al transporte público, se devaluaba el peso y se disparaban los precios de los alimentos. El gobierno, además, creó en esa época el impuesto de valorización, con el que los ciudadanos debían financiar la construcción de avenidas y la modernización del alumbrado público.

El docente, investigador y doctor en historia Frank Molano explica la situación que atravesaban los bogotanos de entonces: “Había una condición de modernización urbana de carácter neoliberal. A los sectores medios y populares que se habían hecho a sus viviendas les caía la obligación de contribuir a la ciudad, sin que eso hubiera significado un incremento salarial. Esos cambios obedecían a un cambio en el modelo de acumulación del capital y a una forma en que la ciudad pensaba ampliarse con una retirada de la inversión estatal”. 

Molano también argumenta que la modernización de Bogotá no traía consigo la construcción de mejores espacios públicos para sus habitantes: “Los barrios eran dormitorios de trabajadores, sin terminal de transportes, hospitales, parques públicos, plazas de mercado. Era una ciudad llena de vías, claro, para la movilidad de los trabajadores, pero no era una ciudad para habitar”.

A lo largo de la década, el transporte público se había convertido en un serio problema para los habitantes del sur y el noroccidente de la ciudad, que protestaban para pedir la mejora en la prestación del servicio luego de que las autoridades o los políticos locales se negaran a atender sus demandas. Entre las movilizaciones más significativas por el acceso al transporte se registra el Paro Cívico del Suroriente, ocurrido el 27 de noviembre de 1974, cuando habitantes de al menos 30 barrios de ese sector de la ciudad bloquearon la vía a Villavicencio, cansados de que la Alcaldía y las empresas de transporte ignoraran sus reiteradas peticiones al respecto.

El bloqueo de vías era una modalidad de protesta que recién tomaba fuerza en la ciudad, donde buena parte de las necesidades de servicios públicos o equipamiento urbano se habían resuelto por la vía de la autogestión o de la negociación en cabeza de las juntas de acción comunal, tal como como concluyó en el libro La ciudad en la Sombra el profesor, investigador y doctor en Estudios Latinoamericanos Alfonso Torres. 

Al tiempo que los habitantes de los barrios del suroriente, el suroccidente y el noroccidente incursionaban en nuevas formas de protesta, en los mismos sectores tenían lugar dos procesos que promovían el pensamiento crítico entre los jóvenes: la ampliación de la cobertura de la educación pública mediante la construcción de grandes colegios y la presencia permanente de organizaciones sociales y políticas de izquierda. Entre ellas, la Alianza Nacional Popular (ANAPO), el Partido Comunista, la Unión Nacional de Oposición (UNO), los sindicatos de las fábricas y los sacerdotes y las monjas vinculados al movimiento de la Teología de la Liberación.

Así explica el profesor Torres la influencia que estos procesos tuvieron en el desarrollo del Paro Cívico Nacional: “La gente que se va a movilizar no es el migrante (del campo). Somos los hijos, los nietos, la generación que es más urbana, que tiene otra mirada. Donde hubo mayor movilización fue en estos barrios donde había una generación urbana, escolarizada, con una previa familiarización con esas formas de movilización”.

Esos y otros factores permitieron que el 14 de septiembre de 1977 protestaran no solo los trabajadores sindicalizados, sino también los habitantes de los barrios en general. De acuerdo con Torres, “se movilizó gente que habitualmente no se movilizaba, que no era de un núcleo o partido. Se movilizaron no solamente los trabajadores, sino el desempleado, el habitante de barrio. Es decir, apareció esa identidad de lo barrial, de lo popular urbano”.
 
Los impactos del Paro

Con varias semanas de anticipación, en diferentes barrios de la ciudad empezaron a prepararse las tareas necesarias para la realización del Paro Cívico. En su libro Un día de septiembre, de 1980, Arturo Alape incluyó importantes testimonios sobre la planeación del Paro en Atahualpa, Policarpa, República de Canadá, Santa Lucía, Kennedy, La Granja, Tabora, Bosa y el cercano municipio de Soacha. 

A la par, el gobierno del presidente Alfonso López Michelsen hizo grandes esfuerzos por impedir la movilización. Desde finales de agosto, el gobierno decretó el arresto de las personas que participaran en la organización de manifestaciones y a comienzos de septiembre prohibió las concentraciones públicas. El Ejecutivo también ignoró el pliego de peticiones de las centrales sindicales, caracterizando la protesta como una acción organizada para influir en las elecciones presidenciales que se avecinaban y, más tarde, como una acción ‘subversiva’.

La prohibición gubernamental no impidió que obreros, docentes, empleados públicos, estudiantes, trabajadores informales, integrantes de juntas de acción comunal, comités de valorización y comités provivienda paralizaran Bogotá. 

Durante la jornada se vivió una inusual beligerancia, que además de bloqueos en las principales vías incluyó enfrentamientos con la Policía en barrios como Ciudad Kennedy, Quirigua, San Fernando, La Estrada, Las Ferias y Fontibón, según documentó Alape. Algunos manifestantes también atacaron buses y bancos y saquearon grandes almacenes de ropa, alimentos, zapatos, muebles e insumos para la construcción.

Estas acciones violentas son usualmente rememoradas cuando se habla del Paro Cívico. El profesor Molano propone una lectura para comprender este tipo de acciones: “Generalmente se trata de plantear que la lucha popular es irracional, que la gente es manipulada o que simplemente va a su paso arrasando con todo. Pero diferentes estudios, tanto del Bogotazo, como del Paro del 77, muestran que aquello que se saquea, se bloquea o se incendia está asociado a lo que para la gente representa blancos muy concretos que afectan su calidad de vida o que le plantean ventajas para la lucha callejera”. 

Para el caso concreto del Paro Cívico, Molano argumenta que hubo “una racionalidad popular, en donde no se atacó, por ejemplo, colegios, hospitales, viviendas. Cuando se trata de levantamientos contra el hambre, la carestía, la escasez, obviamente lo que la gente busca es abastecerse de ropa, alimentos o de ferretería, porque necesitaba herramientas para estar en la calle. Los episodios de levantamiento popular son estallidos de descontento que se expresan de esta manera”. 

Habiéndola estigmatizado desde antes de que ocurriera, el gobierno de López reprimió duramente la manifestación. Fueron asesinadas al menos 25 personas en Bogotá, en su mayoría jóvenes estudiantes que habitaban barrios como La Estrada, Atahualpa y Marco Fidel Suárez, según documentó el propio profesor Molano en este artículo. Durante la jornada, más de tres mil personas fueron detenidas y recluidas en el estadio El Campín y la Plaza de Toros.

De acuerdo con estos y otros investigadores, las élites y la Fuerza Pública percibieron el Paro Cívico como una importante amenaza que, junto a otras expresiones de descontento, debían ser reprimidas o neutralizadas. Un año después del Paro, el recién posesionado presidente Julio César Turbay expidió el Estatuto de Seguridad Nacional, con el que se recrudeció la persecución a la izquierda mediante la aplicación de estrategias legales e ilegales que constituyeron graves violaciones a los derechos humanos. Desde hacía varios años, el país vivía un Estado de Sitio casi permanente. 

Entre las organizaciones insurgentes de la época, algunas de las cuales contaban con incipientes estructuras urbanas, el Paro promovió la idea de que era necesario prepararse para desarrollar el conflicto en las ciudades. 

Para los jóvenes de los barrios de Bogotá con experiencias en la movilización, el Paro se convirtió en un referente. Durante la década de 1980 se creó y fortaleció un importante movimiento cívico en la ciudad, aun en medio de la represión estatal y la persecución de organizaciones ilegales de justicia privada. 

El profesor Torres explica que a partir del Paro Cívico se generaron “muchos trabajos de organización que serían novedosos respecto a las juntas de acción comunal, porque ya lo que los nucleaba no era conseguir el agua o la luz, sino que estaban inspirados incluso en una idea de izquierda más amplia y los temas eran otros: el comité, la biblioteca comunitaria, el centro de educación popular, demandas en torno a lo deportivo, lo cultural”. 

La movilización de 1977 también inspiró el desarrollo de varios paros cívicos regionales. Durante los años siguientes se convirtió en un hito de la movilización social en el país, estudiado con entusiasmo hasta el día de hoy. 
 
Memoria y presente

El 21 de noviembre de 2019, en Bogotá y otras ciudades del país se adelantó, con multitudinarias marchas, el Paro Nacional. A la movilización se vincularon sindicatos, barristas, estudiantes de universidades públicas; organizaciones feministas, indígenas, afrodescendientes, ambientalistas y culturales; personas sin militancia política, entre muchas otras, que salieron a las calles para protestar por un amplio repertorio de problemas. Algunos de ellos fueron la anunciada reforma laboral y pensional, la corrupción, el asesinato de líderes sociales, la represión y la falta de implementación del Acuerdo de Paz. 

Ese día y el siguiente se presentaron, además, protestas violentas en algunos barrios de Bogotá. Colectivos artísticos fueron allanados y se registraron múltiples hechos de brutalidad policial contra manifestantes e incluso contra trabajadores de los medios de comunicación.

Algunos analistas no vacilaron en leer lo que había ocurrido a luz del Paro Cívico de 1977. La cantidad de protestas ocurridas en los meses anteriores, su carácter urbano, la creatividad de los manifestantes, los estallidos de violencia y la represión que se desató en Bogotá fueron algunos elementos que trataron de ponerse en común. 

Desde la academia también se continúa investigando el Paro Cívico. En la Universidad Pedagógica Nacional, la estudiante Cindy Reyes investiga para su trabajo de grado las huellas de la memoria que dejó el Paro en el barrio Kennedy, particularmente en el colegio INEM, uno de cuyos estudiantes fue asesinado en las jornadas de 1977. 

Para ella es importante “reconocer lo que sucedió en ese momento, porque si eso se trae del pasado vemos que hay similitudes y, si entendemos que hay similitudes, podemos pensar en qué podemos hacer para cambiar esta realidad. Es mirar hacia al pasado pensando en el futuro, en plantear un futuro distinto, con justicia social”.

Tomado de pacifista.tv

miércoles, 10 de junio de 2020

El amor después de Patricio

Patricio Silva, un estudiante de la Universidad Nacional, fue asesinado por el Estado en una protesta en 1978. Su muerte quedó en la impunidad. Sin embargo, de esa tragedia nació el amor... y una familia.




lunes, 4 de mayo de 2020

Los rebeldes de Star Wars fueron inspirados por Vietnam

En ambos casos, los pequeños ganaron. El imperio altamente técnico, el Imperio inglés, el Imperio americano, perdió”, argumentó el cineasta George Lucas en una charla con James Cameron. 


Por Pablo Retamal
La Tercera

Parece increíble, pero no fue una inspiración surrealista la que le dio forma a la alianza rebelde, de Star Wars. George Lucas, en diálogo con el cineasta James Cameron en su serie “Story of Science Fiction”, reveló que fue la lucha de los guerrilleros del Vietcong (o El Frente Nacional de Liberación de Vietnam) contra Estados Unidos lo que le dio la idea.

“Estamos luchando contra el imperio más grande del mundo, y solo somos un montón de semillas de heno con sombreros de piel de cabra que no saben nada”, señaló Lucas en la ocasión. Y acto seguido, comparó a Estados Unidos con “el Imperio” y al Vietcong con “La Resistencia”. Esto, en referencia al conflicto que enfrentó al país del norte con los asiáticos entre 1955 y 1975.

Lucas señaló que los personajes del universo Star Wars no son basados en cosas sobrenaturales: “No es la ciencia, los extraterrestres y todo ese tipo de cosas en las que me enfoco. Así es como la gente reacciona a todas esas cosas", señaló.

Incluso, Lucas se permitió comparar ambos casos, el real y el ficticio. “La ironía es que, en ambos casos, los pequeños ganaron. El imperio altamente técnico, el Imperio inglés, el Imperio americano, perdió. Ese era todo el punto ”, dijo Lucas.

Ahora, ¿de qué modo en el universo Star Wars se puede ver manifestada esta “desigualdad” entre los guerrilleros contra un imperio poderoso? El escritor Francisco Ortega responde a Culto: “Esto se ve claro en la disparidad de fuerzas en el conflicto. El Imperio es militarmente muy superior y mucho más organizado que los Rebeldes. Tiene una flota militar, mientras los Rebeldes se enfrentan con naves de carga y aviones viejos contra la supremacía tecnológica del Imperio”.

“Es igual que el Vietcong que se acercaba con barcos de pesca a los destroyer de la US Navy o que usaban viejos MiG-15 (de la década de los 50) contra los Phantoms y B-52, en ataques suicidas contra la superioridad imperial de los Yankis. En la metáfora de Vietnam, el portaaviones nuclear USS Enterprise es la estrella de la muerte, mientras la Alianza Rebelde son estos pesqueros del Cong armados con minas y ametralladoras”, agrega el autor de No estamos solos (Planeta, 2020).
No solo los rebeldes

Pero no solo la alianza rebelde fue inspirada por los vietnamitas. En 2004, para el relanzamiento de El retorno del Jedi, Lucas contó que también los Ewoks tuvieron su referencia en los asiáticos. “Usaron sus armas primitivas para derrotar a los invasores”, señaló aquella vez.

George Lucas siempre se ha mostrado crítico con la intervención de los Estados Unidos en Vietnam. Incluso -según consigna el sitio nextshark.com- antes de comenzar a trabajar en Star Wars quería hacer una película antibélica que se llamaría “Apocalipsis ahora”. Pero finalmente fue Francis Ford Coppola quien produjo y dirigió la película en 1979 (con una actuación sobresaliente de Marlon Brando como el coronel Kurtz).

El cineasta californiano también tomó otras bases históricas para crear personajes. A saber: los samuráis japoneses y los monjes Shaolin para los combatientes Jedi; los nazis y otros regímenes autoritarios para los Stormtroopers; Richard Nixon para el Emperador Palpatine y la Roma antigua para las instituciones políticas.

viernes, 15 de diciembre de 2017

El Salar de Uyuni, un planeta de una galaxia muy, muy lejana

El desierto de sal boliviano es una de las nuevas locaciones del octavo de episodio de Star Wars, "Los últimos Jedi"


Por Andrés Rodríguez
El País

Este año se conmemoran cuatro décadas desde que a un hombre llamado George Lucas, cuando tenía 33 años en 1977, se le ocurriera la creación de una singular ópera espacial que, sin saberlo, se convertiría en una saga multimillonaria y un fenómeno cultural en todo el mundo. Por supuesto que se trata de Star Wars. De la mente del creador de personajes icónicos como Darth Vader, influenciado por los cómics de Flash Gordon y los samuráis de Akira Kurosawa, nacieron personajes que acompañaron a distintas generaciones a través de una galaxia llena de parajes fantásticos e indómitos, capaces solo de existir en la imaginación. Muchos de los planetas que imaginó el también creador de Indiana Jones son pura fantasía. Sin embargo, muchos de ellos, aunque parezcan provenientes de una galaxia distante, fueron recreados en paisajes y locaciones propias del planeta Tierra.

Para Star Wars VIII: Los últimos Jedi, la más reciente entrega de la saga, lugares como Dubrovnik, Croacia, y Skellig Michael, en Irlanda, se convirtieron en Canto Bight y Ahch-To, respectivamente, dos planetas por los cuales los protagonistas se desenvolverán a medida que transcurra la historia, según dio a conocer Lucasfilm en un video promocional titulado Los mundos de Los últimos jedi. Latinoamérica no se queda atrás, ya que el tercer cuerpo celeste del universo creado por George Lucas se encuentra en Bolivia. El Salar de Uyuni, ubicado en el departamento de Potosí –al sur de la nación andina-, se constituye como Crait, uno de los mundos que “juega un papel clave en la película”, afirmó el director Rian Johnson en una entrevista a Entertainment Weekly.

Con una extensión de casi 11.000 kilómetros cuadrados, el Salar de Uyuni se encuentra a una altura de 3.663 metros sobre el nivel del mar. Esta rareza geográfica, casi completamente plana, estaba formada por lagos prehistóricos que se secaron hace miles de años y dejaron sus contenidos ricos en sal. Según algunas estimaciones, más de 10 mil millones de toneladas de sal cubren la región en la actualidad y se constituye como una de las principales reservas de litio en el mundo.

De acuerdo con varias fuentes, Johnson quiso representar al planeta Crait en una ubicación real, así como recrearon a Scarif, un mundo que cobró vida en las paradisiacas Maldivas en Rogue One: Una historia de Star Wars. ¿Su estrella natural perfecta? Nada menos que el desierto de sal más grande del planeta, que también obsesionó al cineasta alemán Werner Herzog en su retorno a Latinoamérica.

En Los últimos Jedi, Crait es el sitio de una base rebelde abandonada a la que la Resistencia huye después de los eventos de El despertar de la Fuerza. Con una similitud a la batalla librada en Hoth, en El Imperio Contraataca (1980), la maligna Primera Orden logra rastrear a los combatientes, comandados por la general Leia Organa –la fallecida Carrie Fisher–, para desplegar toda su artillería contra los protagonistas. El terreno salino en Crait permanece casi idéntico a como se ve realmente el Salar de Uyuni, con la diferencia de que la superficie del planeta es roja cubierta por una espesa costra de sal. “Crait comenzó con una idea muy gráfica de rojo debajo de blanco, y cómo eso podría transformarse durante el curso de una batalla”, explicó Johnson en una entrevista a la página web de Star Wars.

La parte visual de la batalla fue importante para el director de Looper. Cuando diseñaron los deslizadores esquí de la Resistencia, se buscó que tengan un parecido con los aviones de la Primera Guerra Mundial al momento de enfrentar a los transportes acorazados de la Primera Orden. “Quería que se sintieran realmente desvencijados [los deslizadores esquí]. En algún momento se nos ocurrió la idea de tener esta cabina abierta, como un biplano de la Primera Guerra Mundial. Sabía que tenían que tener este esquí estabilizador y levantar el color rojo para tener ese rociado como de moto acuática detrás de ellos”, afirmó el director.

Una serie de fotos se filtró en enero pasado, especulando que un equipo de Johnson rodó algunas escenas en Bolivia. Sin una confirmación oficial, muchos medios asumieron que el paisaje salino que se pudo ver en el primer avance de la película se trataba del Salar de Bonneville, en Utah; EE. UU., y no el de la nación andina.

 La producción del filme dio a conocer que para la recreación de Crait utilizó ambos sitios. Según cuentan los administradores de los distintos hoteles de sal que funcionan en el Salar de Uyuni, cerca de 20 personas del equipo de Johnson permanecieron en el lugar durante casi tres semanas. La producción mantuvo mucho secretismo durante su estadía, al punto de que cada uno llevaba la llave de su habitación. Asimismo pasó con las naves y diseños a escala que crearon en el lugar. Una vez que finalizó su uso, todas terminaron en la basura. Sin embargo, los artistas también dejaron esculturas de sal en los alojamientos como recuerdo de la película, según dieron a conocer El Deber y ATB.

La inclusión del Salar de Uyuni en el episodio 8 de la saga emocionó al público boliviano. Para conmemorar este hito, la Ministra de Culturas y Turismo de Bolivia, Wilma Alanoca, anunció que se erigirá una escultura, de una imagen que todavía no fue definida, en la localidad de Tahua. Esta será esculpida por artistas locales. "Entendemos que tenemos que aprovechar los millones de seguidores que tiene esta saga, el prestigio del Salar”, dijo Alanoca en una entrevista con el diario Los Tiempos. El Salar de Uyuni ya se había mostrado en la pantalla grande.

Los forajidos Butch Cassidy y The Sundance Kid ya recorrieron esta planicie salina en la película Blackthorn, protagonizada por el fallecido Sam Shepard. Y recientemente el actor mexicano Gael García Bernal, interpretando al doctor Fabio Cavani, se paseó por ese territorio para evitar un desastre ecológico en la última ficción de Herzog. Y ahora, el desierto de sal más grande del mundo, con esa peculiaridad alienígena, puede presumir de ser un planeta de una galaxia muy, muy lejana.

martes, 28 de noviembre de 2017

Yashin

"Siempre vestido de negro, tenía un estilo despojado, una elegancia desnuda que desdeñaba la espectacularidad de los gestos que sobran"



Por Eduardo Galeano

Lev Yashin tapaba el arco sin dejar ni un agujero. Este gigante de largos brazos de araña, siempre vestido de negro, tenía un estilo despojado, una elegancia desnuda que desdeñaba la espectacularidad de los gestos que sobran. Él solía parar los disparos fulminantes alzando una sola mano, tenaza que atrapaba y trituraba cualquier proyectil, mientras el cuerpo permanecía inmóvil como una roca. Y sin moverse, también podía desviar la pelota con sólo echarle una mirada.

Se retiró del fútbol varias veces, siempre perseguido por las aclamaciones de gratitud, y varias veces volvió. Otro como él, no había. Durante más de un cuarto de siglo, el guardameta ruso detuvo más de cien penales y salvó quién sabe cuántos goles hechos. Cuando le preguntaron cual era su secreto, respondió que la fórmula consistía en fumarse un cigarrillo para calmar los nervios y echarse un trago fuerte para entonar los músculos.

*De "El fútbol a sol y sombra"

jueves, 7 de septiembre de 2017

El papa se inspira en García Márquez para hablar de "la soledad" de Colombia

Francisco cita algunos extractos del discurso de Gabo durante la aceptación del premio Nobel de Literatura y hace guiños a la obra "Cien años de soledad"


El papa Francisco se dejó inspirar por la figura del escritor colombiano Gabriel García Márquez para relatar la "soledad" de tantos años de conflicto en Colombia, en algunos de los discursos del primer día oficial de su visita al país.

En el discurso a las autoridades y al presidente Juan Manuel Santos, al hablar del camino de reconciliación que espera al país, Francisco dijo a los colombianos que tienen delante de sí una hermosa y noble tarea y que en sus corazones "resuena el aliento del gran compatriota Gabriel García Márquez".

Entonces citó algunos extractos del discurso del literato durante la aceptación del premio Nobel de Literatura en 1982: "Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte. Una ventaja que aumenta y se acelera".

Y continuó citando al escritor, cuando dijo que "una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra".

Un discurso que "Gabo" tituló "La Soledad de América Latina" y que hoy Francisco lo llevó como inspirador para la situación que atraviesa Colombia tras 53 años de conflicto, un acuerdo de paz con las FARC que ha dividido a la sociedad y un duro camino para la reconciliación.

También el papa hizo un guiño a una de las obras maestras de García Márquez: "Cien años de soledad" cuando dijo a los colombianos en su primer discurso: "Es mucho el tiempo pasado en el odio y la venganza... La soledad de estar siempre enfrentados ya se cuenta por décadas y huele a cien años".

Después en el discurso a los obispos colombianos, les recordó que "uno de sus ilustres literatos escribió hablando de uno de sus míticos personajes: "No imaginaba que era más fácil empezar una guerra que terminarla":

Una citación del coronel Aureliano Buendía de los "Cien años de Soledad".

El papa añadía en su discurso que "Gabo" también escribió en su libro: "No entendía que hubiera necesitado tantas palabras para explicar lo que se sentía en la guerra, si con una sola bastaba: miedo".

Francisco, un gran apasionado de la literatura hispanoamericana, también en su discurso a las autoridades en México citó a Octavio Paz.

EFE

jueves, 25 de mayo de 2017

Star Wars cumple 40 años de su estreno

La producción que se convirtió en uno de los grandes hitos de la ciencia ficción y de la historia del cine mundial, cumple 40 años desde su estreno en 1977


La película Star Wars, dirigida por George Lucas, y protagonizada por Harrison Ford, Mark Hammill y Carrie Fisher, fue estrenada en las pantallas de todo el mundo el 25 de mayo de 1977. La producción se convirtió en un exponente del cine, considerándose en la actualidad como uno de los mayores sucesos de la ciencia ficción.

Star Wars (La Guerra de las Galaxias) se mantiene como una de las producciones más lucrativas. La trama de la cinta está enmarcada por la confianza y fe en sí mismo, que sus personajes a lo largo de la película van evidenciando con diversos sucesos.

La muerte de uno de sus protagonistas Carrie Fisher, a los 60 años de edad, en diciembre del año pasado, ha mantenido la celebración de las cuatro décadas con un sentimiento de melancolía. La actriz antes de su fallecimiento, la “pasó bien filmando Los últimos Jedi”, según Colin Trevorrow, director del Episodio IX.

Fisher solicitó a Trevorrow al final de la grabación que ella fuera el centro del episodio IX. Como lo fue Harrison Ford protagonista del Episodio VII y Mark Hamill en el VIII. La actriz pensó que el IX sería su película.

La franquicia, ahora a cargo de Disney, ha convertido a los seguidores de la saga en personas apasionadas e intrigadas por medio de los secretos que aún no se han resuelto.

Red+Noticias.com

miércoles, 26 de abril de 2017

El estadio Amsterdam Arena se llamará Johan Cruyff Arena

El cambio de nombre es un tributo al legendario jugador y entrenador holandés, que nació en Ámsterdam y se convirtió en uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos


El Amsterdam Arena cambiará su nombre por el de Johan Cruyff Arena en honor a la estrella holandesa que falleció en 2016 y que fue uno de los mejores jugadores en la historia del fútbol.

Este cambio de denominación fue presentado el día en el que Cruyff hubiera cumplido 70 años. La directiva del Amsterdam Arena, la directiva del AFC Ajax y el alcalde de Ámsterdam llegaron a un acuerdo el martes. Cruyff falleció en marzo de 2016.

Es un tributo al jugador nacido en Ámsterdam, uno de los hijos pródigos de la ciudad holandesa. En el comunicado del AFC Ajax es descrito como "el mejor jugador de Ámsterdam y de Holanda".



Cruyff, Jugador Europeo del Año en 1971, 1972 y 1974, siempre será recordado como el arquitecto de "fútbol total" que hizo triunfar al Ajax y a la selección holandesa a principios de los años 70.

Jugó en dos ocasiones en el Ajax y en el Barcelona, entre otros equipos. Anotó 392 goles en 704 partidos. Ganó la Copa de Europa tres años consecutivos en 1971, 1972 y 1973 y una serie de títulos domésticos antes de retirarse en 1984.

Con Holanda jugó 48 partidos y anotó 33 goles. Fue el capitán de su selección en la Copa Mundial de la FIFA de 1974, en la que llegó a la final antes de caer ante la República Federal de Alemania. En el Jubileo de la UEFA de 2004, la Real Federación Holandesa de Fútbol (KNVB) lo eligió como Jugador de Oro de Holanda.

Como entrenador levantó la Recopa de Europa de la UEFA de 1987 con el Ajax y la Copa de Europa de 1992 con el Barcelona.

En 2013, la UEFA le otorgó en reconocimiento a su contribución al fútbol europeo el Premio Presidente de la UEFA.

En agosto de 2013, la Fundación Johan Cruyff recibió el Premio Benéfico Mónaco de la UEFA de un millón de euros. Ha sido utilizado para promover el bienestar mental y físico de niños y jóvenes.

Tomado de http://es.uefa.org/member-associations/association=ned/news/newsid=2462365.html

jueves, 16 de febrero de 2017

Que se haga el busto de Camilo Torres

El Concejo de Bogotá ordenó en 1970 construir un busto de Camilo Torres Restrepo en su homenaje. "Puede ser un referente para la paz que está por construirse con el ELN", sostiene Antonio Sanguino


Por El Espectador

Se abre una posibilidad de que se haga cumplir el Acuerdo N° 22 de 1970, aprobado por el Concejo de Bogotá y a través del cual se ordenó construir en el barrio La Soledad un busto al sacerdote Camilo Torres Restrepo, sociólogo y miembro fundador de la guerrilla del ELN, para honrar su memoria.

Uno de ellos es Antonio Sanguino, desmovilizado del ELN y hoy concejal de Bogotá por la Alianza Verde, quien envió un derecho de petición al alcalde Enrique Peñalosa para preguntar por qué no se ha cumplido este mandato luego de 47 años.

“La figura de Camilo Torres Restrepo tiene todos los méritos para gozar del reconocimiento que le hizo el Concejo de Bogotá hace 47 años y ese acuerdo no lo pueden seguir desacatando, tanto por razones históricas como por razones legales. Por eso pedimos al alcalde que nos informe sobre el estado de cumplimiento del acuerdo y las decisiones que la administración tiene previstas para cumplirlo”, explicó el concejal.

Agregó que, de no existir planes para hacerlo, acudirá al Tribunal Administrativo de Cundinamarca para que los magistrados lo hagan cumplir, como lo disponen las normas legales del país y de la ciudad. “No estamos haciéndole un homenaje a la violencia. Camilo Torres puede ser un referente para la paz que está por construirse con el ELN”, anotó Sanguino.

Por su parte, el concejal Hollman Morris (Movimiento Progresistas) se sumará a esta cruzada, pues considera importante que se cumpla el acuerdo para reivindicar voces alternas a la memoria oficial de Bogotá. “Un principio de reconciliación es reconocer la memoria de todas las voces que desde diferentes sectores aportaron a la construcción del país. El legado del cura Camilo sigue vigente”, indicó.

Por su parte, el exconcejal Carlos Bula, uno de los impulsores del acuerdo hace 47 años durante su militancia en la Anapo (Alianza Nacional Popular), pide al Distrito que se le dé cumplimiento el acuerdo como un gesto para encontrar la paz en el país. “Nadie podrá negar que Camilo es símbolo puro de la juventud colombiana, juventud tantas veces frustrada en la realización de sus ideas y sus ideales”, concluyó Bula.

El sacerdote Camilo Torres Restrepo fue un personaje clave para la política colombiana en la década del sesenta y que representó el descontento de la juventud nacional con la exclusión política que produjo la instauración del Frente Nacional. Además, fue un reconocido investigador social, egresado de la Universidad Católica de Lovaina y fundador en Colombia del primer Departamento de Sociología junto al investigador Orlando Fals Borda.

Fue profesor y capellán de la Universidad Nacional y docente de la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP). Además, realizó una amplia labor pastoral en las zonas marginales de la ciudad. Esta semana, que se cumplen 51 años de su muerte, en la capital se han realizado diversos eventos para resaltar su memoria, como el lanzamiento del libro "Camilo, entonces y ahora frente a creyentes y agnósticos" de Javier Giraldo.

viernes, 21 de octubre de 2016

Así fue el bautizo de la “Plaza Che Guevara”

El profesor Carlos Medina Gallego, en su novela “Al Calor del Tropel”, plasma la cotidianidad del movimiento estudiantil de los años 70. En uno de sus pasajes, narra cómo fue renombrada la plaza central de la Universidad Nacional de Colombia:


En los costados de la Plaza Francisco de Paula Santander, los estudiantes le maman gallo a su inmadurez y aburrimiento. Son algunos de los que bautizaron esa misma plaza “Che Guevara”.

No obstante, allá sobre el pedestal de concreto, como una venganza, el general los mira y se ríe, parece tener, a flor de labios, la frase célebre de “las armas nos dieron la independencia, las leyes nos darán la libertad”.

— “Una libertad que los estudiantes vemos cada día más lejos, más difícil de alcanzar porque el único presupuesto con que se cuenta para ello es el hambre, el analfabetismo, la insalubridad, el frío que produce la falta de vestido y vivienda. Y coma mierda, con eso nadie construye nada, ni una revolución porque se necesita además tener ideas”... había dicho Antonio una tarde sentado en uno de los costados de la plaza. Ese muchachito tierno que, apenas despuntando la vida, cambió la academia por la política, para convertirse, con el tiempo, en una carga de conciencia para aquellos que fueron sus amigos de conspiración, pero que no quisieron convertirse en sus compañeros de lucha...

— “Porque hermano, una cosa es trompiar acá con la policía y la otra es irse a mamar hambre al monte, nosotros no estamos para eso, hay cosas en las que uno no se debe meter y esa es una de ellas, acá uno tiene el merco y un cuarto donde arruncharse, allá se tiene a toda hora la repre a las espaldas...” aseguraba el santandereano una noche discutiendo en
residencias sobre cuál debía ser el papel del estudiante en el proceso de cambio social.

— Mire Antonio -le dijo- yo creo que uno cumple su papel acá a través de la denuncia y la agitación... el monte es para verracos, no para nosotros que somos unos habladores de mierda; que hacemos cosas para cumplir con nosotros mismos, pero hay veces que hasta una pedrea nos queda grande...

— Yo no estoy diciendo que nuestra participación en el proceso tenga que ser necesariamente en el monte, no. Nosotros podemos participar acá, desde la Universidad, pero hacerlo correctamente, creo que debemos pasar de la edad de piedra a la edad de la razón... hay que crear en la gente necesidad de organización, sentimientos de unidad...

— No hermanito... lo que pasa es que usted se nos está mamertiando.

— Pues si plantearse el problema de la organización es mamertiarse... me mamertié y listo.

Después de aquella noche nadie lo volvió a ver. Una tarde llego el negro hasta el sitio en que acostumbraba a reunirse el grupo: un árbol inmenso en una de las esquinas de la plaza. Allí, en torno a la sombra que producía, se sentaban a conversar; traía el periódico debajo del brazo y se le veía consternado; todos comenzaron a hacerle bromas que él pasó por alto, de repente dijo:

— Mataron a Antonio -y les entregó el periódico- los que nos mamertiamos fuimos nosotros, completó mientras miraba a Santander que parecía no importarle lo que sentía.

Días después llegó un Juglar a la plaza; traía el rostro pintado de color blanco y rosado, llevaba el overol con que acostumbraba trabajar, lo estudiantes comenzaron a acercarse al lugar que escogió para la función: una plataforma de concreto en mitad de la cual se levantaba el pedestal que sostenía el Santander de bronce; comenzó el espectáculo con un par de mimos que arrancaron carcajadas a los estudiantes... la plaza se fue llenando cada vez más.

La Mona descolgó la bocina, introdujo la moneda y marcó un número telefónico que tenía apuntado en un papel pequeño.

— Aló, ¿Automóvil Club de Colombia? Sí, miré señor, por qué no me hace un favor, me quedé varada acá en la autopista El Dorado, frente al ICA y no quiero dejar el carro por acá botado, porque está cerca a la Universidad y usted sabe cómo son los estudiantes. ¿Usted sería tan amable de mandarme una grúa para llevar el auto al taller?... sí, sí señor, claro que
estoy afiliada... ¿De verdad? ¡Ay! qué alegría, no sabe cuánto le agradezco, es usted muy amable... Sí, yo la espero... ¿Tarda mucho?... ¡Ah! bueno... muchas gracias, hasta luegüito... -Colgó la bocina y caminó dos cuadras hasta encontrar otra cabina telefónica y marcó un nuevo número.

— Aló... sí, mire señor, usted sería tan amable de enviarme una grúa a la calle 26 con carrera 40... sí, frente al ICA, bueno yo la espero, muchas gracias. -La Mona colgó el auricular y miro justo al frente de donde se encontraba; un pequeño grupo de estudiantes estaba sentado sobre el prado conversando animadamente; atravesó la calle y fue hasta ellos, al llegar al sitio comentó:

— En diez minutos deben estar llegando.

El juglar trepó al pedestal y se colocó sobre los hombros de Santander, sacó un pañuelo y se hizo el que lo sonaba, luego metió el dedo en la oreja y lo agitó como para remover la cera, mímicamente se dio a la tarea de llenar un tarro con la cera que supuestamente iba extrayendo de los oídos del General.

"Ahí viene", señaló la Mona. Los estudiantes se incorporaron; ella se adelantó para hacerle el pare; la grúa se detuvo y en cuestión de segundos el chofer se vio rodeado de estudiantes que le obligaron a abandonar el volante del carro con la amenaza de "armas" que insinuaban debajo de periódicos y chompas. Un estudiante tomó la cabrilla y condujo el vehículo con el conductor hasta el interior de la Universidad. En el momento que la grúa irrumpió en la plaza, el Juglar tenía de caballito a Santander. Los estudiantes reaccionaron sorprendidos al ver la grúa desplazarse sobre la plaza hasta localizarse cerca de la estatua. Un estudiante la envió un lazo al Juglar para que la amarrara, éste la ató por el cuello, y descendió del pedestal. El carro comenzó a halar. La cabeza de Santander, con leyes y todo, se vino al piso, pero el cuerpo quedó en el lugar en que se encontraba.

El juglar subió nuevamente y amarró las cadenas de la grúa a la cintura de Santander, el chofer tomó el mando del vehículo y comenzó a halar lentamente hasta que Santander se vino al suelo, “sáquenlo a la veintiséis”, gritaban los estudiantes, y así lo hicieron. Santander fue izado en el puente peatonal de la Universidad sobre la autopista El Dorado y la plaza dejo de llevar su nombre para llamarse “Che Guevara”.

*Fragmento del libro “Al calor del Tropel”, de Carlos Medina Gallego

domingo, 9 de octubre de 2016

Monika Hertl, “la vengadora del Che Guevara”

La historia de la mujer que vengó el vil asesinato de esos grandes dirigentes revolucionarios, el Che Guevara e Inti Peredo


Por Hernando Calvo Ospina*

El coronel boliviano Roberto Quintanilla le hizo amputar las manos al recién asesinado Ernesto “Che” Guevara. Fue un terrible ultraje el que cometió ese 9 de octubre de 1967. Por ello se convirtió en el hombre más odiado de la izquierda en el mundo. Que en esa época era numerosa y radical.

Dos años después, el 9 de septiembre, le rompió la columna vertebral a culatazos al detenido Guido “Inti” Paredo, antes de asesinarlo. Inti, uno de los cinco sobrevivientes de la guerrilla del Che en Bolivia, era líder guerrillero.

Temiendo por su vida, el gobierno lo nombró cónsul en Hamburgo, Alemania.

El 1° de abril de 1971, hacia el medio día, fue ejecutado. Una elegante mujer en falda, esbelta, con una peluca rubia y de lentes le pegó tres tiros. Murió al instante. Para pedir la cita, ella se hizo pasar por australiana en busca de información turística. El mismo Quintanilla la atendió en su oficina. Luego de un forcejeo con la ya viuda, escapó sin dejar pistas certeras. Antes de salir del edificio soltó la peluca, el revólver y el bolso. Este contenía un trozo de papel donde se leía: “Victoria o muerte. ELN”.

La noticia dio la vuelta a la tierra. Muchísimos la celebraron. Una mujer en alguna parte dijo: “Para la venganza ningún camino es largo”

Por simple sospecha, la policía alemana sindicó a Monika Ertl. La gran prensa, como siempre, repitió y repitió. Entonces empezó la cacería.

Ella había llegado a Bolivia en 1953, cuando tenía quince años. Llegó con su madre y hermanas para juntarse a su padre Hans. Este llevaba tres años en Chiquitania, a unos cien kilómetros de Santa Cruz. Ahí, en esas planicies casi vírgenes, que hacen frontera con Brasil, se sintieron como conquistadores.

Hans, en particular, estaba escondido. Huido. Como fotógrafo y cineasta, durante la Segunda Guerra Mundial había sido uno de los grandes propagandistas del nazismo. Se le conocía como “El Fotógrafo de Rommel”, por haber servido mucho tiempo a este mariscal, uno de los hombres más poderosos del Tercer Reich.

Cuando las tropas soviéticas entraron a Berlín el 2 de mayo de 1945, derrotando a las nazis, Hans pudo huir ayudado por los servicios de espionaje militar estadounidenses y el Vaticano. A cambio, entregó la información que tenía.

No se sabe cómo él había adquirido tres mil hectáreas de terreno, pues cuando llegó a Bolivia su tesoro era una chaqueta. Era la misma que portaban los oficiales nazis, diseñada y fabricada por quien llegaría ser mundialmente famoso: Hugo Boss. Sus máquinas las operaban prisioneros franceses, principalmente.

Monika, entonces, había vivido su niñez entre la efervescencia del nazismo. Ahora, en Bolivia, como adolescente, su mundo debió ser totalmente diferente. Pero socialmente no lo fue tanto, porque su hogar era un ir y venir de nazis prófugos, aunque protegidos por Estados Unidos.

Monika se casó en 1958 con otro alemán y se fueron a vivir al norte de Chile, cerca a las minas de cobre. Casi diez años soportó la vida de hogar. Ver las desventuras de los mineros le hizo cambiar su visión del mundo y sus humanos. Se fue a vivir en La Paz y fundó un hogar para huérfanos. Crecida entre racistas, pasó a convivir en las comunas repletas de indígenas.

También empezaron sus contactos con la izquierda boliviana. Viajando en busca de financiamiento para su proyecto, hizo estrechas relaciones con la europea, principalmente alemana. Según su hermana Beatrix, Monika era “una mujer eléctrica con mucha adrenalina, que tenía un amplio abanico de amistades”.

Para ella el Che Guevara “había sido un Dios”, contó Beatrix. Su asesinato le había impactado y dolido terriblemente. Por tanto su integración al Ejército de Liberación Nacional, ELN, fue normal: había sido la guerrilla del Che. No fue una combatiente sino una miliciana encargada de apoyo logístico, tarea que implica más riesgos que estar en la montaña. Su nombre de guerra era “Imilla”, que en idioma aimara significa “niña india”.

Contó su hermana: “ella estaba decidida a cambiar el mundo”.

Desde un comienzo sus posiciones políticas le trajeron desacuerdos con el padre. A pesar de ello, él le permitía que usara una gran casa que la familia tenía en la capital. Lógicamente, ella la utilizó para esconder armas y guerrilleros. El día que Monika fue hasta “La Dolorosa”, como se llamaba la hacienda, a pedirle que le dejara construir ahí un campo de entrenamiento, Hans le ordenó que se largara para siempre. Durante los cuatro años de clandestinidad, le escribió a su familia solo una vez por año. Siempre les dijo que estaba bien. En 1969 fue su último correo: “Adiós, me voy y no me verán nunca más”. Así fue.

La casa de La Paz escondió a Inti Paredo. También fue testiga regular del apasionado romance que Monika mantuvo con el dirigente guerrillero. El se convirtió en su gran amor.

Desde la ejecución de Quintanilla ella pasaba más tiempo por fuera de Bolivia, especialmente en Cuba y Francia. Tenía un pasaporte argentino falso. A pesar de que varios servicios de inteligencia estaban tras su pista, encabezados por los alemanes y la CIA, se movía con cierta facilidad.

El ministro del Interior boliviano ofreció por ella una recompensa más alta que la prometida por el Che Guevara. Una vez el padre vio el cartel con los “terroristas” más buscados, así como su precio. Ella estaba. Dicen que eso le causó profunda vergüenza.

Había un hombre que la conocía muy bien: era el “Tío Klaus”. Así su padre le había enseñado a llamar a ese hombre que se decía comerciante y de apellido Altmann. Monika tardó muchos años en saber que su verdadero nombre era Klaus Barbie, un “criminal de guerra”. En 1943, durante la Segunda Guerra Mundial, había sido jefe de la tenebrosa Gestapo de Hitler en la ciudad francesa de Lyon. Torturó, asesinó o envió a los campos de concentración a unas cuatro mil personas. Por su crueldad se le llamó “El Carnicero de Lyon”. Al finalizar la conflagración los servicios de seguridad franceses lo quisieron detener, pero se había esfumado. Es que lo protegía un gran poder: la contrainteligencia del Ejército estadounidense (Counter Intelligence Corps, CIC). El asesino era importante por todo lo que sabía del espionaje soviético y de la resistencia organizada por el Partido Comunista francés. El CIC adujo que lo realizado por Barbie solo habían sido “actos de guerra”.

Con la ayuda del Vaticano, en 1951 fue enviado a Argentina, de donde pasó a Bolivia. Ahí obtuvo la nacionalidad, convirtiéndose en brazo derecho de la CIA y asesor de las dictaduras. Sí era un “comerciante”, como se le contaba a Monika, pero de cocaína y armas.

“Barbie sabía todos los movimientos de mi hermana, los tenía bien estudiados”, contó Beatrix. Claro, con los contactos que tenía era normal, pues se asegura que también colaboraba con la policía secreta alemana. Desde que Monika salió de Europa la última vez, e ingresó a Bolivia, venía siendo seguida.

Parece que durante unos pocos días Barbie le perdió el rastro en La Paz. Hasta que el criminal la volvió a ubicar en el centro de la ciudad. Ella iba vestida como una hippie o una gitana. El la reconoció por sus piernas esbeltas y desgarbadas y los lóbulos alargados de las orejas. Inmediatamente llamó al Ministerio del Interior para que se encargara del resto. Entonces se envió a los “negros”, como se le decía a los matones encargados del trabajo sucio.

Monika estaba acompañada de un argentino. Cuando llegaban a la casa de su padre una vendedora les advirtió del peligro: el lugar estaba allanado y el sector militarizado.

Tres días después, en El Alto, un municipio colindante con la capital, los ubicaron. Era el 12 de mayo de 1973. Aunque había sido una casa de seguridad, clandestina, estaba localizada por la policía. La guerrillera y su compañero resistieron el asalto hasta que se les acabó la munición. La policía informó que habían muerto en el combate. Años después, el padre dijo que a ella la habían torturado antes de asesinarla.

La familia se enteró por la prensa, pues fue portada en todos los diarios y noticieros. Las hermanas se comunicaron con la embajada alemana para reclamar el cadáver: apenas se movieron. Se contentaron con la respuesta del Ministerio del Interior: “ella tuvo cristiana sepultura”. Igual se les dijo a ellas. El padre no quiso mover un dedo.

Hasta hoy el cuerpo está desaparecido. Tan solo existe una placa rustica a la entrada de un cementerio en La Paz que dice: “Aquí yace Monika Ertl”.

Cuenta Beatrix que un día vio a Barbie en la calle. “Me saludó atentamente y dijo ‘qué pena lo que le sucedió a tu hermana, lo siento’. Yo ni sentí rencor hacia él. Solo queríamos su cadáver […] Yo no supe si fue él el que la mandó a asesinar”.

Barbie, al fin, fue extraditado a Francia en febrero de 1983. Murió encarcelado el 25 de septiembre de 1991.

Monika vengó el vil asesinato de esos grandes dirigentes revolucionarios, el Che e Inti, quienes también eran sus héroes. El fiscal de Hamburgo la acusó, pero cerró el caso sin poderlo resolver.

Cuando asesinaron a la guerrillera, gobernaba en Bolivia el dictador Hugo Banzer. Por coincidencia, él era vecino de los Ertl en la hacienda. El padre nunca quiso preguntarle por el cuerpo de quien un día fuera su hija preferida. Cuando no podía evadir el tema, solo decía: “si la mandó a matar, habrá tenido sus razones”.

*Periodista y escritor. Este texto hace parte del libro “Latinas de falda y pantalón”. Ediciones El Viejo Topo, Barcelona, 2015

lunes, 26 de septiembre de 2016

El Woodstock del Yarí

En todo un festival por la paz se convirtió la X Conferencia de las FARC, reunión que ratificó su conversión en movimiento político legal


Agencia Colombiana de Prensa Alternativa

La música, el reencuentro y las esperanzas de paz fueron componentes esenciales de la Décima Conferencia Nacional Guerrillera, celebrada del 17 al 23 de septiembre en los Llanos del Yarí.

Con motivo de esta cumbre, cada noche se presentaron variados grupos que pusieron el evento al nivel de los mejores festivales musicales del país. Un “Woodstock fariano”.

El Woodstock de 1969 fue un festival musical celebrado en una granja de Nueva York y que albergó a miles de jóvenes que se oponían a la guerra y profesaban el amor. Con el tiempo se convirtió en ícono de la cultura hippie y del movimiento por la paz.

Una versión macondiana se ha vivido en los Llanos del Yarí, región ubicada en los límites de Caquetá y Meta, y donde en el pasado se libraron sangrientas batallas del conflicto que hoy está quedando atrás.

Artistas de la talla de Alfredo Gutiérrez y Aries Vigoth deleitaron al público presente, compuesto por guerrilleros, periodistas y pobladores civiles de la región.

Ritmos como reggae y cumbia sonaron en la tarima principal del Parque La Nueva Colombia, escenario levantado para albergar la última conferencia de las FARC, que ratificó el acuerdo de paz y que definió su paso a movimiento político a partir del 2017.

También pasaron por el escenario grupos como Alerta Kamarada, Latin Latas y Sistema Sonoro Skartel, que sintonizaron muy bien con un público más bien acostumbrado a otros ritmos. Y además sonaron los tradicionales temas de protesta social de Los Hermanos Escamilla y Carlos Lugo.

La delegación fariana también tuvo su espacio en las noches musicales, con Los Rebeldes del Sur, la orquesta de música tropical creada por el Bloque Sur hace 17 años.

En medio de cada presentación, familias enteras que viajaron al Yarí aprovecharon la ocasión para reencontrarse con sus parientes enlistados en las FARC y que no veían hace muchos años.


También se vio a los principales comandantes de las FARC, como Iván Márquez, que cantó a dúo con Vigoth; Jesús Santrich, que disfrutó de cada concierto; y el propio Timoleón Jiménez (jefe máximo de la organización).

La X Conferencia fue clausurada el 23 de septiembre con un mensaje de paz. Aunque ese día no terminó este Woodstock criollo, pues con motivo de la firma protocolaria del acuerdo de paz se organizó el concierto “Abriendo caminos de paz”.

A esta presentación fueron invitados el Binomio de Oro, Doctor Krápula, Jhon Alex Castaño, la Orquesta Aragón y Totó La Momposina. Un cartel de altura para celebrar la firma de la paz junto con centenares de guerrilleros y pobladores de la región del Yarí, que pasará a ser uno de los escenarios donde se empezó a construir la nueva Colombia, en paz y reconciliación.

martes, 7 de junio de 2016

Mohamed Ali, el activista

Objetor de conciencia contra la guerra de Vietnam y luchador contra la discriminación racial, fue tan certero con sus palabras como con sus puños


Falleció en Phoenix (Estados Unidos), a los 74 años de edad, el boxeador más destacado y reconocido de la historia. Nacido en Kentucky en 1942, fue llamado Cassius Clay, nombre que después cambió al de Mohamed Ali porque consideraba que el otro era “de esclavo”.

Fue campeón olímpico en 1960 y tres veces campeón del mundo de los pesos pesados, por lo que se convirtió en una leyenda del deporte, aunque no sólo se le reconoce por su carrera pugilística sino también por su activismo social.

En 1964, cuando ganó su primer título mundial, se convirtió en musulmán, se cambio de nombre e ingresó al movimiento “Nación del Islam”, que lideraba Malcolm X y que proponía la liberación de los guetos negros y el fin de la segregación racial. Ali consideraba que no podía profesar la misma religión de aquellos que habían esclavizado al pueblo afrodescendiente.

En sus primeros años de profesionalismo, venció a los principales boxeadores estadounidenses, incluyendo a Jerry Quarry, considerado “el orgullo de la América blanca”, en una pelea disputada en el Madison Square Garden de Nueva York.

Con sus victorias generó la fascinación de los espectadores, que admiraban su peculiar estilo de pelea. Ali combinaba un rítmico juego de piernas con un golpe demoledor. “Flotar como mariposa y picar como abeja”, era su consigna.

En 1967 fue otro hito en su carrera, cuando se negó a ingresar al Ejército, que en ese momento reclutaba jóvenes estadounidenses para llevarlos a luchar en la Guerra de Vietnam. La justicia lo condenó por insumisión y las autoridades deportivas lo expulsaron del boxeo y lo despojaron de su título.

A pesar de estar en el mejor momento de su carrera, Ali fue irrestricto en su postura de rehusarse a participar en una guerra contra los vietnamitas, “con los que no tengo problemas”, dijo el boxeador. Esto lo convirtió en figura de la objeción de conciencia y del movimiento antibélico. Por el caso ganó una histórica demanda en la Corte Suprema de Justicia. Luego de tres años fuera de los cuadriláteros, pudo regresar al boxeo.

En los años 70 llegó a la cima de su carrera con un combate ante George Foreman celebrado en Zaire, el 30 de octubre de 1974. En el vuelo antes de llegar a Kinshasa preguntó qué era lo que más odiaban en ese país. Le dijeron que a los belgas porque fueron quienes los colonizaron. Al llegar al aeropuerto dijo “Foreman es belga” ante la multitud que lo aclamó.

Con los aficionados de su lado, superó a Foreman en una histórica pelea y recuperó el título mundial, que defendió en cinco ocasiones consecutivas. Sólo lo perdió en 1978 ante Leo Spinks, a quien sin embargo venció en una revancha ese mismo año.

En ese momento optó por el retiro, en momentos en que los numerosos combates en los que participó le generaron graves problemas de salud. Excepcionalmente disputó otras peleas, hasta que colgó definitivamente los guantes en 1981. Luego se le diagnosticó Parkinson, una enfermedad degenerativa del sistema nervioso, que según los médicos fue causada por el boxeo.

A pesar del dinero y la fama que acumuló por dos décadas, siguió defendiendo la igualdad racial y los valores del Islam. En noviembre del 2002 visitó Afganistán como “Mensajero de paz” de las Naciones Unidas, en momentos en que Estados Unidos ocupaba ese país.

A Colombia vino en 1977 para disputar una pelea benéfica por la que no cobró un peso. También se reunió con Fidel Castro y fue muy cercano a Malcolm X, el asesinado activista estadounidense que inspiró a los “Panteras Negras”, movimiento de resistencia en esa nación.


Recibió el Premio Jalil Gibran del Instituto Árabe-Americano por su obra en favor del mundo en desarrollo y la Medalla por la Paz “Otto Hahn”, otorgada en Berlín. También inauguró en Louisville, su ciudad natal, un Centro que lleva su nombre para promover ideales humanitarios y culturales.

El Parkinson le paralizó el rostro y le puso las manos temblorosas. Pese a ello, encendió la llama olímpica en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, e impulsó una ley de reforma del boxeo que recibió su nombre.

A pesar de los estragos que su carrera deportiva causó en su salud, nunca renegó de ella ni se quejó por su situación. “Un hombre que no tiene el coraje de arriesgarse no logra nada en su vida”, dijo.

Con sus fuertes puños y sus polémicas palabras, se ganó la simpatía a lo largo de todo el mundo. Se convirtió en símbolo de las décadas de 1960 y 1970, de la lucha por los derechos civiles y de la oposición a la Guerra de Vietnam. Todo un campeón de los pueblos.

Oficina de Prensa Marcha Patriótica

viernes, 11 de marzo de 2016

Los Rolling Stones en Bogotá

La noche en que 45.000 personas sacaron la lengua con Rolling Stones. "Hola, rolos", dijo Mick Jagger en concierto en El Campín



Por Carlos Solano

“Se siente bien estar aquí... Se siente bien estar en cualquier parte”, celebró en broma Keith Richards al hablarle al público bogotano. Una forma de celebrar que sigue vivo, y que los Rolling Stones siguen ahí, en ese mundo que crearon de su propio rock and roll.

El concierto de la emblemática banda británica que se apoderó de la tarima dispuesta en el estadio El Campín, con un listado de sus mejores éxitos, en una cita que sus fanáticos colombianos habían soñado durante 50 años.

Una mezcla de niños, jóvenes, treintañeros y hasta sesentones acudieron al encuentro y en el ambiente se respiraba ansiedad, mientras en los camerinos esperaban Mick Jagger, Keith Richards, Ron Wood y Charlie Watts.

Segundos antes de que la banda saltara al escenario, las pantallas proyectaron un video con un mapa que reunía en un solo collage decenas de instantes de la historia de los Stones, pasando por cada una de sus carátulas y después se ubicaba en el mapa a Bogotá.



Luego de arrancar con Jumpin’ Jack Flash (inusual forma de comenzar con respecto al resto de la gira, solo lo hicieron así en otro concierto), Mick Jagger saludó al público y enseguida la banda prosiguió con otro clásico infaltable: It's Only Rock n’ Roll. Después vinieron unas palabras inesperadas: “Hola, Bogotá; hola, Colombia; hola, rolos”, pronunció en español el cantante antes de Tumbling Dice.

Desde la medianoche del miércoles, el grupo les pidió a sus fanáticos votar por una canción entre cuatro opciones, como la elegida para ser exclusiva de los colombianos. Su solicitud se fue sorpresivamente por un panorama muy especializado, contando así con que el público bogotano conociera todas sus canciones: estaban cuatro exponentes de su lado más country, como Sweet Virginia, Let It Bleed, Far Away Eyes y Dead Flowers.

Esta última canción fue la elegida por votación, y, para tocarla, Jagger tomó la guitarra acústica.

Luego vino la gran sorpresa: el cantante colombiano Juanes se les unió para tocar Beast of Burden en guitarra y voz, lo que puso a vibrar de la emoción al público.

Después vino Honky Tonk Women y, en una pausa, Jagger aprovechó para narrar que la agrupación visitó el emblemático Museo de Botero. “Comimos obleas, nos bajamos un aguardiente y nos dio guayabo, luego nos llevó un carro de policía al hotel”, contó, en un español muy practicado.

Luego, Richards tomó la guitarra acústica y el micrófono para cantar You Got the Silver, junto a Wood, y el concierto cobró otra dimensión.

Antes de comenzar Paint It Black, Jagger bromeó con el público, expresando: “La banda aporta a la economía de su país: Ronnie toma a diario ocho tazas de café colombiano”, y todos en El Campín rieron.

Pero la energía se elevó luego de ver a Jagger bailando. Sus movimientos se volvían con cada canción más exorbitantes y sorprendentes, como si la edad no fuera limitante.

Llegó entonces el turno de los solos, y Ron Wood se lució de forma impresionante en Midnight Rambler y Miss You, y Jagger seguía bailando.

Por algunos momentos, Richards se alejaba de las notas en la forma usual de las canciones tan conocidas por el público, lo que de alguna forma le agregaba un halo melancólico al concierto de una banda con un promedio de edades de 71 años.

Además, desfilaron canciones como Wild horses, Before They Make Me Run, Gimme Shelter, Sympathy for the Devil, Start Me Up y Brown Sugar, que trajeron todo lo mejor de la era brillante de la banda en los 60 y 70.

Pero luego vendría You Can't Always Get What You Want -con la compañía del Coro de la Universidad Javeriana, al que presentó Jagger- y Satisfaction para cerrar una noche que cumplió miles de sueños.

Cabe señalar que la apertura del evento la realizó la banda colombiana Diamante Eléctrico, quienes tocaron bajo una fuerte lluvia, la segunda después del que cayó en la tarde en la capital colombiana.

"Bogotá es del putas", de vuelta en su español, despidió Jagger la noche.

jueves, 25 de febrero de 2016

Centro Nariño: Ser vigente y moderno más allá de los 50

Por Periódico EnlaC



En el tránsito hacia el occidente de Bogotá y cuando nos dirigimos a una de las múltiples actividades de Corferias, desde la Avenida de las Américas se aprecia una especie de oasis urbano en el cual se asoman por tramos intermitentes, camuflados detrás del follaje y la vegetación una serie de edificios altos, una iglesia, unos bloques bajos y luego nuevamente edificaciones altas en ladrillo y piedra, con una geometría tan racional y ordenada que si se tratara de una primera visita al recinto ferial, llamaría la atención el conjunto urbano por su equilibrada modernidad.

Sin embargo, al hacer memoria se cae en cuenta de que el conjunto urbano siempre ha estado allí, con una lozana vigencia arquitectónica que plantea un interrogante para legos y profanos sobre su verdadera edad arquitectónica, especialmente cuando se lee en el muro que se encuentra frente al área de ingreso a Corferias: “Centro Urbano Antonio Nariño, Monumento Nacional”.

Para empezar a comprender esta sensación de permanencia serena, austera y casi solemne, vale la pena recordar algunos antecedentes que ponen de relieve la iniciativa y los escollos naturales que afrontaron quienes prefiguraron esta visión perdurable de futuro, a pesar de los obstáculos iniciales de este notable emprendimiento arquitectónico que se erige hoy en el paisaje como un hito urbano del Distrito Capital y a la vez un ícono de la historia de la arquitectura moderna en Colombia.

Al CUAN, lo precede la construcción del barrio Acevedo Tejada, colindante en su momento con la antigua línea del ferrocarril de norte y del nordeste, cuando todavía El Recuerdo era apenas una finca próxima a los terrenos del ejido de Bogotá.

En esta misma zona rural y suburbana se eligió un gran lote como recurso para estimular el desarrollo hacia el centro-occidente, y al mismo tiempo mitigar la tendencia de desarrollo norte-sur paralela a los cerros, a partir de la construcción de la Ciudad Universitaria, desarrollada  bajo la administración del gobierno de Alfonso López Pumarejo, cuando se compró un terreno de 130 hectáreas del predio El Salitre, en lo que para entonces era considerado las afueras de Bogotá, a una distancia aproximada de 500 metros del sector de Teusaquillo, en un predio aledaño a la carrilera del ferrocarril. Para reforzar la necesaria tendencia de crecimiento hacia el occidente, el concejo municipal aprobó el Acuerdo 21 de 1944 que reglamentó el uso y zonas urbanizables y definiría el área de lo que sería posteriormente el futuro desarrollo del CUAN y Corferias como zona de uso mixto (vivienda, comercio y servicios).

El proceso de crecimiento se fue consolidando cuando en el año 1948 se construye la Avenida de las Américas, en ocasión de la celebración de la Conferencia Panamericana. El desarrollo esta amplia avenida permitía conectar el centro de la ciudad con el hoy desaparecido Aeródromo de Techo.

El Bogotazo y la reacción popular ante el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán revelan los problemas derivados de la densificación del tejido urbano central y la creciente urbanización espontánea, que con los efectos de los disturbios deterioraron la ciudad física, social e institucionalmente, estimulando la intención de mitigar la concentración de actividades en la zona central, devastada por los acontecimientos posteriores al Nueve de Abril.

Para la década de los cincuenta, los constructores y urbanizadores responden a las señales de la planificación urbana municipal al continuar el desarrollo de los barrios Acevedo Tejada, Gran América, El Recuerdo y Quinta Paredes.

En este contexto, en medio de una gran área verde, emerge en el perfil de la ciudad una serie de construcciones bajas, medias y cada vez más altas, situación que despierta el asombro y la admiración así como la resistencia de algunos escépticos adversos a los cambios que planteaba el espíritu de la modernidad considerando el nuevo desarrollo una amenaza para la sociedad.

Las nuevas ideas urbanísticas y arquitectónicas tienen su correspondiente soporte político, que sería objeto de críticas aparentemente técnicas: “el suelo de la sabana de Bogotá no soporta edificaciones tan altas y pesadas” y: “El nuevo Centro Urbano Antonio Nariño es un atentado contra la moral y las buenas costumbres” porque con la concentración en bloque multifamiliares en altura se estimularía la promiscuidad de sus habitantes, así mismo no faltaría quienes se opusieran a este nuevo tipo de desarrollo arquitectónico arguyendo que se les estaban vendiendo “casas en el aire” a la población objetivo del proyecto.

El escritor Rogelio Iriarte Martínez, residente y conocedor de la historia del CUAN afirmaba en una entrevista periodística que “antes corría el rumor de que los edificios altos no se podían sostener en pie por mucho tiempo, situación que hizo más difícil la venta de los apartamentos” ya que según Iriarte en ésta época no se consideraba “un buen negocio comprar una vivienda sin lote”[1a]

Sin embargo, el desarrollo de este conjunto residencial, pionero en el urbanismo y la arquitectura residencial del movimiento moderno fue recibido por los sectores académicos y profesionales más sensatos con optimismo y como un síntoma de evolución de las ideas, afiliación a la arquitectura moderna, progreso económico y desarrollo urbano.

Según historiadores de la arquitectura “El Centro Urbano Antonio Nariño es el “primer proyecto de vivienda multifamiliar en altura que funcionó bajo el sistema de propiedad horizontal. Impuso su propia estructura urbana: una supermanzana con amplias y novedosas zonas verdes, una gran red peatonal y gigantescos bloques sueltos de vivienda en una considerable zona comunal (un esquema de ciudad dentro de la misma ciudad).”

Los prejuicios sobre las edificaciones en altura remiten a los imaginarios de la época, como reacción frente a la novedad de lo que para entonces era considerado un alarde constructivo, en su momento replanteaba y representaba una propuesta innovadora, ya que el CUAN sería el conjunto habitacional de mayor escala del país.

De esta manera, el CUAN sirvió como observatorio de desarrollo para un modelo de vivienda económica. Inicialmente, los apartamentos fueron arrendados, para explorar como se adaptarían los usuarios a este tipo de vivienda. Existía curiosidad sobre el posible desarraigo que podría generar la altura, su efecto sobre la vida en comunidad, problemas de seguridad y otros relacionados con las áreas comunes, sin embargo, al cabo de pocos años de ocupación se consolidó como toda una unidad sociocultural, con un ambiente especial de acuerdo a sus singulares condiciones paisajísticas, ambientales, dotacionales y de infraestructura que le permitían a sus habitantes no solo disfrutar de sus servicios internos sino de la conectividad vial circundante, ya que resultaba expedito trasladarse a los lugares de trabajo, hacia el centro principalmente, y a sitios de estudio, gracias a la proximidad con la Universidad Nacional.

El CUAN posee el mismo espíritu de la arquitectura moderna que inspiró la Unidad habitacional de Marsella (Francia) y bajo los conceptos de los Congresos Mundiales de Arquitectura Moderna, con principios tales como la concentración de unidades en bloques residenciales en medio de un predio mayor, con amplios espacios para el comercio, la recreación pasiva y activa, el deporte, la enseñanza, el culto. Estos preceptos inspiraron la propuesta de diseño elaborada por la firma de jóvenes (entonces) arquitectos de Rafael Esguerra, Enrique García Merlano, Daniel Suárez, Juan Meléndez y Néstor Gutiérrez.

Según la valoración oficial de La Dirección de Patrimonio del Ministerio de Cultura:

“El conjunto fue pionero a nivel constructivo, sus materiales, estructura y técnica, eran consideradas revolucionarias en ese momento, en la búsqueda de satisfacer los requerimientos de un proyecto de estas características, la construcción se elevó gracias a un sistema de estructura portante de vigas y columnas en concreto armado, las placas de entrepiso fueron montadas en una estructura reticular celulada en concreto armado.”[1b] Situación que igualmente generó contradictores argumentando riesgos constructivos.

Existe en el imaginario local la conciencia de la incidencia de los principios de los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (CIAM) y de Le Corbusier en la propuesta de diseño del proyecto; para 2008, Marina Stark, quien desde entonces es administradora del CUAN, señalaba que muchos bogotanos que transitaban el sector no sabían “que el Centro Urbano Antonio Nariño es considerado una joya arquitectónica”, porque sus diseños siguen al pie de la letra las teorías del suizo Charles Edouard Jeanneret-Gris (Le Corbusier) considerado el padre de la arquitectura y el urbanismo moderno”[2].  Así mismo agregaba que “tampoco saben que el Centro Urbano Antonio Nariño es una copia exacta del conjunto residencial Tusschendijken, que existió en la década del 50 en Rotterdam, Holanda”.

“Por eso el CUAN se ha convertido en un ejemplo singular en Colombia de desarrollos de vivienda de alta densidad, de gran impacto urbano, que conserva intactos la totalidad de sus valores patrimoniales, en especial su autenticidad para estudios y especialistas se constituye en un claro y quizá mejor ejemplo del urbanismo moderno en Colombia”[3],

La forma o morfología del Bien de Interés Cultural BIC ha sido descrita por historiadores como Silvia Arango, Carlos Niño, Alberto Saldarriaga y por  la resolución de la declaratoria en donde se subraya el repertorio formal esencial del conjunto, gracias a un lenguaje moderno muy definido, donde se identifican claramente elementos típicos como la planta libre en la mayor parte de los edificios, la austeridad en sus fachadas, los volúmenes esbeltos y el manejo de condiciones ambientales como determinantes de diseño, específicamente para la asoleación, la complementación de usos, donde se desarrolla una completa infraestructura de vivienda y de servicios, logrando el ideal de autosostenibilidad.

Al día de hoy, el conjunto mantiene, gracias a sus residentes, sus características estéticas, tanto morfológicas como tipológicas iniciales, hecho que destaca el grado de apropiación de sus residentes y su declaratoria como patrimonio inmueble.

Como herramienta documental vale la pena traer a cuento algunos de los más destacables criterios que la dirección de patrimonio subrayó para someter a consideración del Consejo de Patrimonio Nacional los valores culturales del conjunto: “en donde al concepto de crear nueva ciudad, brindó calidad de vida. Adicionalmente, se da inicio a la venta de propiedad horizontal a gran escala.”[4]

Sin embargo, según uno de sus más antiguos residentes, Hipólito Hincapié “en 1958 no había opción de compra.  Y para arrendar un apartamento, el Instituto de Crédito Territorial (ICT) enviaba funcionarios a las casas de los aspirantes a evaluar si éramos o no dignos de vivir aquí”. Sólo hasta 1960 se les permitió a los arrendatarios adquirir los apartamentos con un esquema financiero e inmobiliario muy estimulante porque a quienes llevaban algún tiempo de vivir en el conjunto se les abonaba el pago de los arriendos anteriores como cuota inicial.

Hoy, en razón del alto grado de apropiación de su hábitat y a las interacciones sociales y culturales que su disposición urbana y calidad de vida propician puede considerarse como una unidad sociocultural comparable, en la construcción de su tejido social, a un barrio tradicional de un Centro Histórico Patrimonial.

En relación con el valor simbólico del CUAN, representa, dentro del imaginario colectivo un ícono de la modernidad, tanto para sus residentes como para los aficionados a la arquitectura, en su condición de referente de una manera innovadora y distinta de disponer, componer, diseñar y construir aún hoy en día, un conjunto habitacional en altura respecto al entorno urbano en el que se implanta: “Para la historia de la arquitectura en Colombia el CUAN representa el ejemplo más significativo del urbanismo moderno, cuyo origen se centra especialmente en Europa a través de los postulados de los CIAM y Le Corbusier, principalmente.”[5]

Por lo tanto, el acta de declaratoria señala de manera concluyente que “para dar cumplimiento al artículo 8 de la Ley 397 de 1997, la Dirección de Patrimonio presentó a consideración del Consejo de Monumentos Nacionales (hoy Consejo Nacional de Patrimonio) el estudio de solicitud de declaratoria como Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional de El Centro Urbano Antonio Nariño, según consta en Acta No. 07 de 15 de diciembre de 2000 y al verificar que posee valores propios de constitución, de autenticidad, de originalidad, formales y estéticos y representatividad histórica y cultural, decidió emitir concepto favorable y recomendar a la señora Ministra de Cultura su declaratoria de acuerdo a la solicitud.”[6]

A manera de reflexión quedan múltiples lecciones sobre las reacciones frente a nuevas intervenciones en un contexto dinámico y cambiante en donde tres hitos urbanos, dos patrimoniales como El CUAN y La Universidad Nacional y otro no patrimonial como Corferias contribuyeron con sus respectivos usos y vitalidad urbana a fomentar la consolidación del desarrollo urbano de este importante sector de la ciudad.

Asimismo y atendiendo el proverbio oriental “solo permanece lo que cambia” es decir, lo que tiene la capacidad de adaptarse a nuevas situaciones históricas, sociales y culturales, cada uno de estos ejemplares se prepara frente al futuro. El CUAN, predominantemente habitacional en su vocación de permanencia, la Universidad Nacional en su compromiso como referente de calidad educativa afronta el reto de atender una mayor demanda cuantitativa de estudiantes, y el recinto ferial en su labor para impulsar el fomento al desarrollo económico con compromiso social.

En la actualidad, luego de colocar en perspectiva las afirmaciones de detractores que en su momento señalaban el proyecto como un atentado a la moral, hoy los vecinos destacan orgullosamente que después de cinco décadas la mayoría de residentes permanecen en el conjunto “y aquí seguiremos porque es el mejor vividero del mundo”.

Parecen haber quedado atrás los argumentos y las prevenciones frente a propuestas nuevas en las cuales existe el compromiso por conservar, adaptar y mantener el patrimonio, así como para generar nuevos íconos urbanos que a futuro se erijan como manifestaciones de nuestra época, para enriquecer el legado patrimonial del presente.

Notas:

 [1a] Fuente: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-4526657

[1b] Resolución Número 0965 de 2001 ‘Por la cual se declara como Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional El Centro Urbano Antonio Nariño, localizado entre la carrera 40, la calle 22F, la carrera 36, la Avenida de las Américas y la Avenida de la Esperanza (diagonal 22B), Zona 13, Localidad de Teusaquillo de Bogotá, D C.”

[2] Fuente: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-4526657

[3] Resolución Número 0965 de 2001 ‘Por la cual se declara como Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional El Centro Urbano Antonio Nariño, localizado entre la carrera 40, la calle 22F, la carrera 36, la Avenida de las Américas y la Avenida de la Esperanza (diagonal 22B), Zona 13, Localidad de Teusaquillo de Bogotá, D C.”

[4] Resolución Número 0965 de 2001 ‘Por la cual se declara como Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional El Centro Urbano Antonio Nariño, localizado entre la carrera 40, la calle 22F, la carrera 36, la Avenida de las Américas y la Avenida de la Esperanza (diagonal 22B), Zona 13, Localidad de Teusaquillo de Bogotá, D C.”

6 Idem

7 Idem